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CAMBIOS DE TIEMPO
R
Alfonso Urabain Remírez
 
ealicemos durante un momento un ejercicio deimaginación: éste no tiene que ser muy grande, al fin yal cabo, año nuevo queda ya muy atrás por lo que noestamos obligados a formular buenos propósitos a losque nos comprometemos en el año entrante aunquesepamos a ciencia cierta que no los vamos a cumplir.Así que nos basta con una pequeña dosis deimaginación, ésta debe conducirnos hasta una épocapasada; tampoco tiene que ser muy remota del tiempoen el que vivimos, no tenemos que remontarnos hastaun pasado lejano, nos sirve con trasladarnosmentalmente a principios del siglo XIX.Para los que sufran de vértigo se les puede prescribirque se sitúen en las décadas finales de esa centuria oen el primer lustro de nuestro nunca olvidado, aunqueya transcurrido, siglo XX.Nuestra ocupación en esa no tan lejana épocaen años, aunque si en acontecimientos, costumbres yevolución tecnológica, consistirá en lo siguiente:seremos un flamante explorador, uno normal y corrientede andar por casa, lo que se conoce como unexplorador de cabecera, alguien a quien pudiéramosdejar en nuestra mesita de noche. No necesitamosconvertirnos en un gran descubridor, en uno de los queprotagonizaron los grandes descubrimientos geográficos, ni tan siquiera debemosparticipar de inmensas odiseas cuyo punto final sea el taparse por error con algúncontinente desconocido hasta la fecha, el cual origine un cambio en la concepciónde la que es el mundo conocido, descubriendo nuevas tierras a las que en nuestrotiempo presente podemos viajar por menos de seiscientos euros, y encima teregalan un viaje a Londres. Nosotros nos conformaremos con descubrir alguna,que otra catarata, encontrar nacimiento de un gran río, explorar selvas vírgenespara el ser humano, en definitiva cosas de lo más cotidiano y normal sindemasiadas pretensiones. Objetivos al alcance de cualquiera que posea un pocode imaginación; pero, eso sí con todo el aliciente y la ración de aventura yromanticismo que nos evoca el oficio de explorador durante ese espacio temporal.Otro factor determinante a tener en cuenta es la vestimenta. Hay quedisponer de un salacot, un bastón y un par de buenas botas; todo estocomplementará nuestro uniforme al estilo del de Stanley y livingstone, o nuestromás cercano Manuel Iradier.Una ver equipados pasaremos al siguiente punto: Nuestra misión. Paracumplimentarla, dispondremos de una posibilidad de elección de la que ellos nogozaron, ya que nosotros no somos unos exploradores cualquiera. Elegiremosentre dos opciones: la primera de ellas consiste en embriagarnos con la adrenalinaque debíasuponer comenzar un viaje hacia lo desconocido, embarcarse en una aventura quese podía desarrollar durante varios años, una odisea en la cual tendríamos que
 
luchar contra todo tipo de penalidades, sufrimientos, enfermedades,hambre e incluso deberíamos enfrentarnos en alguna ocasión a lapropia muerte, la cual desafiante nos miraría fijamente a los ojos.La segunda posibilidad para elegir es la opción pragmática:consiste en construir una máquina del tiempo en el siglo XIX, aimitación de la de H.G. Wells. Con ella no nos dedicaríamos abuscar paraísos en un utópico futuro que nos convirtiese en resescon Label tipo Elois, libres de hormonas, bien cebados, para poderservir de alimento a siniestros seres que habitan en cuevas evitandola luz solar. No..., no haríamos eso, de algo tiene que servir conocerla historia, no hay que tropezar dos veces en la misma piedra. Connuestra espléndida recién construida, cromada y relucientemáquina del tiempo viajaríamos hasta nuestra época presente. Es cierto que nosllevaría mucho tiempo fabricarla, aunque su montaje no sería más laborioso que elun mueble de Ikea. Además, una vez realizada, dispondríamos de muchasventajas, muy ciertas y tangibles. Para empezar ganaríamos una fortuna con lapatente, pudiéndonos dedicar durante unas cuantas reencarnaciones a viajar connuestra hermosa máquina. De todas formas, éste no era el fin que buscábamoscon su construcción, nosotros somos unos exploradores filantrópicos del siglo XIX.No nos mueve el dinero sino el ansia deconocer. Nuestra máquina del tiempo nostrasladaría hasta el recién iniciado año 2009,preferiblemente durante tiempo de carnaval,así conseguiríamos que nuestra vestimentapasara inadvertida y nadie nos tomase porlocos.Estamos acostumbrados a vivirrodeados de comodidades, por este motivo nosatraen los atajos. Desde nuestra era sería muysencillo explorar nuestro mundo, en el cual residimos de alquiler. Podríamos viajarpor todo el planeta con grandes facilidades, de forma rápida, económica y sinpeligros aparentes. Verdaderamente, los grandes exploradores nacieron antes detiempo, equivocaron su época. Si hubieran nacido hoy su ingenio les hubiesepermitido construir una máquina del tiempo igualita a la que nosotros hemosfabricado con ayuda de nuestra imaginación, hubieran podido trasladarse hastanuestro presente, hubieran podido descubrir cualquier rincón de la tierra, sin tenerque soportar a los molestos mosquitos, ni las enfermedades que transmiten éstos;no hubiesen padecido hambre ni hubieran conocido la muerte como les ocurrió aalgunos. Hubieran podido llevar a cabo sus exploraciones por poco dinero y sinponer en peligro su vida, aunque este punto no es del todo cierto; para llevar acabo su empresa, hubiesen tenido que embarcarse en un avión perteneciente auna aerolínea de bajo coste en la cual sufriría todo tipo de estrecheces, teniendoque confiar su suerte a que nos dicen la verdad .-Solamente reducimos gastos encuestiones superfluas, nunca en seguridad- También sería conveniente, antes desubir al avión, que el viajero tomara un pequeño curso,para saber conversar con los demás viajeros; con lalección uno podría servir.- Se viaja igual de bien queen las aerolíneas convencionales, un poco apretado,pero para qué pagar más- Así, que, subirse a uno deestos aviones sería el único riesgo que deberíanasumir nuestros entrañables exploradores del sigloXIX. Antes de desplazarse al aeropuerto esos viajeros
 
decimonónicos, podrían darse una vuelta por cualquiera de nuestras ciudades,cada vez más cosmopolitas, incluida la nuestra. Observar el crisol de culturas ygentes sorprendiéndose de encontrar personas de todos los continentes, conreligiones distintas, costumbres diferentes y razas diversas.Para comenzar a educar' su paladar con los sabores que se iban aencontrar en los destinos que les esperaban, podrían almorzar un “kebab” o cenaren un restaurante chino; incluso hubiera podido celebrar el año nuevo de esepueblo y desear un feliz año del búfalo.Comenzaría a escuchar distintas lenguas a la suya, diferentes acentos. Estas sonalgunas ventajas de la globalización, todos podemos o compartir una mismaciudad respetando nuestra diversidad, vivir juntos en nuestra diferencia,disfrutando de mantener las variadas costumbres que poseemos, las cuales debenservir para unirnos nunca para separarnos.Ya en el aeropuerto, si demostraban valentía para elevarse en ese vuelo de bajocoste, como contraprestación podrían disfrutar, tras unas pocas horas y sin ningúnsacrificio, de lugares exóticos, podrían descubrir parajes fantásticos y conocergente muy interesante.Como todo no puede ser de color de rosa, también se toparían con una parte muynegativa de la globalización. En cualquier destino en el que aterrizasen, pensaríanque están viviendo un “deja” vue", Todos los aeropuertos son idénticos, comogemelos a los que no se puede distinguir, como dos gotas de agua; ni el ojo másexperto los puede diferenciar. Lo mismo les ocurriría cuando se alojasen en unhotel, pertenecientes a las mismas cadenas, las cuales pueblan con susestablecimientos los cinco continentes: cosas de la mundialización. Paraaprovisionarse de víveres, con objeto de iniciar su exploración del lugar elegido,tendrían que acudir a alguna gran superficie con implantación a nivel internacional,y aprovechar sus ofertas. No es conveniente quedase sin fondos demasiadopronto, mejor protagonizar una aventura de bajo coste.Tras unos cuantos viajes, tal vez su reflexión fuese que el mundo se estáigualando, pero desde un punto de vista negativo. Los crecimientos lo hacen deforma paralela, los ricos cada vez lo son más y los menos favorecidos tambiénaumentan, las desigualdades sociales se agrandan. Las culturas diferenciadascomienzan a desaparecer, los idiomas se extinguen, el inglés coloniza y subyugaal resto de las lenguas.Nuestro querido explorador atemporal hubiese comenzado a sentirsedecepcionado, le albergaría un sentimiento de nostalgia añoranza de su tiempo.Echaría de menos el poder disfrutar de la emoción que provoca el descubrimientode lo desconocido. No podría apagar su sed de aventura, estos viajes, seconvertirían en un sinsentido, carentes del riesgo que les atraía el llevarlos a cabo.Estoy convencido de ellos se subirían de nuevo a su máquina del tiempo,retornarían a su época, desguazarían el ingenio y Io reciclarían en algo útil, comouna cafetera. Finalmente, se embarcarían en una auténtica misión de exploraciónde las de antaño. Eso harían ellos, pero nosotros... ¿ Qué haríamos?.
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