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Democracia Universitaria

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Democracia universitaria: ¿Con que fin?
Por: Clemente Hunneus, alumno de Derecho
Debo reconocer, no sin cierto remordimiento, quecada vez que veo una carta al diario escrita por undirigente estudiantil, o escucho en la televisión a algúnsupuesto portavoz del sentir de los universitarioschilenos, no puedo sino sonreírme con ciertaindulgencia. Honestamente, da muchas veces lasensación de que hasta el periodista que los interrogasabe más que ellos sobre el tema en discusión. Patético, si consideramos que la inmensamayoría de las veces quienes están hablando son representantes no de un institutocualquiera, sino de las Casas de Estudio más prestigiosas de nuestro país. Y me preguntoyo, ¿es acaso esta la
elite
intelectual chilena? Discúlpese la dureza, pero la realidad es esta:de uno y otro lado se escucha un discurso pobre, mal articulado, que abusa de las
expresiones retóricas y los puntos comunes (“
queremos un país más inclusivo, másdemocrático, y más justo, donde todos podamos tener igualdad de oportunidades y se ponga fin a la segregación
), prescindiendo crudamente de los argumentos racionales. Esa parece ser la sensación que damos los universitarios: muchas consignas, y pocas ideasverdaderas.Frente a tan lamentable situación, no podemos sino preguntarnos: ¿estamos, comoestudiantes universitarios, cumpliendo ese rol social único que Chile espera de nosotros?¿O hemos usado de nuestras Federaciones de Alumnos menos como una instancia paracontribuir al bien del país desde nuestra condición de universitarios, y más como plataformas autorizadas desde las cuales lanzarnos al mundo de la política? Y no es que elmundo de la política sea perverso, o que deba permanecer reservado sólo para cierta cúpulade viejos sabios que no acepten contribución alguna de las nuevas generaciones; pero elhecho es que, si de abocarnos a eso se trata, las juventudes de un partido político (o, si sequiere ser más inclusivo, una
 juventud política transversal
”) parecen ser mucha mejor 
instancia que la Academia.La Academia. La Universidad tiene un rol público: sin duda. Toda institución queno sea una mera lacra social debiera tenerlo. Pero es un rol social particular: uno que sóloella puede cumplir adecuadamente. Las universidades no se fundan para dar espacio aactores políticos jóvenes ni difundir panfletos baratos. La universidad sirve, precisamente,
 para ponerle contenido a ese “panfleto”: para hacer que deje de ser un mero lavado de
cerebro ideológico y se convierta en algo que tiene peso intelectual, algo que no sea pura
 praxis
, sino también espacio para que la reflexión especulativa guie todos esos impulsos ylos encauce hacia un discurso menos hormonal y más cuerdo. Es desde ahí, desde el pensamiento, desde nuestra formación integral como ciudadanos capacitados y no comomeros dirigentes políticos, que la Universidad puede hacer una contribución única einsustituible al país.
 
Lamentablemente, nuestros actuales líderes universitarios parecen no entender eso.Piensan que el conocimiento es algo que los estudiantes ya tenemos infuso: tan soberbiossomos, que hemos
osado proponer como modelo educativo un supuesta “
construcciónconjunta del conocimiento
.
¿Se “
construye
” la sabiduría? No sé en que mundo vivan
quienes han planteado esto, pero al menos en la realidad que yo vivo, la verdad no se
construye
”: se “
descubre
, en un proceso lento, desde luego, que requiere de una participación activa de nosotros, pero que es fundamentalmente receptivo: a la universidadse viene más a aprender que a enseñar.Pienso que es la no comprensión de este problema la que nos ha llevado a caer en el prejuicio de que una universidad, si no es democrática, no es legítima y no contribuye ennada al país. Cuidado: las universidades no son Estados nacionales, que procuran elgobierno contingente de la totalidad de la sociedad. Son cuerpos intermedios, con unafunción que les es característica e indelegable: aportar al bien del país desde el debate deideas y la formación de profesionales capaces, honestos y conscientes de todo lo que el paísespera de ellos. Ahora bien, este fin específico del que hablamos, hace que lasuniversidades difieran del Estado nacional por el hecho de no constituirse en base arelaciones estrictamente simétricas (como son las que caracterizan a todos los ciudadanosde un país), sino precisamente desiguales: hay una relación de alumno a profesor, de
magister et discipuli
” (siempre abierta, sin embargo, a que el día de mañana el
discipuli
, sise muestra capaz y receptivo, se convierta el mismo en
magister 
, pudiendo incluso superar a quien lo antecedió, convirtiéndose así esta en una relación que en última instancia resultaser menos asimétrica de lo que parecía en un principio). En este contexto,
la democraciauniversitaria no es aplicable en un sentido absoluto,
y sólo es comprensible paraaquellos casos en los que el proyecto educativo haya visto la luz por iniciativa propia de ungrupo de estudiantes que se organizó para fundarla (quienes entonces podrían, con toda justicia, sentirse en el derecho de gobernarla). Pero me temo que ese modelo no es el casode todas las instituciones universitarias chilenas, ni siquiera el de la mayoría. ¿Con quéderecho, entonces, y con qué fin, habríamos de imponerles a nuestras autoridadesacadémicas un modelo democrático?¿Con qué derecho? Porque nos estaríamos apropiando, por el sólo hecho de ser quienes tuvimos la oportunidad de estudiar aquí, de algo que no fuimos nosotros quienesconstruimos. Me temo que las universidades no brotan de la nada: hay años de esfuerzo yde dedicación detrás de una institución prestigiosa, y sería un atropello para todos quienes pusieron de su parte para dar vida a un determinado proyecto educativo el que nosotros nosapropiáramos de su trabajo y lo rediseñáramos a nuestra real pinta y antojo.Pero sobre todo, ¿con qué fin? ¿Contribuye realmente la democracia al procesoeducativo? Es indispensable, sin duda, que haya ciertas instancias de participación, que nos permitan exponer nuestras inquietudes y darles a las autoridades universitarias un cierto
 feedback 
crítico. Pero, ¿democracia estrictamente hablando? Si se trata de eso, suprimamoslas aulas y los profesores: quedémonos con el sólo patio y sentémonos en interminablesasambleas a
exponer y compartir nuestras personales apreciaciones. “
Construyamos
” algo
que aspira a ser más o menos un
conocimiento
” (
y que más bien será opinología). Dejemosde ser una institución académica: convirtámonos en un gigantesco sindicato de veinteañerosque marcha por las calles para hacer oír sus demandas al gobierno de turno. Podremos

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