massmediáticas. “Mierda, –dijo en voz alta- a mí qué me importa el número atribuible aéste mi momento”. La interjección para nadie, pues Tiago no estaba en los alrededores, letranquilizó. Se encaminó al refrigerador. Se sirvió un vodka, exprimió medio limón viendocomo los gajos se extendían sobre el hielo y se dijo que había escrito una palabra cítrica.¿Comenzaba? A mí me consta que Leonardo no comenzaba ni nada a su alrededor comenzaba. Puedo asegurar que su memoria estaba colmada y, en consecuencia, se habíadetenido. Jugaba con la servilleta empapada que rodeaba su vaso de vodka, mientras lasgotas de la condensación caían parsimoniosas sobre sus piernas velludas. Se rascó la barbacon saña, como si pretendiese desprender la caspa y las bolillas de comida y podríaaventurarme a asegurar que debajo del pelambre su piel estaba inusitadamente roja, como sise hubiese empeñado en trazar pequeñas veredas sobre el mapa de la piel.Puedo estar de acuerdo con usted en que la decisión sobre los cuadros fue arbitraria, sóloque yo entiendo tal arbitrariedad como un derecho natural. Es más, en su momento discutíla lista con él, lo confieso. Incluso acepto que lo influencié. Él y yo nos parecemos, quéquiere que le haga. No tuvimos, por ejemplo, ninguna discusión sobre Picasso y Matisse. Siél se decidió por el “Desnudo gris” es porque ambos tenemos preferencia por la manera enque el último manejó el desnudo femenino y ese cuadro en particular se lo señalé y élestuvo de acuerdo, decisión en la que tuvo ingerencia la ciudad y el museo donde el cuadroreposa. Leonardo y yo nos parecemos. ¿Comenzaba? No sé cuanto tiempo permaneció en elsofá, sólo que aquella pertenencia a sí mismo es importante en esta historia. Allí estuvo unrato largo, levantándose sólo para servirse de la botella de vodka. Durante aquel lapso sólo pronunció improperios. “Este país está hecho una mierda”, para muestra, manifestando asísu desarraigo total, su desvinculación afectiva indiscutible con un país donde ni siquierahabía ya autores, como bien lo sentenció, para otro tiempo, el Cardenal Boronius. Leonardoy yo nos parecemos. No, no comenzaba nada, ni siglo ni milenio. El mundo habíaterminado en algún punto indefinido. Precisarlo era una absoluta sandez, especialmente para Leonardo, conocedor como el que más de las necedades humanas. En alguna ocasiónme había dicho de la estupidez científica de atribuirle al big bang el inicio, cuando enrealidad había sido el fin. No necesité interrogarlo, pues de inmediato me explicó que talhipótesis, reducida a lo onopatopéyico, era el fin, pues había terminado la concentración delo único. Si bien era un científico notable nadie puede negar que filosofaba por igual enaquellos estoraques que dejaba filtrar en su computadora con precisión lingüísticaenvidiable. Había desarrollado una tesis sobre la relatividad y la cuántica y se obstinaba enguardarla. Sentía un gran desprecio por la prensa y por las revistas. Por las científicas y lasliterarias, sin distingo. Que ya no había periodistas, argumentaba, que los editores sólo sededicaban a publicar autorcillos detestables que escribían con un siglo de retardo, repetía.Yo me parezco mucho a Leonardo. ¿Comenzaba? La mediocridad, la oscuridad y lainclinación a esperpentizar no eran agobio exclusivo para este hombre en este momento.Mucho otros habían experimentado tales sentimientos, si la palabra es correcta, ante lasdebacles de la inteligencia, sólo que luego se habían producido auténticos renacimientos.Ahora no, ahora la ciencia nos llevaba hacia la dejadez de lo humano. La evolución habíaterminado y el cambio hacia el defecto era patético. ¿Comenzaba? No le hacía gracia ser recordado por máquinas con brazos y mucho menos con hígados mecánicos. Para él loshígados se destruían a fuerza de vodka y bajo decisión soberana. Jamás estuve endesacuerdo. Creo que estaba cansado de dar aportes, de descubrir, de inventar. No obstante,su amor por la palabra se mantenía, no para el propósito de comunicar, sino para el deinternarse. “Los terceros son muy desagradables”, decía con frecuencia y nunca me di por 3
Add a Comment