cliente, b) la elección de las formas de evaluación e intervención sobre las condiciones que determinanel problema, y c) el control que el propio consejero ejerce sobre las atribuciones y expectativas delcliente durante la interacción comunicativa.Respecto al último punto, las relaciones de control evidenciadas en la manera como elpsicoterapeuta trata de inducir cambios en la conducta del usuario tienen, entre otras limitaciones, lasrelativas a la percepción inicial del comportamiento en curso, que afecta las reacciones posteriores delos participantes dentro del mismo episodio conversacional (ver Lassiter, Geers & Apple, 2002). Esopuede ser inadvertido por el psicoterapeuta, continuando con su examen del individuo y sucircunstancia problemática bajo posibles presupuestos falsos. Por ello es conveniente para laproductividad de la consultoría que haya plena consciencia profesional acerca de las variables queafectan la interacción comunicativa: qué estrategias lingüísticas y paralingüísticas funcionan o puedenfuncionar allí, y qué principios están involucrados. Esto se postula en la línea pionera de Lindsey(1972/1983) con respecto a lo que llamaba “Clínico Riguroso” y el objetivo de producir másmiembros de esa “especie”, por contraposición al descuido del más frecuente “Mago sin Rigor”.Siguiendo esa lógica, en el presente texto se examinan algunos aspectos relacionados con eltrabajo dentro del consultorio, el uso del lenguaje y el análisis funcional de la comunicación en lasituación clínica, y finalmente aquellas estrategias de comunicación que están disponibles desde latecnología conductual para la modificación del comportamiento cognitivo en el ambiente deconsultoría. Es conveniente dejar sentado que quien escribe se sitúa en una posición ecléctica respectoa las terapias conductuales de la presente generación, recogiendo todo aquello que considera relevantepara una mejor conceptualización y afronte de la comunicación clínica. En este sentido, se atiene aprecisiones teóricas ya ofrecidas en un reciente escrito anterior (Montgomery, 2008). Se hanfundamentado los argumentos utilizando la jerga técnica de esas diversas variantes, por lo que esrecomendable para el lector interesado pero no familiarizado con aquellas, hacer su propio “
tour
” porlas fuentes proporcionadas a través de las citas y referencias.
¿ES CONFIABLE EL TRABAJO DENTRO DEL CONSULTORIO?
La discusión sobre el tema de si es confiable el trabajo dentro de la consulta tiene bastantetiempo dentro de la modificación de conducta más ortodoxa. Desde antes de los experimentos deLindsey, y de Azrin y sus colaboradores sobre el control del contenido de la conversación mediante elreforzamiento, la mayoría de analistas conductuales dio por sentada la falta de correspondencia entrela conducta verbal y no-verbal (Lovaas, 1964/1979), siendo lo principal para el cambio delcomportamiento las tareas fuera de la consulta y los registros directos (Yulis, 1980); pero esto serevisó a partir de las formulaciones contextualistas de Kohlemberg, Tsai, y Hayes en la década de los90s, cuestionando muchas aseveraciones anteriores y revalorando el papel del lenguaje como factor decambio conductual (véanse Luciano, 1992; Pérez-Alvarez, 1996).El argumento clásico fundamental contra el énfasis en el servicio dentro de la consulta es elsupuestamente limitado alcance del intercambio usuario-prestatario dentro de un ambiente separado dela realidad cotidiana, lo que no afectaría seriamente el hacer del individuo bajo intervención,
fuera
delconsultorio. Sin embargo, viendo el asunto de otra manera, la perspectiva contemporánea es otra. Elepisodio que se vive dentro de la consulta ofrecería valiosas fuentes de análisis respecto a una especiede “maqueta” simplificada del problema que aqueja al cliente. O sea, una muestra representativa de suconducta.Por ello la psicoterapia analítica funcional, la terapia de aceptación y compromiso (Kohlenberg,Tsai, Ferro, Aguayo, Fernández y Virués-Ortega, 2005; Luciano y Sonsoles, 2006) y la terapiadialéctica conductual, que son procedimientos de reciente emergencia llamados de “tercerageneración” dentro del conductismo (Pérez-Alvarez, 2006), centran su interés en las conductasclínicamente relevantes dentro del consultorio
y
la aceptación y el contacto con el presente y con losvalores personales, otorgando un gran peso a los intercambios verbales y paralingüísticos, dirigiendoparte del análisis a clarificar y calibrar su incidencia en la intervención
para
alterar las funcionescomportamentales, cambiando el contexto y construyendo repertorios más flexibles y efectivos(Cautilli, Riley-Tillman Axelrod & Hineline, 2005). Por cierto que eso no está en contradicción conlos supuestos del análisis experimental del comportamiento, ya que en épocas anteriores tanto Skinnercomo Bandura y también Ferster, autores clásicos en dicha orientación, se refirieron a los principios
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