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07/22/2014

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MATTHIAS VOLKENANDT
 
FE Y DOLOR 
 
 No hay cuestión más inquietante que la existencia del dolor y la actitud religiosa del que sufre. Precisamente la fe en un Dios bueno lleva al mayor desconcierto: ¿dóndeestá Dios? ¿dónde se esconde su bondad y omnipotencia? En un intento de entender lasvarias formas del dolor, el artículo comienza por presentar las respuestas dadas por la predicación cristiana, verdadero reto a la teología, para bosquejar luego una doctrinacristiana del dolor. Menschliches Luid und die Frage nach Gott 
, Stimmen der Zeit, 207 (1989) 407-418
EL DOLOR HUMANO Y LA PREDICACIÓN
 Son muchos los escritos que hablan del dolor como de una muestra de predileccióndivina, de "la bendición de la enfermedad, con la que Dios intenta atraernos a sucorazón"; del "dolor que, bien considerado, es una prueba de la amistad amorosa deCristo" y medio de purificación. En 1972, Joaquín Brenning y Roswitha Brocksemprendieron la valoración de unos 70 folletos, que podríamos denominar Guía deenfermos. En ellos se expresa continuamente el convencimiento de que "el dolor vienede la mano de Dios, ¡qué bendición tan inefable es!". "¿No experimenta Vd. precisamente en el dolor, cómo Dios está á su lado?": Igual que el bisturí del cirujano, elsufrimiento se convierte en cuchillo purificador, gracias al cual el hombre experimentaun proceso de limpieza. Los consejos para saber comportarse en el dolor, empiezan por su humilde aceptación: "¡qué sabio es el que se encuentra a gusto en la cama deenfermo! ". Una y otra vez se remite a la cruz de Cristo, poniendo como ideal laaceptación voluntaria de cualquier dolor, a ejemplo suyo: "un cristiano de veras toma lacruz con ambos brazos!".Y en clara contradicción con la idea de bendición de Dios, se le presenta asimismocomo castigo divino por los pecados cometidos. Hoy en día estas expresiones apenas sise oyen, pero no cabe ignorar su enorme influjo en la conciencia cristiana; muchos se preguntan aún: ¿cómo he merecido esto? Los Doce preguntaron acerca del ciego denacimiento: "¿quién ha pecado?. ¿éste o sus padres?" (Jn 9;2). Pocas preguntas contestóJesús con tal contundencia. Goethe describe el seísmo de Lisboa del año 1755, que él presenció: "la tierra tiembla y oscila, 60.000 se hunden a la vez; y la clerecía no escaseósus sermones de penitencia".Esta explicación oratoria deriva de una tradición secular: Agustín afirma que tanto elmal como el dolor sirven en último término al bien; y Leibnitz define el dolor como"casi nada" y elemento de gran armonía, del mundo que el perfecto Dios sólo pudo crear  perfecto. En el libro consolatorio de Juan de Dambach (s. XIV), muy difundido por todaEuropa, leemos: "el dolor es la ayuda segura que Dios envía; el testimonio fiel de queama en verdad al hombre". Un refrán alemán dice "Dolores ha de haber, si el cieloquieres ver". En su pastoral de cuaresma del año 1857, escribe el obispo de Rennes a lahambrienta población rural: "Consolaos pensando que el Salvador os ha querido poner en
,
la situación más apta para realizar su salvación, haciéndoos partícipes de su cáliz".También libros de oración y catecismos recientes atribuyen el dolor al querer de Dios:reconozco que tu bondad me ha enviado esta enfermedad, dándome la oportunidad dehacer penitencia por mis pecados. El Pequeño Catecismo Social de la KAB (Colonia
 
MATTHIAS VOLKENANDT
 1952) pregunta: "¿por qué permite Dios la injusticia social?, para que alcancemos lafelicidad verdadera por el mismo camino que anduvo Cristo, el viacrucis que lleva algozo de la Cruz, a la alegría de la Resurrección". Y el Catecismo Católico de losObispados de Alemania (texto escolar 1965-72) trae memorialines que enseñan aaceptar todo dolor en el seguimiento de Cristo: "Nunca me quejaré en el dolor. Sólo dirécallandico: más soportó Jesús".
CRÍTICA DE ESTA INTERPRETACIÓN
 Los ejemplos aducidos se prestan a ser criticados. La crítica no afecta al paciente, aquien esta predicación ayudaba de alguna manera; ni a la sinceridad de la pastoral que laempleaba. Todas las respuestas contienen algo de verdad. Más no ignoremos susconsecuencias negativas.1. Francisco, al llamar hermanas bienvenidas a la enfermedad y la muerte, da un sentidoconmovedor al dolor. Pero esta significación que alguien es capaz de dar a su dolor, esmeramente relativa y no permite esbozar un sistema teológico válido para todo dolor;antes al contrario, llena de contradicciones cualquier teoría del sufrimiento. Karl Rahner ha observado que los ascetas cristianos no son consecuentes: mientras afirman que eldolor procede del pecado, lo alaban enfáticamente como clima adecuado para eldesarrollo de las virtudes cristianas. Un tipo de respuestas determinado, puede acertar encasos concretos la expectación de un paciente, pero a menudo le herirá tanto como "alhambriento y sediento una lección sobre higiene y química de la alimentación" cuyaverdad no guarda relación con su realidad vital.2. Si se enseña que todo dolor es un don de Dios, todo intento de superarlo carecerá deinterés. En último término, no es necesario ni aun lícito luchar contra él. Un sufrimientoordenado: por Dios "está en regla". La religión se convierte realmente en el
opio del  pueblo
.La valoración del dolor lleva, en buena lógica, a glorificarlo y aun a buscarlodeliberadamente, desacreditando los intentos por superarlo y la investigación a favor dela terapia analgésica. Cuando Jaime Simpson introdujo en Edinburgo (1847) laanalgesia por inhalación para evitar los dolores del parto, se le trató de "blasfemo,hereje y emisario del diablo (agent of the devil)". Es voluntad de Dios que la mujer dé aluz con dolor, en castigo del pecado original Fue menester que Pío XII, el año 1956,tomara posiciones en contra de la prohibición de la analges a en tocología, ideadominante entonces también en la Iglesia católica.3. El intento de atribuir el dolor a la intervención inmediata de Dios, corre peligro déconcebir un "dios sádico" (D Sölle) y sentir "la mano de este gran torturador deanimales" (H. Heine), con la consiguiente pérdida de la fe; el sufrimiento se convierteasí en "roca del ateísmo" (L. Boff) "quizá mejor para Dios que no se crea en El" (A.Camus). Mas con destronar a Dios, ni se supera el dolor, ni se contesta ninguna pregunta. La aporía de un mundo sin Dios radicaliza aún más el problema: ¿no será la protesta contra el dolor del todo injustificada, a no ser que se lo vea como algo que nodebiera darse? ¿por qué buscar "bajo un cielo vacío, un mundo racional y bueno"?(Levinas). Si queremos seguir andando con Dios, debemos replantearnos su relacióncon el dolor.
 
MATTHIAS VOLKENANDT
 Llama la atención que al hablar de éste como roca del ateísmo, sólo se nombre a Diossin mencionar a Cristo, si no es insertando un despropósito tras otro al citar su Cruz.Hay un viacrucis que es camino hacia Dios y una cruz que el cristiano debe abrazar siquiere seguir a Cristo (Mc 8,340. Pero no todo dolor es, sin más, seguimiento de Jesús.¿Cómo va a serlo el que uno se causa culpablemente con sus pecados? Intentemosdistinguir por tanto, en cuanto sea posible, las distintas formas de dolor que resultan deuna u otra causa o de la posibilidad de superarlo y que exigen interpretaciones cristianascontrapuestas.
DIVERSAS FORMAS DE DOLOR 
 
1. Sufrir para otros
 Sufrir fue algo tan esencial en la vida de Jesús, que el evangelio viene a ser una "historiade la pasión, con una extensa introducción" (M. Kähler). Su bondad chocó con losopresores políticos o religiosos y aun con los zelotas que pugnaban por la liberaciónapelando a la violencia. Quería poner fin a toda dolor (Lc 4,18) y no cejó en la lucha niaun cuando le alcanzó a él mismo. Pero aceptó el sufrimiento que acompañó toda suvida, sin jamás quererlo ni buscarlo como tal. Su dolor fue un "dolor producido por lalucha contra el dolor".Quien quiere seguir a Jesús sin acomodarse a este mundo presente (Rm 12,2), deberámantenerse como extranjero en él, padecer y ser desechado y odiado por su nombre (Mc13,13; Jn 16,26). El discípulo de Jesús sufre porque quiere valorizar el evangelio,dedicándose, p.ej., a aliviar las penas de los indígenas del Brasil. Esta fatiga activa por un mundo sin dolor, es el auténtico dolor cristiano.El que sigue este camino de Jesús, en la esperanza de que Dios no abandonará al justo ala muerte, participa de la cercanía de Jesús al Padre, capaz de proporcionar la máscompleta alegría. Aunque una falsa mística de la Pasión haya pasado por alto estaalegría, es correcto ver en Jesús paradójicamente, al "hombre más feliz que jamás hayavivido" (D. Sölle). Hemos sido bautizados en Jesús en unidad de destino (Rm 6,3), yesto comporta participar en esta alegría, pues "llevamos en nuestros cuerpos el morir deJesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo" (2Co 4,10).Por tanto, este primer tipo de dolor, que proviene de la lucha contra el sufrimiento de lahumanidad, dice relación a la Cruz de Cristo y se lo puede aceptar por El y para participar en su alegría.
2. Sufrir a causa de los demás y de uno mismo
 El cristiano no sufre tan sólo por su opción por Cristo. La maldad humana, las guerras ola opresión, son otra fuente de dolor. El mismo obra mal, molesta a otros, nunca es deltodo cristiano. Y por difícil que resulte decir dónde empieza el mal uso de la libertad,cierto que el dolor causado por un pecado propio no proviene de seguir a Cristo, sino deabandonarle. Dios no quiere ese dolor ni el debido a pecados ajenos. Aceptarlosignificaría otorgar al pecado derecho de existencia. Ni tiene sentido ver en ese dolor una proximidad especial a Jesús. Esto sería lo más absurdo que se puede pensar y

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