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 J. Enrique Cáceres-Arrieta
El sexo es uno de los temas más controvertidos del que podamos hablar yel talón de Aquiles del 99.99 por ciento de los seres humanos. Para no gustarteel sexo deberás ser eunuco de nacimiento, tener un trauma o ser extraterrestre.El sexo es la energía más explosiva que tenemos dentro. El sexo puede seraliado y servirnos como fiel siervo, o someternos como el peor de los tiranos.Depende cómo lo utilicemos. El sexo es nitroglicerina que bien utilizadabrinda beneficios increíbles, mas si jugamos con ella puede explosionar ycostarnos la vida.
 No recurriré a la mohosa fórmula del gastado y trillado “no” de
moralistas y fanáticos religiosos. No lo haré porque no crea en la abstinenciasexual ni en la moral, sino porque está comprobado que por más que nos
 prohíban más nos desinhiben. Cuanto más dicen “no”, algo adentro responde“sí”. Somos rebeldes por naturaleza y lo prohibido nos atrae más quecualquier cosa, pues “las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en ocultoes sabroso”, escribió Salom
ón.Por consiguiente, en lugar de prohibir veremos algunos beneficios delautocontrol. Analizaremos cómo canalizar y transmutar energías sexuales sintener que andar de coito en coito y de desespero en angustia, quemándonoscual inmueble viejo de madera seca.Es vergonzoso que gobiernos y profesionales de la salud seanapologistas de la inmoralidad y hedonismo. En vez de apelar al autocontrol delos jóvenes exacerban su instinto sexual, yéndose al polo opuesto de quienesabogan por reprimir el deseo. No se trata de suprimir; tampoco de avivar. Creoentender a los que propugnan por alborotar el impulso, porque el caminoancho y espacioso del sexo egoísta es fácil. Es la vía de los mediocres; de losque eluden el compromiso y no exigen lo mejor a la vida, esperando que ellales dé primero para dar, en lugar de dar para recibir. Son del montón
 
tiranizados por el sexo. Desdeñan la excelencia para asirse a lo que seconsigue fácilmente. En teoría saben que lo bueno cuesta, mas lo que menosles interesa es aplicarlo en el sexo.La paga del autocontrol es invaluable. Ese proceso de espera forja elcarácter en el yunque de la paciencia, y sin dolor no hay ganancia. Crecerconlleva dolor, y muchos quieren seguir siendo niños emocionales porqueanhelan triunfo sin sacrificio. Y sin el sexo controlado no hay crecimiento delser ni inteligencia emocional. No es posible cosechar fruto dulce y sano sin
sembrar buena semilla. Vivir “cómodo” en la mediocridad es el vericueto de
los conformistas resignados a lo mismo por no atreverse a cambiar maloshábitos y defectos de carácter, debido a que esa es tarea del corajudo einconforme con la corriente generalizada que
cosifica
, automatiza y animalizaal ser humano.La excelencia es de los disciplinados que obtienen el máximo provechode sí mismos mediante el autocontrol; contrario a la ligereza y superficialidadcon que muchos toman la vida y el sexo. Si quiero ser el mejor atleta y ganarla carrera, tengo que prepararme y ejercer dominio propio absteniéndome deactividades y alimentos inadecuados para estar en condiciones. Si meconformo con ser parte de la mediocridad, seré espectador arrastrado por lacorriente de la marejada que masifica a la sociedad y la ve como un número.Contrario a lo que creen muchos, la historia humana demuestra que elautocontrol -no la autocomplacencia ni el placer egoísta- es la simiente del
 bienestar y prosperidad. Arnold Toynbee revela que “de entre las veintiuna
civilizaciones más notables de la Historia, diecinueve perecieron no por haber
sido conquistadas, sino por la decadencia interior”. Además de la corrupción,
el sexo sin compromiso y la perversión sexual han sido las causalesprimordiales de la caída de imperios y civilizaciones. No hay como el sexodesenfocado para arruinar a los niños, jóvenes, adultos, familias y naciones.¿Entonces de qué hablan los críticos de la abstinencia sexual como elmejor método para detener el flagelo del sida? ¿Será que defienden sudesordenada conducta sexual? Dime qué defiendes con ahínco y te diré quiéneres, o en qué estás involucrado. Hablar de abstinencia es hablar deautocontrol a fin de seguir las viejas reglas morales de destinar el sexo para loque originalmente fue creado: como procreación y disfrute sexual de la parejaunida en matrimonio heterosexual. No hacerlo es buscar quebraderos decabeza, familias rotas y lágrimas de sangre. Pero como casi nadie aprende por
 
cabeza ajena, muchos se romperán la cabeza. Lamento que muchos no vivanpara contarlo. No por culpa del sida, sino -en el mayor de los casos- por suirresponsabilidad y libertinaje, y gracias también a apologistas del sexo sincompromiso.Claro que la abstinencia es falible. El condón también lo es. Pero laabstinencia sexual demanda de tu capacidad de autocontrol a fin de que seasoriginal (no una sombra y eco de una sociedad que glorifica no la vida sexual,que es parte de tu ser, sino que rinde culto al acto sexual en el cual eres simplemáquina de hacer sexo) y seas también tú quien decida, no los que tepresionan para que optes por lo que ellos creen y practican. Lo irónico es quela mayoría de los que defienden el libertinaje y alardean del sexo son malos enla cama según se desprende de informes y estudios serios de conducta sexualrealizados por mujeres. Una vez una fémina me confesó que los hombres con
los que había estado “solo hacían sexo”. No sabían qué es hacer el amor. Los
animales hacen sexo. Los humanos tenemos la bendición de aprender y hacerel amor.Quien asegure que es fácil sobrellevar los ímpetus explosivos del sexo nose conoce a sí mismo, tiene el inusual don continencia o mientedeliberadamente. (Sexo no es solo penetración. Es todo lo que encierraexcitación de genitales y zonas erógenas, haya o no descarga) No es sencillo
decir “no”, o “esperemos” cuando pareciera que existe un camino y un atajo porque “todo el mundo lo hace”, o la libido se comporta cual bestia
desbocada, o la mujer de mis fantasías coquetea y me invita a realizarlas.Cuesta ejercer dominio propio, hacer lo correcto y desatender una situaciónsexual ofrecida en bandeja de plata. Poner límites es dificultoso pues a vecesredunda en hacer el papelón y ser visto como bicho raro. Pero mejor es gatovivo que león muerto.Moralidad y abstinencia son palabras repulsivas para no pocos, mas sianalizamos los beneficios y frutos que brindan, nos percatamos que vale lapena el autocontrol y ser moral, sin caer en extremos. Como el atleta del quehablamos, si la meta es ser un excelente profesional, debo aguijonearme yredimir el tiempo, practicar hasta lograr la excelencia, comer libros y viviractualizado para ser cada día un poco mejor. El éxito que abarca el ser integralno tiene caminillos, como sesgos no existen en el dominio propio. Si no estoydispuesto a costear el precio, quedaré rezagado y desapareceré entremediocridades.
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