redactores de la Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti, y a todos los que prepararon mi manuscritopara la imprenta.Quiero expresar mi reconocimiento particular a Vadim Kómolov por su gran ayuda en la creaciónde este libro.
G. ZHUKOV 10 de febrero de 1969
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CAPÍTULO I -INFANCIA Y JUVENTUD
En el crepúsculo de la vida es muy difícil recordar todo lo que hubo. Los años, el trabajo y losacontecimientos borraron de mi memoria muchos detalles, sobre todo los que se refieren a la infancia y la juventud. Recuerdo sólo lo que es imposible olvidar.La casa en la aldea de Strelkovka, de la provincia de Kaluga, donde nací el 19 de noviembre (segúnel antiguo calendario) de 1896, se encontraba en el centro del pueblo. Era una casa muy vieja y con unaesquina medio enterrada. Con el transcurrir del tiempo los muros y el techo de la casa se cubrieron deliquen y hierba. La casa tenía sólo un cuarto de dos ventanas.Mis padres no sabían quién ni cuándo había construido nuestra casa. Los viejos vecinos de la aldeacontaban que en su tiempo la casa perteneció a Annushka Zhúkova, una viuda sin hijos. Para aliviar susoledad, la viuda tomó del orfanato a un niño de dos años, que fue mi padre. Nadie podía decir quiénesfueron sus verdaderos progenitores y más tarde mi padre tampoco intentó conocer su origen. Se suposolamente que una mujer dejó al niño a la edad de tres meses en el umbral de un asilo de huérfanos con lasiguiente nota: "Mi hijo se llama Konstantín". No se sabía qué obligó a la pobre mujer a dejar a su hijo enel zaguán del orfanato. Dudo mucho de que lo hiciera por carecer de sentimientos maternales,seguramente se encontraba en una situación difícil y desesperada.Tras la muerte de la madre adoptiva, apenas cumplidos ocho años, mi padre se hizo aprendiz dezapatero en el gran pueblo de Ugodski Zavod. Luego contaba que su aprendizaje se limitabaprincipalmente a las faenas domésticas. Tenía que cuidar los niños del amo y pastorear el ganado. Despuésde "aprender el oficio" de este modo durante tres años, mi padre fue a buscar otro sitio. Llegó a pie hastaMoscú, donde acabó colocándose a trabajar en la zapatería de Weiss, quien tenía también su propia tiendade calzado de última moda.No conozco pormenores, pero, según lo que contaba mi padre, después de los sucesos del año 1905,él, lo mismo que otros muchos obreros, fue despedido del trabajo y deportado de Moscú por participar enlas manifestaciones. Desde entonces y hasta el día de su muerte, acaecida en 1921, mi padre vivió sin salirde la aldea, dedicándose a la zapatería y a las faenas del campo.Mi madre, Ustinia Artémievna, nació y creció en la vecina aldea de Chórnaya Griaz, en una familiamuy pobre.Cuando mis padres se casaron, mi madre tenía treinta y cinco años y mi padre, cincuenta. Eransegundas nupcias para ambos. Los dos habían enviudado al poco tiempo de contraer el primer matrimonio.Mi madre era una persona físicamente muy fuerte. Levantaba con facilidad sacos de cinco puds (unpud equivale a 16,3 kilos) de grano y los llevaba a una distancia considerable. Decían que había heredadola fuerza física de su padre: mi abuelo Artiom, metiéndose debajo del caballo, lo levantaba o agarrándolode la cola lo sentaba de un tirón.La necesidad y el poco dinero que ganaba mi padre como zapatero, obligaban a mi madre a trabajarde trajinante. En primavera, verano y otoño temprano trabajaba en el campo y en otoño tardío iba a laciudad de Maloyaroslávets, cabeza de distrito, por comestibles y los llevaba a los comerciantes deUgodski Zavod. Cobraba por cada viaje de un rublo a un rublo veinte kopeks. ¿Cuánto era eso? Si
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