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Año XXXV – Números 22 al 26 – Ciclo B – 5, 9, 10, 11 y 12 de abril de 2009
SEMANA SANTA 2009
LA PASCUA DE JESUS, PASCUA NUESTRA
Todos sentimos en lo más hondo de nuestro ser un auténtico deseo de vivir libres de toda limitación,tanto de las que se encuentran en nuestro propio interior como de las que nos vienen del exterior, de lamateria, del sufrimiento y del mal, deseando profundamente construirnos a nosotros mismos en larelación con los demás, construyendo un mundo verdadero y fraterno en el que reinen la paz y la justicia... Pero constatamos una y otra vez que todo esto termina en fracaso, debido a nuestraslimitaciones, las de nuestro ser material, las del pecado, y en última instancia las de la muerte.Los primeros cristianos tuvieron la certidumbre de que un hombre, Jesús, que había vivido como ellostodas estas esperanzas y contradicciones, murió, pero al tercer día resucitó, y en adelante estaba vivo para siempre: Dios le había introducido en la vida definitiva; y además, su paso de la muerte a la vida,que le atañía en primer lugar a él, les concernía igualmente a todos.Para comprender verdaderamente lo que somos y el sentido de nuestra vida y de la historia, seríanecesario poder situarnos al final de dicha historia. Ahora bien, en la resurrección de Jesús, tenemosante nuestros ojos hecho realidad el acontecimiento del fin. En el resucitado podemos ya contemplar lameta hacia la que caminamos. Lo que se nos descubre es ni más ni menos que todo el sentido denuestra existencia humana, personal y colectiva. En él sabemos, mejor dicho, «vemos» que la muertees algo más, tiene otra cara oculta: la muerte es un nuevo nacimiento, desemboca en un «ser más». EnJesús resucitado contemplamos la vida de un hombre que ha triunfado, tal y como Dios nos lo habíarevelado en los albores del Génesis: un hombre que existe totalmente transparente para consigomismo, totalmente orientado hacia Dios y hacia los demás, sin límites, en perfecta comunión con todoslos seres y con el universo entero, con su cuerpo espiritualizado que no constituye ya un límite sinomás bien un medio de comunión con todos los demás, ya que ha sido asumido en la gloria de Dios.Su resurrección constituye, en efecto, la anticipación de la nuestra. Por su resurrección, Jesús esintroducido realmente en el seno de Dios. Como hijo del hombre, reúne en sí a todos aquéllos que alfinal de los tiempos serán igualmente introducidos en la gloria de Dios para vivir eternamente con él.De esta forma, lo que un día seremos todos nosotros se realiza ya en él. En él todos entramos en lagloria de Dios. Cierto que el cristiano continuará sufriendo la muerte, pero ya no podrá ser sorprendido por ella, ya que de antemano la ha vivido en Jesús. De esta forma, en Jesús resucitado se ha realizadotodo. Dios ha cumplido su promesa para él y para nosotros.Y sin embargo, todo queda aún por hacer. Lo que se ha realizado en Jesús, no hace sino exasperar nuestra espera e incitarnos a trabajar para que la promesa se realice. La espera cristiana no tiene otroobjetivo que Jesucristo que ya vino, pero al mismo tiempo espera de él algo nuevo que todavía no hatenido lugar: espera la realización en todas las cosas de la justicia prometida por Dios, y elcumplimiento de la resurreccn de los muertos prometida en su resurrección, así como elcumplimiento de la soberanía del crucificado sobre todas las cosas, prometida al ser elevado a lagloria.
¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN AMIGOS!
NOTAS PARA LA SEMANA
«La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo, en días determinadosa través del año, la obra salvífica de su divino Esposo. Cada semana, en el día que llamó “del Señor”,conmemora su resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su santa pasión, en lamáxima solemnidad de la Pascua.» (SC nº. 102)«Revísese el año litúrgico de manera quese mantenga su índole primitiva para alimentar debidamente la piedad de los fieles en la celebración de los misterios de la redención cristiana, muyespecialmente del misterio pascual.» (SC nº. 107).
 
Así resaltaba el CV II la importancia de la Pascua, que es lo que nos disponemos a celebrar comoculminación de la Cuaresma y la Semana Santa. Por eso las celebraciones de estos días exigen unaespecial preparación, tanto de formas (cantos, ministros, lectores, ramos de olivo, monumento, cirio pascual...), como de fondo (oración, meditación, contemplación) si se quiere vivir una Semana Santaverdaderamente cristiana, y no sólo folclórica. Ni fieles ni ministros estamos acostumbrados a algunosritos de estos días, que no se vuelven a repetir en todo el año.Hay tres peligros que hemos de evitar a toda costa:a)
 La
 
improvisación
: buscar lectores en el último minuto, no tener preparados los elementos propiosde cada celebración, que los ministros queden desorientados en plena celebración, sin saber muy bien"qué toca ahora" o preguntándose "esto cómo se hace"... b)
 El 
 
ritualismo vacío
: limitarse a seguir el guión de los ritos previstos, sin vivirlos como unacelebración de los misterios de nuestra fe.c)
 No establecer la correcta jerarquía
entre las diferentes celebraciones y, dentro de cada una deellas, entre sus diferentes partes. Iglesias y capillas se llenan el Jueves Santo, mientras que permanecencasi vacías en la Vigilia Pascual: esto revela una corregible falta de conocimiento (y de vivencia) delverdadero sentido e importancia de las celebraciones de la Semana Santa.Comentaremos ahora brevemente algunos aspectos de las celebraciones, refiriéndonos a éstas por orden de importancia: Vigilia Pascual, Viernes Santo, Domingo de Ramos y Jueves Santo.
VIGILIA PASCUAL
- La
 proclamación de la Palabra
de Dios (el recorrido por los momentos fundamentales de lahistoria de la salvación), con el anuncio de la resurrección del Señor, es lo central de esta noche,además, obviamente, del rito eucarístico.- La
liturgia bautismal 
es de lo s significativo de esta noche, pues el Bautismo es laincorporación a Cristo Muerto y Resucitado. Debe procurarse que los bautizos de la Comunidad serealicen en esta noche. De no haberlos, el rito de la aspersión, recuerdo/renovación de nuestro bautismo, debe realizarse con todo solemnidad.- Remarcar el canto del
 Aleluya
y del
Gloria
, que se han omitido durante toda la Cuaresma.- El
lucernario
y el
 pregón pascual 
, aunque son ritos introductorios calan hondo en los fieles y debeaprovecharse su "tirón" para ahondar en el sentido de fiesta.- El
cirio pascual 
simboliza a Cristo resucitado: debe resaltar, por tanto, por su tamaño, su ornato,su colocación, su calidad (cera auténtica)...- Remarcar todo aquello que ponga de manifiesto que estamos celebrando la
 fiesta
 
 principal 
denuestra fe: adornos, luz, cantos, manteles del altar... No es superficial ni secundario el ágape posterior a la celebración que tiene lugar en muchas comunidades.
VIERNES SANTO, CELEBRACION DE LA MUERTE DEL SEÑOR 
- El paso previo a la Pascua fue la Muerte del Señor; por eso ésta es la segunda celebración enimportancia.- La muerte del Señor la vivimos en esta celebración de dos maneras: con la
lectura de la Pasión
ycon la
 Adoración de la Cruz
. Son, por tanto, los dos momentos centrales.- La lectura de la Pasión no es una dramatización, sino una Proclamación de la Palabra de Dios.Debe hacerse con dignidad, con solemnidad, siguiendo cualquiera de las formas ya conocidas: lecturaseguida, por bloques, intercalando momentos musicales, por uno o por tres lectores...- Para la adoración de la Cruz se debe usar una Cruz de madera, que sea bien visible, facilitandoque todos participen en el rito, con cantos apropiados.- La Cruz es la paradoja de Dios: donde vemos muerte, Dios pone vida; donde hemos puesto odio,Dios pone amor. La celebración debe "mostrar" esta paradoja a la comunidad celebrante.- Hoy no es día eucarístico: no se celebra la Eucaristía, aunque se comulga con el Pan consagrado elJueves Santo y que ha permanecido en el Monumento.
 
DOMINGO DE RAMOS
- No hay que olvidar que lo central de este domingo es la propia celebración eucarística, y no loselementos novedosos de este día.- Pero eso no quita para que tengamos presente que la
 Procesión
con los ramos que hoy se realiza esla principal cuantas celebra la liturgia cristiana; otras procesiones de estos días son muy emotivas ymuy espectaculares, pero son "otra cosa".- La bendición de los ramos debe hacerse en un lugar distinto al de la celebración eucarística, y la procesión debe resaltarse todo lo posible, incluso por encima de la misma bendición. Unos cantosadecuados ayudarán a vivir mejor el sentido de la procesión.- También hoy leemos el relato de la Pasión, para lo que valen las indicaciones hechas al respectoen el Viernes Santo.
JUEVES SANTO, MISA VESPERTINA “EN LA CENA DEL SEÑOR”
- En orden de importancia esta celebración es la de menor relieve en la Semana Santa aunque, comoya hemos indicado, sea la que mayor asistencia registra.- Debe procurarse que la de hoy no aparezca como la "Eucaristía" por antonomasia (aunque esto sealo que se hace en muchas comunidades); la de hoy debe ser, es, un anticipo de la Eucaristía por antonomasia (ésta si) que es la Eucaristía pascual.- No hay elementos extraordinarios hoy, salvoa) el traslado de la Eucaristía al
Monumento
al final de la celebración. b) y el
lavatorio de los pies
; donde se haga, recuérdese a la Comunidad que san Juan, en su relatode la Última Cena, no narra la institución de la Eucaristía, sino el lavatorio de los pies, o sea, unequivalente que es el servicio a los hermanos. Y, en fin, procurar que sean celebraciones realmentecomunitarias, que ayuden a vivir el misterio de la fe, que las homilías ayuden a esta vivencia, que hayaunas buenas moniciones que ayuden a entender los ritos extraordinarios y, sobre todo, que quederenovada y fortalecida nuestra fe en Jesucristo Muerto y Resucitado. 
EQUIPO DABAR 
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