2
¿Y qué con eso? ¿Qué tiene que ver con la televisión basura? Pues,se me ocurrió que si estos “cantantes” de cuarta no pueden producirsonidos harmoniosos y atractivos por su propia voluntad, talvez conun poco de ayuda, podrían ser los intérpretes de algo más sublime yoriginal, de una especie de sinfonía de la carne, o dicho en términosgenéricos, carnicería sinfónica.Ahora, en la vida real no suelo ser un asesino ni andar por la calleapuñalando con mi imaginación a cada Bambi que se me cruce, peroel poder de seducción de una idea original tiene la facilidad deliberarnos de todos nuestros límites y a la vez, de despertar todanuestra inteligencia y astucia para llevar dicha idea a la práctica.Pues, creo que eso fue lo que me pasó desde aquel día en lacarnicería, me dejé seducir por esa simple idea de ser el compository director de una música sublime, sin duda mucho más original yvaliosa que toda esa mierda de masa sónica abstracta que escupencelebridades infladas como Brian Eno. Lo mío tendría sentido,esencia, sustancia, sentimiento, y una vez publicado en Internetrápidamente se convertiría en uno de los mp3s esenciales para eliPod de toda dama perversa y el iPhone de todo caballero que sepadisfrutar de sus más primitivos y ocultos instintos.Como soy un hombre derecho (aunque seguramente no del todohecho) y no me interesa andar tocando a otros hombres ni con lapunta de un alfiler, la elección del intérprete para mi obra se hizomás fácil, ya que la gala final de cantando por un sueño de este añose la disputan (si vale verbo tan pertinente) un trolo cola de algodónllamado Gastón Trezeguet y la súper diosa discretamente siliconadaMiriam Ponella. ¡Hay dios, qué mejor! Aunque al principio mecagué un poco al comprobar que la señorita en persona me llevavarios hombros de altura y tiene casi mi misma masa muscular, queno es mucha. ¿Podría reducirla en tiempo y forma antes de que melastimara y contaminara la escena con evidencia incriminatoria que
Leave a Comment