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sigla "revolucionaria" y ejecutar cierto número de atentados, bien difundidos por la prensa, alos que se asignará hábilmente un pequeño grupo de militantes ingenuos, a los que dirigirá conla máxima desenvoltura.En el caso de un grupúsculo terrorista aparecido espontáneamente, no hay nada más fácil,para los servicios secretos del estado, que infiltrarse en él, gracias a los medios de quedisponen y a la extrema libertad de maniobra de la que disfrutan, destacarse entre la cúspideinicial, y sustituirles, ayudados sea por detenciones selectivas realizadas en el momentoadecuado, o por la ejecución de los jefes originales, lo que ocurre en general en unenfrentamiento armado con las "fuerzas del orden", avisadas oportunamente por suselementos infiltrados.Desde entonces, los servicios paralelos del Estado disponen a su antojo de un organismoperfectamente eficaz, formado por militantes ingenuos o fanáticos, que no pide nada más queser dirigido. El grupúsculo terrorista de origen, nacido de los espejismos de sus militantessobre las posibilidades de concebir una ofensiva estratégica eficaz, cambia de estrategas y seconvierte en un apéndice
defensivo
del Estado, que lo manipula con agilidad y desenvoltura,según las necesidades del momento, o según lo que él
cree
que son sus necesidades.Desde piazza Fontana hasta el secuestro de Aldo Moro, sólo han cambiado los objetivoscontingentes que el terrorismo defensivo ha alcanzado, pero lo que en la defensiva,
no puedecambiar nunca
, es la
meta
. Y la meta desde el 12 de diciembre de 1969 al 16 de marzo de1978 y todavía hoy, sigue siendo la misma, es decir, hacer creer a toda la población, desdeentonces intolerante o en lucha contra el Estado, que tiene
al menos un enemigo en común
con él, enemigo contra el que el Estado la protege, a condición de no ser cuestionado por nadie. La población que es generalmente hostil al terrorismo, y no sin razón, debe puesreconocer que,
al menos en esto necesita
al estado, en el que en consecuencia debe delegar los más amplios poderes, con el fin de que pueda afrontar con energía la ardua tarea queconstituye la defensa común contra un enemigo oscuro, misterioso, pérfido, despiadado y, enuna palabra, quimérico. Frente a un terrorismo presentado siempre como el
mal absoluto
, elmal en sí y para sí, todos los males, mucho más reales, pasan a segundo plano, y sobre tododeben ser olvidados: ya que la lucha contra el terrorismo coincide con el
interés común
, es yael
bien general
, y el estado que la lleva generosamente es el bien en sí y para sí. Sin la maldaddel diablo, la infinita bondad de Dios no podría aparecer y ser apreciada como se debe.El Estado, por una parte debilitado en extremo por los ataques del proletariado que al igual quesu economía soporta diariamente desde hace diez años, y de otra parte, por la incapacidad desus gestores, puede disimular igual de bien ambas cosas, encargándose de escenificar
solemnemente
el espectáculo de la sacrosanta defensa común contra el monstruo terrorista, ypuede en nombre de esa piadosa misión, exigir de todos una porción suplementaria de suexigua libertad, que reforzará el control policial sobre toda la población. "Estamos en guerra", yen guerra contra un enemigo tan potente que cualquier otra discordia y cualquier otro conflictoserían actos de sabotaje y de deserción: no se tiene el derecho de ir a la huelga general másque para protestar contra el terrorismo. El terrorismo y "el estado de urgencia" permanentes,un estado de urgencia y de "vigilancia", he aquí los únicos problemas, o al menos los únicos alos que está permitido e incluso vivamente recomendado consagrarse. Todo lo demás noexiste, y debe ser olvidado, por lo menos debe ser callado, guardado, reprimido en elinconsciente social, ante la gravedad de la cuestión del "orden público". Y, ante la obligaciónuniversal de defenderlo, todos están invitados a la delación, a la cobardía, al miedo: lacobardía se convierte, por primera vez en la historia, en una cualidad sublime, el miedo estásiempre justificado, el único "valor" no despreciable es el valor de aprobar y sostener todas lasmentiras, todos los abusos y todas las infamias del Estado. Como la crisis actual no exceptúaa ningún país del planeta, la paz, la guerra, la libertad y la verdad no tienen ya ninguna fronterageográfica: su frontera atraviesa igualmente a todos los países, y todos los Estados se arma ydeclaran la guerra a la verdad.
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