luchar contra todo tipo de penalidades, sufrimientos, enfermedades,hambre e incluso deberíamos enfrentarnos en alguna ocasión a lapropia muerte, la cual desafiante nos miraría fijamente a los ojos.La segunda posibilidad para elegir es la opción pragmática:consiste en construir una máquina del tiempo en el siglo XIX, aimitación de la de H.G. Wells. Con ella no nos dedicaríamos abuscar paraísos en un utópico futuro que nos convirtiese en resescon Label tipo Elois, libres de hormonas, bien cebados, para poderservir de alimento a siniestros seres que habitan en cuevas evitandola luz solar. No..., no haríamos eso, de algo tiene que servir conocerla historia, no hay que tropezar dos veces en la misma piedra. Connuestra espléndida recién construida, cromada y relucientemáquina del tiempo viajaríamos hasta nuestra época presente. Es cierto que nosllevaría mucho tiempo fabricarla, aunque su montaje no sería más laborioso que elun mueble de Ikea. Además, una vez realizada, dispondríamos de muchasventajas, muy ciertas y tangibles. Para empezar ganaríamos una fortuna con lapatente, pudiéndonos dedicar durante unas cuantas reencarnaciones a viajar connuestra hermosa máquina. De todas formas, éste no era el fin que buscábamoscon su construcción, nosotros somos unos exploradores filantrópicos del siglo XIX.No nos mueve el dinero sino el ansia deconocer. Nuestra máquina del tiempo nostrasladaría hasta el recién iniciado año 2009,preferiblemente durante tiempo de carnaval,así conseguiríamos que nuestra vestimentapasara inadvertida y nadie nos tomase porlocos.Estamos acostumbrados a vivirrodeados de comodidades, por este motivo nosatraen los atajos. Desde nuestra era sería muysencillo explorar nuestro mundo, en el cual residimos de alquiler. Podríamos viajarpor todo el planeta con grandes facilidades, de forma rápida, económica y sinpeligros aparentes. Verdaderamente, los grandes exploradores nacieron antes detiempo, equivocaron su época. Si hubieran nacido hoy su ingenio les hubiesepermitido construir una máquina del tiempo igualita a la que nosotros hemosfabricado con ayuda de nuestra imaginación, hubieran podido trasladarse hastanuestro presente, hubieran podido descubrir cualquier rincón de la tierra, sin tenerque soportar a los molestos mosquitos, ni las enfermedades que transmiten éstos;no hubiesen padecido hambre ni hubieran conocido la muerte como les ocurrió aalgunos. Hubieran podido llevar a cabo sus exploraciones por poco dinero y sinponer en peligro su vida, aunque este punto no es del todo cierto; para llevar acabo su empresa, hubiesen tenido que embarcarse en un avión perteneciente auna aerolínea de bajo coste en la cual sufriría todo tipo de estrecheces, teniendoque confiar su suerte a que nos dicen la verdad .-Solamente reducimos gastos encuestiones superfluas, nunca en seguridad- También sería conveniente, antes desubir al avión, que el viajero tomara un pequeño curso,para saber conversar con los demás viajeros; con lalección uno podría servir.- Se viaja igual de bien queen las aerolíneas convencionales, un poco apretado,pero para qué pagar más- Así, que, subirse a uno deestos aviones sería el único riesgo que deberíanasumir nuestros entrañables exploradores del sigloXIX. Antes de desplazarse al aeropuerto esos viajeros
Leave a Comment