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Pickenhayn, Jorge A.Fundamentos teóricos de la geografía de la salud.
Un origen con perfiles asistemáticos.
El problema de la salud y sus connotaciones espaciales ocupó prácticamente a todos losgeógrafos de la nutrida historia que esta ciencia, de larga trayectoria, viene registrandodesde la Antigüedad, y va más allá aún. Las referencias a este vínculo, aparecen en casitodos los tratados de historia de la medicina. Así, Sarton, alude a las evidencias en laPrehistoria, respecto de una preocupación por la distribución de enfermedades así comola localización de la materia prima de las medicinas, de procedencia natural. Entre losprimeros geógrafos prácticos pueden contarse los que se ocupaban del arte de curar enel contexto de una
medicina prehistórica que puede comprenderse por comparacióncon la práctica semiempírica, semimágica
[...]
de los
 
shamanes
” [SARTON, G., 1965:11]El
shamán
, un personaje limítrofe entre el hechizo, el poder y la sabiduría, una figuratemida y respetada a causa de sus facultades ocultas, es aún hoy, en nuestra época, unsigno de la indisoluble asociación entre salud y ambiente. Estudios antropológicosrealizados para el Gran Chaco, inspirados en la obra de un gran investigador argentino[PAGÉS LARRAYA, F., 1976-80 y 1982] permiten proyectar al hombre primitivo –entodo tiempo y todo lugar– sobre dos marcos espaciales: el estrictamente natural, el de latierra propia y cotidiana, y el onírico, donde “
el alma del shamán viaja por el cosmos yadquiere el conocimiento de los numeroso ‘mundos’ que lo integran
” [TOMASINI, A.,1997: 59-72]Para captar cómo se inscribe el misterio de la salud en el marco de las fuerzas delterritorio –entendido contextualmente como hábitat– el mejor ejemplo puede hallarse enla cultura indoamericana. La siguiente conclusión surgió de su estudio:
Fuerzas naturales dominaban al mundo y, poco a poco, los hombres fueron personalizando esas fuerzas. Todoslos fenómenos naturales constituían, de alguna manera, la manifestación de su presencia; el viento, los truenos yel rayo eran la voz de los espíritus irritados que había que aplacar. [...] La presencia de los malos espíritus paraexplicar la causa de las enfermedades configuró la medicina y caracterizó al médico. De la misma manera comose responsabilizaba a fuerzas naturales el origen de las enfermedades, también se atribuía a ellas lacuración
.”[SEGGIARO, L., 1969, 9 y 11]
Es en este primer plexo cultural en que fundamos la razón esencial, esa
episteme
quecontextualiza a la geografía médica en el espectro de las ciencias del hombre.Aclaramos que la etimología no sólo remite la palabra
episteme
a un conocimientocierto, seguro, inmutable. También lo proyecta hacia el campo crítico y, para ello,
vincula a un conocimiento con su origen, naturaleza y límites
” [GOOD, C., 1959: 203]También buscando el conocimiento en sus orígenes, nos encontramos con otro núcleoepistemológico que resulta fundamental en la construcción de la geografía médica comoun campo fundamental del saber. Es el que asocia las epidemias –y consecuentemente alas pandemias– con los aspectos espaciales de su manifestación y efectos. Estaproblemática involucra globalmente a la población (del griego,
epi
= por arriba, y
demos
 
 
= pueblo) y por sus efectos diezmantes ha sido históricamente motivo de terror, al puntode ser considerada una de las tres
 parcas
de la civilización, junto con el hambre y laguerra. [SAUVY, A., 1961]
 Así, los pueblos tienen sus enfermedades y las enfermedades están influidas por las civilizaciones. Se puedehablar de ‘parajes patológicos’: a las enfermedades rítmicas, conocidas por Hipócrates, sucedieron las grandes pandemias medievales
.” [HARANT, H., 1971: 7]
Una de las principales motivaciones de los estudios de localización en epidemiologíafueron los efectos colectivos de males como la viruela, ya considerada por Humboldt laprincipal causa de exterminio en muchas regiones americanas como la costa de Brasil[HUMBOLDT, A., 1814/25]. Es precisamente en estas costas donde Staden refiereentre 1562 y 1563 una peste tan devastadora y rápida que se adelantaba espacialmente ala llegada de los españoles, sus portadores, no dejando en las aldeas “
ni siquiera alguienque pudiera ir a la fuente a buscar una cubeta de agua
” [STADEN, H. en CROSBY,A., 1991: 45]Otro móvil que sería importante tomar en cuenta, tiene una referencia más actual y seasocia con la ecología. Es el problema del hábitat y el nicho de los agentes patógenos(dicho en términos más sencillos, el lugar donde se desarrolla su vida y la particularidadfuncional con que abordan ese lugar; respectivamente: la “
dirección
” y la “
 profesión
de los agentes generadores de enfermedades) [PICKENHAYN, J. A., 1982: 16]. Lainspiración remota de este campo, sin embargo, puede buscarse muy atrás, aún en losclásicos griegos. Parménides, Aristóteles y Posidonio, ya se preocupaban por losefectos perniciosos del clima en las fajas extremas del planeta, generando paraexplicarlos, las primeras regionalizaciones que esbozó la geografía. A este debate sesumará, con sentido crítico, Estrabón, años más tarde, opinando, en base al criterio desus antecesores, acerca de la inhabitabilidad de los ambientes tórridos [ESTRABÓN,Siglo I d.C.: II.2]Relaciones entre la medicina y la geografía permitieron generar las primerasaproximaciones a conocimientos clave como el de la existencia de microorganismospatógenos. Si bien las referencias más remotas pueden encontrarse en escritosbabilonios y hebreos, involucrados en el dictado de fórmulas de higiene ambiental,pueden verse aún con más claridad en la etapa de transición entre las culturas helénica ylatina. Un médico, discípulo de Catón, refleja su concepto acerca del contagio y susconnotaciones ambientales en la siguiente instrucción para la instalación de unestablecimiento rural:
 Debe tenerse especial cuidado, al elegir el lugar, en situarlo al pie de una colina boscosa, donde existan amplias praderas y la orientación lo exponga a los más saludables vientos que soplen en la región. Una ubicación con frente al este es la mejor, pues goza de sobra en verano y de sol en invierno. Si estás obligado a construir en laorilla de un río, cuídate de no situarte frente a él, pues será extremadamente frío en invierno y malsano en verano.También deben adoptarse precauciones en la vecindad de los pantanos, ya por las razones dadas, ya porque allí se crían ciertos pequeños animales invisibles para los ojos, pero que flotan en el aire y entran en el cuerpo, através de la boca y de la nariz, y provocan serias molestias
.” [VARRÓN, Siglo I a.C.: I, 12]
Inspirada en interpretaciones de textos antiguos y medievales, el enigma del hábitat ynicho de los agentes patógenos dio lugar a la teoría miásmica, muy en boga en losSiglos XVII y XVIII. Médicos como Lancisi (1654-1720) atribuyeron las enfermedadesinfecciosas a efluvios volátiles destilados por las aguas putrefactas de los pantanos ydiseminados por el viento. Más allá de la falta de precisión en la consideración de losmiasmas, esta teoría movilizó toda una corriente de asociación entre ambas ciencias quedesembocó en estudios particulares de gran valor. Tal es el caso de las “
topografías
 
médicas
”, estudios pormenorizados según localizaciones específicas. Sólo para España,se han contado casi 250 informes de topografía médica realizados en el Siglo XIX yprimer tercio del XX. [URTEAGA, L., 1980]Sintetizando: Tres grandes móviles conformaron el planteo epistemológico clásico de lageografía médica: sanación, peste y miasmas. Los tres factores coinciden en el enfoquede las enfermedades como problema y no el de la salud como propósito de superacióncultural.Es en este marco conceptual, (que da prioridad a la enfermedad como problema) dondese acuñó el término geografía médica, con el que se manejaron los pioneros de ladisciplina, como Jean Brunhes, tardíamente avisado de la necesidad de incorporar estetópico en su “
Geografía Humana
” y Maximilien Sorre.Acerca de la valoración del término, en función de lo expuesto, resulta de interésobservar lo que escribía el primero de ellos en el comienzo de la década del ’30, pocoantes de morir:
“¿Existe una geografía médica? Debiera decirse, con más exactitud, que hay una geografía de las enfermedades. Los descubrimientos del último cuarto de siglo lo han demostrado claramente. ¿Por qué? Porque hayindudablemente una geografía de los roedores, de los insectos o de los acáridos que trasmiten el paludismo, la fiebre amarilla, el tifus, la peste y todas las tripanosis. La conexión entre el cuadro natural y el hombre seestablece por intermedio de otros seres vivientes que es preciso estudiar primeramente”.
[BRUNHES, J.,1930/1948: 253]
La gran aplicación de la geografía a las enfermedades fue realizada por MaximilienSorre al presentar su teoría referida a los complejos patógenos. Por esta contribución –sin duda, no fue el primero pero sí el más importante– puede atribuírsele la paternidadde la geografía médica clásica, orientada básicamente hacia el estudio de los malessusceptibles de contagio.
“Los complejos patógenos humanos –
decía
 –
 
no son casos aislados en esa inmensa serie de complejos biológicosque ronda en torno de cada ser vivo. Es tras esta idea que nosotros proponemos fundar el más amplio capítulo dela geografía médica en el estudios de las enfermedades infecciosas. Sin éste, no será otra cosa que un listado dehechos desprovistos de relación, sin estatura científica.”
[SORRE, M., 1947: 331]
El giro
geografía médica
tomó estado académico, y se hizo preciso definir el perfil quelos contenidos crecientes iban delineando espontáneamente. El desarrollo de estoselementos axiomáticos, como una forma de interpretación de los científicos, representóun doble desafío.En primer término se requirió una construcción teórica capaz de jerarquizar saberesinspirados en la intuición de los hombres que, para colmo, los habían usado desdetiempos remotos –y los siguen usando todavía– como llave de influencias e instrumentode poder. Esa construcción teórica fue puliendo y a veces convalidando, facetas delsaber vulgar linderas con un mundo mágico, de forma similar a lo que ocurrió con lainspiración astrológica de la cosmografía.El segundo desafío consistió en sentar bases epistemológicas a partir de la pura praxis.Para ello, el tiempo jugó a favor de la geografía médica. Resultado de la intersección dedos campos disciplinares comprometidos con la acción cotidiana –el de los geógrafos yel de los médicos– la geografía médica no tuvo más que sistematizar la interminablesucesión de trabajos prácticos que fueron jalonando esta historia común, para obtener
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