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H. P. Lovecraft - Lovecraftiana 1

H. P. Lovecraft - Lovecraftiana 1

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Published by Sirius Mazzu
Obras Completas de Howard Phillips Lovecraft (volumen I)
Obras Completas de Howard Phillips Lovecraft (volumen I)

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08/21/2013

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LLLLLLLLOOOOOOOOVVVVVVVVEEEEEEEECCCCCCCCRRRRRRRRAAAAAAAAFFFFFFFFTTTTTTTTIIIIIIIIAAAAAAAANNNNNNNNAAAAAAAA 
Cuentos de H. P. Lovecrafty de sus discípulos
Edição Guinefort
 
 
2
CCCEEENNNIIIZZZAAASSS 
H. P. LOVECRAFT & C. M. EDDY JR.
1
 
- Hola, Bruce. Hace siglos que no te veo. Entra.Dejé la puerta abierta y me siguió al interior de la habitación. Su flaca ydesgarbada figura se acomodó con torpeza en la silla que le ofrecía mientrascomenzaba a jugar con su sombrero entre los dedos. Sus profundos ojos teníanun mirar asustado, distraído, y atisbaban furtivos por entre los rincones de lahabitación, como si buscasen algo escondido dispuesto a echarse sobre él encualquier momento. Su rostro estaba ojeroso y sin color. Las comisuras de suslabios tenían un rictus espasmódico.- ¿Qué te ocurre, viejo? Parece que has visto un fantasma. ¡Levanta elánimo!Me acerqué al mueble bar y llené un pequeño vaso con el vino de unabotella.- ¡Bébete esto!Vació el vaso de un sorbo y continuó jugando con su sombrero.- Gracias, Prague; no me siento demasiado bien esta noche.- ¡No hace falta que lo digas! ¿Qué es lo que va mal?Malcolm Bruce se agitó inquieto en su silla.Lo miré en silencio, preguntándome qué podía haberle afectado deaquella manera. Conocía a Bruce y lo tenía catalogado como un hombre tranquiloy con voluntad de acero. Verlo en aquel estado de nervios no era normal. Leofrecí un cigarro, y él lo tomó, mecánicamente.Pero, hasta que Bruce no encendió el segundo cigarrillo, el silencio entrelos dos continuó. Su nerviosismo parecía desaparecer poco a poco. Una vez másfue el hombre dominante, seguro de sí mismo, que yo conocía.- Prague - empezó -, me acaba de suceder la experiencia más diabólica yterrible que puede acontecerle a un hombre. No estoy muy seguro de si debo
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Ashes.
 
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contártelo o no, pues tengo miedo de que pienses que estoy loco; ¡cosa que no tereprocharía! Pero es cierto, ¡hasta la última palabra!Hizo una dramática pausa y lanzó al aire unos tenues anillos de humo.Sonreí. Ya había escuchado más de una historia de miedo en aquellamisma mesa. Debía haber alguna especie de peculiaridad en mi forma de ser queinspiraba confianza a los demás; me han contado historias tan extrañas quealgunos hombres darían años de su vida por escucharlas. Pero, a pesar de migusto por lo sobrenatural y peligroso, de mi atracción por el conocimiento delejanas e inexploradas regiones, me he visto condenado a una vida prosaica yaburrida, con un trabajo anodino.- ¿Has oído hablar alguna vez del profesor Van Allister? - preguntóBruce.- ¿Quieres decir de Arthur Van Allister?- ¡El mismo! ¿O sea que le conoces?- ¡Desde luego! Hace años que le conozco. Desde el momento en querenunció a su profesorado de química en la escuela para dedicarse a susexperimentos. Yo le ayudé a diseñar el laboratorio insonorizado en el ático de sucasa. Después comenzó a estar tan embebido en su trabajo que no tenía tiempo deser amable con nadie.- Recordarás, Prague, que cuando ambos estábamos en la escuela, yo eramuy aficionado a la química.Asentí, y Bruce siguió hablando.- Hace unos cuatro meses yo estaba buscando trabajo. Van Allisterpublicó un anuncio en el que requería un ayudante, y yo le contesté. Se acordabade cuando yo estaba, en el colegio, y pude convencerle de que sabía lo suficientede química como para serle útil.«Tenía una joven de secretaria, la señorita Marjorie Purdy. Era la típicamujer que se dedicaba por completo a su trabajo, tan eficiente como bonita.Había ayudado algunas veces a Van Allister en el laboratorio, y pronto descubrí que mostraba mucho interés en este trabajo y que hacia sus propiosexperimentos. Pasaba casi todo su tiempo libre en el laboratorio con nosotros.

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