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MEMORIAS YREFLEXIONES 1Gueorgui Zhukov
A Guisa De Prefacio Capítulo I -Infancia Y Juventud Capítulo II -Servicio De Soldado Capítulo III -Participacion En La Guerra Civil Capítulo IV -Al Mando Del Regimiento Y La Brigada Capítulo V -EnLa Inspeccion De Caballeria Del Eroc. La 4 Division Del I Ejercito De Caballeria Capítulo VI -El 3 Y El6 Cuerpos De Caballeria De La Region Militar De Bielorrusia Capítulo VII -La Guerra No Declarada EnJaljin-Gol Capítulo VIII -Al Mando De La Región Militar Especial De Kiev Capítulo IX -En Visperas DeLa Gran Guerra Patria Capítulo X -Comienzo De La Guerra Capítulo XI -El Gran Cuartel General DelMando Supremo Capítulo XII -La Liquidacion Del Saliente Enemigo De Elnia Capítulo XIII -La LuchaPor Leningrado Notas
A GUISA DE PREFACIO
Varios años trabajé en el libro Memorias y reflexiones. Quería seleccionar del copioso material de lavida, de la infinidad de acontecimientos y encuentros lo más esencial e importante, lo que pudiera revelarcomo merece la grandeza de los hechos y proezas de nuestro pueblo.Pero, aunque han transcurrido ya muchos años de los acontecimientos que describo, tal vez hoy nose pueda decir todavía a ciencia cierta qué es concretamente lo vivido y visto que lleva la impronta de laeternidad.Que me perdonen mis compañeros de armas si no he sabido rendir a todos el tributo debido. Aúnhay tiempo, y muchos escribirán y hablarán de ellos. Yo quedaré agradecido a todo el que envíe susobservaciones y opiniones que se podrían tener en cuenta al trabajar posteriormente en el libro.Varios compañeros me ayudaron a preparar esta edición. Quisiera expresar mi gratitud a losgenerales y oficiales de la Dirección científico-militar del Estado Mayor General de las Fuerzas ArmadasSoviéticas y del Instituto de historia militar, al coronel Nikita Teréschenko y al coronel Piotr Dobrovolski, jefes de departamento del Ministerio de Defensa de la URSS, así como a Anna Mírkina y VÍctor Erojin,
 
redactores de la Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti, y a todos los que prepararon mi manuscritopara la imprenta.Quiero expresar mi reconocimiento particular a Vadim Kómolov por su gran ayuda en la creaciónde este libro.
G. ZHUKOV 10 de febrero de 1969
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CAPÍTULO I -INFANCIA Y JUVENTUD
En el crepúsculo de la vida es muy difícil recordar todo lo que hubo. Los años, el trabajo y losacontecimientos borraron de mi memoria muchos detalles, sobre todo los que se refieren a la infancia y la juventud. Recuerdo sólo lo que es imposible olvidar.La casa en la aldea de Strelkovka, de la provincia de Kaluga, donde nací el 19 de noviembre (segúnel antiguo calendario) de 1896, se encontraba en el centro del pueblo. Era una casa muy vieja y con unaesquina medio enterrada. Con el transcurrir del tiempo los muros y el techo de la casa se cubrieron deliquen y hierba. La casa tenía sólo un cuarto de dos ventanas.Mis padres no sabían quién ni cuándo había construido nuestra casa. Los viejos vecinos de la aldeacontaban que en su tiempo la casa perteneció a Annushka Zhúkova, una viuda sin hijos. Para aliviar susoledad, la viuda tomó del orfanato a un niño de dos años, que fue mi padre. Nadie podía decir quiénesfueron sus verdaderos progenitores y más tarde mi padre tampoco intentó conocer su origen. Se suposolamente que una mujer dejó al niño a la edad de tres meses en el umbral de un asilo de huérfanos con lasiguiente nota: "Mi hijo se llama Konstantín". No se sabía qué obligó a la pobre mujer a dejar a su hijo enel zaguán del orfanato. Dudo mucho de que lo hiciera por carecer de sentimientos maternales,seguramente se encontraba en una situación difícil y desesperada.Tras la muerte de la madre adoptiva, apenas cumplidos ocho años, mi padre se hizo aprendiz dezapatero en el gran pueblo de Ugodski Zavod. Luego contaba que su aprendizaje se limitabaprincipalmente a las faenas domésticas. Tenía que cuidar los niños del amo y pastorear el ganado. Despuésde "aprender el oficio" de este modo durante tres años, mi padre fue a buscar otro sitio. Llegó a pie hastaMoscú, donde acabó colocándose a trabajar en la zapatería de Weiss, quien tenía también su propia tiendade calzado de última moda.No conozco pormenores, pero, según lo que contaba mi padre, después de los sucesos del año 1905,él, lo mismo que otros muchos obreros, fue despedido del trabajo y deportado de Moscú por participar enlas manifestaciones. Desde entonces y hasta el día de su muerte, acaecida en 1921, mi padre vivió sin salirde la aldea, dedicándose a la zapatería y a las faenas del campo.Mi madre, Ustinia Artémievna, nació y creció en la vecina aldea de Chórnaya Griaz, en una familiamuy pobre.Cuando mis padres se casaron, mi madre tenía treinta y cinco años y mi padre, cincuenta. Eransegundas nupcias para ambos. Los dos habían enviudado al poco tiempo de contraer el primer matrimonio.Mi madre era una persona físicamente muy fuerte. Levantaba con facilidad sacos de cinco puds (unpud equivale a 16,3 kilos) de grano y los llevaba a una distancia considerable. Decían que había heredadola fuerza física de su padre: mi abuelo Artiom, metiéndose debajo del caballo, lo levantaba o agarrándolode la cola lo sentaba de un tirón.La necesidad y el poco dinero que ganaba mi padre como zapatero, obligaban a mi madre a trabajarde trajinante. En primavera, verano y otoño temprano trabajaba en el campo y en otoño tardío iba a laciudad de Maloyaroslávets, cabeza de distrito, por comestibles y los llevaba a los comerciantes deUgodski Zavod. Cobraba por cada viaje de un rublo a un rublo veinte kopeks. ¿Cuánto era eso? Si
 
restamos los gastos para el pienso de los caballos, para pernoctar en la ciudad, la comida, el arreglo decalzado, etc., quedaba muy poco. Creo que los pordioseros en aquellos tiempos recogían más dinero.Pero no había más remedio, así vivían entonces los pobres y mi madre trabajaba con resignación.Muchas mujeres de nuestro pueblo hacían lo mismo para no morirse de hambre. Por caminos encenagadosy sufriendo del frío transportaban cargas de Maloyaroslávets, Sérpujov y otros lugares, dejando sus hijosal cuidado de las abuelas y los abuelos, que apenas podían mover las piernas.La mayoría de los campesinos de nuestras aldeas vivían en la miseria. Tenían poca tierra y la quetenían daba mala cosecha. Las faenas del campo las hacían principalmente las mujeres, los viejos y losniños. Los hombres iban a Moscú, Petersburgo y otras ciudades buscando algún trabajo temporero.Ganaban poco, eran muy raros los casos en que el campesino volvía a la aldea con una suma respetable enel bolsillo.Naturalmente, en los pueblos había campesinos ricos: los kulaks. Esos sí que vivían bien: teníangrandes y soleadas casas con cómodo mobiliario, muchas aves y ganado en el corral y grandes reservas deharina y trigo en el granero. Sus hijos vestían bien, comían hasta hartarse y estudiaban en las mejoresescuelas. Para estoscampesinos trabajaba la mayoría de los pobres de nuestras aldeas, con frecuencia por un jornalmísero: unos por el pan, otros, por el forraje y otros, por la simiente.Nosotros, los hijos de los pobres, veíamos lo difícil que las pasaban nuestras madres y sentíamos detodo corazón sus lágrimas. Pero ¡qué alegría cuando nos traían de Maloyaroslávets una rosca de pan o unmelindre! Si conseguían reunir algún dinero para la Navidad o las Pascuas y hacer un pastel relleno,nuestro júbilo no tenía límite.Cuando cumplí cinco años y mi hermana Masha tenía seis, mi madre dio a luz otro niño, a quienpusieron el nombre de Alexéi. Era muy flaco y todos tenían miedo de que no sobreviviera. Mi madrelloraba y repetía:- ¿Cómo puede ser fuerte la criatura? Si no como más que pan yagua.Varios meses después del parto mi madre decidió ir a la ciudad para ganar algún dinero. Los vecinostrataron de disuadida, le aconsejaban cuidar al pequeño, que era muy débil todavía y necesitaba lechematerna. Pero el hambre que amenazaba a toda la familia obligó a mi madre a marcharse y Alexéi quedó anuestro cuidado. Vivió poco, menos de un año. En otoño le dimos sepultura en el cementerio de UgodskiZavod. Mi hermana y yo, y no hablemos ya de mis padres, lloramos mucho su muerte y visitábamos confrecuencia su tumba.Aquel año nos ocurrió otra desgracia: se derrumbó el tejado de la casa por ser muy vieja.- Hay que irse de aquí -dijo el padre-, si no, nos aplastará a todos. Mientras haga calor, viviremos enelcobertizo y luego veremos. Puede que alguien nos alquile el baño o elcobertizo. Recuerdo cómo lloraba mi madre cuando nos decía:- No hay otra salida, hijos, llevad todos los trastos al cobertizo.El padre hizo un horno pequeñopara cocinar y nos instalamos en el cobertizo como pudimos.Los amigos del padre vinieron a vernos ennuestro nuevo domicilio y le gastaron bromas:- Konstantín, dicen que te has peleado con tu duende y éste te echó de casa.- No, no es verdad -respondió el padre-. Si me hubiera peleado con el duende, nos habríaaplastado con el techo.- ¿Qué piensas hacer? -preguntó Nazárych, vecino y amigo del padre.- No sé ni qué pensar...- No hay nada que hacer -terció mi madre-, cogeremos la vaca por los cuernos y la llevaremos almercado. La venderemos y compraremos una armazón de madera. El verano pasará en un abrir y cerrar deojos y en invierno nadie construye casas...- Ustinia tiene razón -apoyaron los hombres.
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