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Sue Ellen Welfonder - Serie Highlands 02 - La Novia de La Bestia

Sue Ellen Welfonder - Serie Highlands 02 - La Novia de La Bestia

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07/20/2013

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Bride of the beast (2003)
La novia de la bestia
Sue-Ellen WelfonderArgumento:
Cuando Lady Catherine Keith recibe al protector que le envía su hermana LinnetMacKenzie para ayudarla a defender sus tierras del rapaz Sir Hugh de la Hogue, sudesagrado no tiene limites sir Marmaduke Strongbow no sólo es inglés como su odiadoenemigo, sino que, además tiene el rostro completamente desfigurado.A pesar de sus reparos, a la dama no le queda otro remedio que aceptarle como paladín yesposo pues sabe que el el único que puede ayudarla a recuperar la confianza de susvásallos y, sobre todo a infundir valor a su atribulado hijastro.Muy pronto Lady Catherine se dará cuenta de qué la cicatriz que surca el rostro de sir Masrmaduke esconde una gallardia inigualable.El noble caballero no sólo tendrá que hacer frente a las huestes de si Hugh, sino tambiénemprender la más desiciva de todas sus batallas conquistar el corazón de lady Catherine,tan poblado de demonios y de sombras del pasado como el suyo propio.
 
AgradecimientosTODOS AQUELLOS QUE ME CONOCEN BIEN SON conscientes de mi predileccióny pasión por el rey y héroe escocés Robert Bruce, un hombre de gran corazón que seentregó en cuerpo y alma a otros hombres. Su audacia, valor y compasión inspiraron granamor y devoción entre aquellos que le siguieron y un enorme respeto entre sus enemigos.Su llama ardió con tanta intensidad que su estela continuó dejando huella a lo largo de lossiglos y todavía hoy tiene poder para cautivar los corazones de aquellos que amanEscocia. Sin duda alguna ha conseguido seducir el mío. Uno de sus momentos más brillantes, su gran victoria sobre los ingleses en Bannockburn, me ha servido deinspiración para esbozar el personaje de sir Marmaduke Strongbow.Sir Marmaduke Tweng, un personaje histórico real, fue un noble caballero inglés de laépoca, famoso por ser un hombre de honor. Derrotado en la batalla, solicitó la presenciade Bruce, rehusando rendir su espada a otro que no fuera él. Como muestra de respeto yhonor ante la caballerosidad de sir Marmaduke, Robert Bruce le invitó a su tienda real,sentándolo a su propia mesa.Sir Marmaduke fue entonces liberado sin solicitar rescate y se le permitió volver en paz aInglaterra. Cuando me di cuenta de que Duncan, en El demonio de Escocia, necesitaba unvaliente caballero inglés como mejor amigo, recordé a Robert Bruce y a sir Marmaduke.Este personaje no podía recibir otro nombre... y supongo que ambos hombres sonreiríansi lo supieran.Quiero dar las gracias a los lectores de mi lista de correo que se enamoraron de sir Marmaduke en El demonio de Escocia. Sus múltiples preguntas sobre este personaje en particular y sus peticiones para que tuviera un final feliz han sido las razones principalesde que esta historia haya salido a la luz. Este libro está dedicado a ellos con mi más profundo afecto.Mi agradecimiento más sincero para mi maravillosa agente y amiga, Pattie Steele-Perkins, que se enamoró de sir Marmaduke desde el principio, y para mi querida editora,Karen Kosztolnyik, por su gran habilidad para ayudarme a reflejar este personaje en ellibro. Estoy en deuda con ambas.Y, como siempre, doy las gracias a mi apuesto esposo Manfred, por protegerme de mis propios demonios, por soportar mis noches en vela y mis cenas apresuradas, y por hacer  posible que mis sueños se hagan realidad
 
1Castillo de Dunlaidir Costa oriental de Escocia, 1330MILADY, LO QUE Tú NECESITAS ES UN PROTECTOR. Lady Caterine Keith seencogió de hombros al escuchar aquel sincero consejo de su dama de compañía ycontinuó mirando por las ventanas de sus aposentos en la torre. Mucho más abajo, el mar del Norte rompía y se agitaba. Su oleaje gris estaba cubierto de blanco espuma y susuperficie encrespada era un perfecto reflejo de la confusión que reinaba en su interior.Un pesado muro de silencio se alzó entre las dos mujeres, e incluso el crepitar del fuegoen la chimenea y el silbido hueco del viento del otoño parecieron ensordecerlas.Las ráfagas cargadas de lluvia azotaban las recias paredes de piedra de Dunlaidir,haciendo temblar tanto los postigos de las ventanas que Caterine no se hubiesesorprendido de verlos arrancados y arrojados a las agitadas aguas.Una inquietante sensación premonitoria le recorrió la espalda, perturbando su ánimo. Un presentimiento palpable, tan frío e incesante como las negras olas que azotaban losacantilados sobre los que el castillo de Dunlaidir se erguía con orgullo.Calló.La sugerencia de su dama de compañía no merecía ningún comentario.Alentada por el silencio de Caterine, lady Rhona continuó con su efusivo discurso.-Ya puedo verlo frente a mí: un poderoso protector blandiendo una gran espada, uncaballero de fama y de honor -se entusiasmó, con una voz fresca, turbada por la emoción.Su amiga Rhona estaba llena de fantasías, pero Caterine ya no creía en ellas.Quizás nunca había creído. Nunca le había sido permitido creer, aunque su joven corazón había intentado, algunavez, aferrarse a aquellos estúpidos sueños.-Milady -imploró Rhona forzando la voz para captar la atención de Caterine-. ¡Piénsalo bien! Un intrépido guerrero, capaz de derrotar a tus adversarios con sólo una mirada.Sería tan fácil para ti conseguir un caballero valiente dispuesto a destrozarlos. Un gran protec...-Yo no quiero un protector. -Caterine se dio la vuelta para mirar a su amiga-. Deseoúnicamente estar sola.-Pues yo estoy segura de que lo que tú necesitas es deseo -exclamó Rhona romántica, ydespués se cubrió la boca con una mano mientras un rubor incontrolable le sonrojaba lasmejillas. Se deslizó por detrás de Caterine y se dirigió hacia las ventanas. Volvió a poner los postigos en su sitio para dejar fuera de la habitación la lluvia y el viento, y la estanciase sumió en una semipenumbra-. ¡Discúlpame! -agregó y se apresuró a encender las velasde un candelabro-. No he querido ser irrespetuosa. Es sólo que tú no has conoci...-Entiendo muy bien lo que has querido decir -declaró Caterine antes de que la otra mujer,con algunos años menos que ella, pudiera seguir parloteando y avergonzando a ambas.Intentó mantener la espalda recta y se hundió en el acogedor asiento del hueco de laventana. Ni siquiera le importó que la lluvia, que caía oblicua, hubiera humedecido el delicado bordado de los cojines. Tenía asuntos más serios que afrontar que preocuparse de si seresfriaba o no.-Aprecio tu preocupación, pero es injustificada. -Levantó la cabeza y lanzó una mirada de

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