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Carta Del Jefe Seattle Al Presidente de Los Estados Unidos

Carta Del Jefe Seattle Al Presidente de Los Estados Unidos

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11/24/2014

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Carta del Jefe Seattle al presidente de los Estados Unidos
Jefe Seattle
Nota: El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce,ena en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribuSuwamish, para comprarle los territorios del noroeste de losEstados Unidos que hoy forman el Estado de Wáshington. Acambio, promete crear una "reservación" para el puebloindígena. El jefe Seattle responde en 1855.
Originalmente publicado en el periódico Seattle Sunday Star, el 29 de octubre de 1887.El texto fue escrito por un Dr. Smith, quien tomó notas a medida que el Jefe Seattle hablaba en el dialecto Suquamish de Salish dePudget Sound central (Lushootseed), y creó este texto en inglés de dichas notas. Smith insistía que su versión “no contenía la gracia yelegancia del original.” En la época de este discurso, era común la creencia entre los blancos lo mismo que entre muchos amerindios,que los americanos nativos se extinguirían.
He allí el cielo que ha llorado lágrimas de compasión sobre mi pueblo durante incontables siglos y que, aunque nospueda parecer inmutable y eterno, puede cambiar. Hoy está despejado. Mañana puede estar encapotado con nubes.Mis palabras son como las estrellas que nunca cambian. Cualquier cosa que diga Seattle, el gran jefe en Washingtonpuede confiar en ello tanto como él pueda confiar en el regreso del sol o de las estaciones.El jefe blanco dice que el Gran Jefe en Washington nos envía saludos de amistad y buena voluntad. Esto es muy amablede su parte ya que sabemos que él necesita poco de nuestra amistad. Son muchas sus gentes. Son como la hierba quecubre vastas praderas. Mi gente es poca. Se asemejan a los pocos árboles que se encuentran esparcidos en unapradera azotada por una tormenta. El gran, y presumo – buen, Jefe Blanco dice que desea comprar nuestra tierra peroque, al mismo tiempo, nos deja suficiente para que vivamos confortablemente. Verdaderamente esto parece ser justo, yaún generoso, ya que el
hombre Rojo no tiene más derechos que él necesite respetar 
, y la oferta también parece ser sabia ya que no necesitamos más un territorio extenso.Hubo un tiempo en el que nuestra gente cubría la tierra como las olas en un mar encrespado por el viento cubren elfondo cubierto de conchas, pero ese tiempo hace mucho que desapareció junto con la grandeza de las tribus que ahorason apenas un recuerdo doloroso. No trataré el tema, ni lloraré sobre eso, de nuestra desaparición a tiempo, ni voy areprochar mis hermanos cara pálida con haberla acelerado, porque también nosotros somos en algo responsables deella.La juventud es impulsiva. Cuando nuestros jóvenes se enojan con alguna injusticia real o imaginaria, y se desfiguran suscaras con pintura negra, denotan que sus corazones son negros, y que con frecuencia son crueles e implacables, ynuestros viejos y viejas son incapaces de moderarlos. Así siempre ha sido. Así fue cuando el hombre blanco empezó aempujar a nuestros antepasados hacia el oeste. Pero esperemos que nunca regresen las hostilidades entre nosotros.Tendríamos todo que perder y nada que ganar. Los jóvenes consideran como ganancia a la venganza, aún al costo desus propias vidas, pero los hombres viejos que permanecen en casa en momentos de guerra, y las madres que tienenhijos que perder, saben que no es así.Nuestro buen padre en Washington—ya que presumo que ahora es nuestro padre al igual que suyo, ya que el ReyGeorge ha movido sus fronteras más hacia el norte—nuestro gran y buen padre, digo, nos envía el mensaje de que sihacemos como él desea, él nos protejerá. Sus bravos guerreros serán para nosotros como una erizada pared defortaleza, y sus maravillosos barcos de guerra llenarán nuestros puertos, para que nuestros antiguos enemigos más alnorte—los Haidas y Tsimshians, cesen de asustar a nuestras mujeres, niños, y viejos. Realmente él será nuestro padre ynosotros sus hijos.Pero, ¿puede eso suceder alguna vez? ¡Su Dios no es nuestro Dios! ¡Su Dios ama a su gente yodia a la mía! Él pliega amorosamente sus fuertes brazos protectores alrededor del cara pálida y loconduce por la mano como un padre conduce a un hijo infante. Pero, el ha desamparado a sushijos Rojos, si realmente son suyos. Nuestro Dios, el Gran Espíritu, parece que también nos haabandonado. Su Dios hace que su gente se haga más fuerte cada día. Pronto ellos llenarán todaslas tierras.Nuestra gente está menguando como una marea que retrocede rápidamente y que nuncaregresará. El Dios del hombre blanco no puede amar a nuestra gente o el los hubiera protegido.Ellos parecen huérfanos que no tienen donde buscar ayuda. ¿Cómo, entonces, podemos ser hermanos? ¿Cómo puede su Dios llegar a ser nuestro Dios y renovar nuestra prosperidad y
 
despertar en nosotros sueños de una grandeza que regresa? Si tenemos un PadreCelestial común, el debe estar parcializado, porque el vino hacia sus hijos cara pálida.Nosotros nunca lo vimos. Él les dió leyes pero no tuvo palabras para sus niños Rojoscuyas prolíficas multitudes una vez llenaban este vasto continente como las estrellasllenan el firmamento. No; somos dos razas diferentes con orígenes diferentes y destinosseparados. Hay muy poco en común entre nosotros.Para nosotros, las cenizas de nuestros antepasados son sagrados y su lugar de reposo es terreno reverenciado.Ustedes se alejan de las tumbas de sus antepasados y aparentemente sin pena. Su religión fue escrita sobre lápidas depiedra por el dedo de hierro de su Dios para que así ustedes no pudieran olvidar.El hombre Rojo nunca podría comprender o recordarlo. Nuestra religión es las tradiciones de nuestros antepasados – lossueños de nuestros hombres viejos, dados en las horas solemnes de la noche por el Gran Espíritu; y las visiones denuestros jefes, y está escrito en los corazones de nuestra gente.Sus muertos dejan de amarlos y la tierra natal tan pronto como pasan los portales de la tumba y vagan más allá de lasestrellas. Ellos pronto son olvidados y nunca regresan.Nuestros muertos nunca olvidan este hermoso mundo que les dió vida. Ellos todavía aman a sus verdes valles, susrumorosos ríos, sus magníficas montañas, sus apartadas cañadas y lagos y bahías bordeados de verde, y siempresuspiran con un tierno y cariñoso afecto por los seres vivos de corazones solitarios, y con frecuencia regresan del felizcoto de caza para visitarlos, guiarlos, consolarlos, y confortarlos.Día y noche no pueden convivir. El hombre Rojo siempre ha rehuido los acercamientos del hombre blanco, como laneblina matutina huye antes que aparezca el sol de la mañana. Sin embargo, su proposición parece justa y creo que migente la aceptará y se retirará a la reservación que usted le ofrece. Entonces, viviremos separados en paz, ya que laspalabras del Gran Jefe Blanco parecen ser las palabras de la naturaleza que habla a mi gente desde la densa oscuridad.Importa poco donde pasemos el resto de nuestro días. No serán muchos. La noche del indio promete ser oscura. Nisiquiera una simple estrella revolotea en su horizonte. Vientos de voz triste se lamentan en la distancia. Un triste destinoparece estar en el camino del hombre Rojo, y donde quiera escuchará los pasos que se aproximan de su cruel destructor y se prepara impasiblemente a enfrentar su destino, como hace el antílope herido que escucha los próximos pasos delcazador.Una pocas lunas más, unos pocos inviernos más, y ninguno de los descendientes de los poderosos espíritus que algunavez se movían por esta amplia tierra o vivían en hogares felices, protegidos por el Gran Espíritu, permanecerán parallorar sobre las tumbas de un pueblo que una vez fue más poderoso y con más esperanzas que el suyo.Pero, ¿por qué debo llorar sobre el destino a tiempo de mi pueblo? Tribus siguen a tribus, y naciones siguen naciones,como las olas del mar. Es el órden de la naturaleza, y lamentarse es inútil. Su momento de decadencia puede estar distante, pero seguramente llegará, porque aún el hombre blanco cuyo Dios caminó y habló con él como amigo a otro, nopuede estar exonerado del destino común. Puede que seamos hermanos, después de todo. Veremos.Estudiaremos su proposición y cuando hayamos decidido, se lo haremos saber. Pero, si la aceptamos, yo aquí y ahorapongo esta condición, que no se nos niegue el privilegio, sin molestarnos, de visitar en cualquier momento las tumbas denuestros ancestros, amigos, e hijos. Cada parte de este suelo es sagrado en la consideración de mi pueblo. Cada ladera,cada valle, cada pradera y huerto, ha sido consagrado por algún triste o feliz evento en días hace tiempo desaparecidos. Aún las rocas, que parecen ser mudas y muertas ya que se tuestan en sol a lo largo de la costa silenciosa, llenas conmemorias de eventos excitantes conectados con las vidas de mi gente, y el mismo polvo sobre el cual ustedes seencuentran responde con más amor a sus pisadas que a las suyas, debido a que ha sido enriquecido por la sangre denuestros antepasados, y nuestros pies desnudos son conscientes del toque simpatético.Nuestros difuntos, bravos, amadas madres, alegres y felices doncellas, y aún los niños quevivieron aquí y se regocijaron aquí por una breve estación, amarán estas soledadessombrías y, durante la caída de la tarde, ellos recibirán a los tenebrosos espíritus queregresan.Y, cuando el último
hombre Rojo haya perecido, y la memoria de mi tribu se hayaconvertido en un mito entre el hombre blanco
, estas playas estarán repletas de losmuertos invisibles de mi tribu, y cuando los hijos de sus hijos se crean solos en el campo, latienda, el taller, en la carretera, o en el silencio de los bosques sin senderos, ellos no estaránsolos. En toda la tierra no hay lugar dedicado a la soledad. En la noche, cuando las calles desus ciudades y pueblos están silenciosas y ustedes creen que están desiertas, ellas estarán
 
atestadas con los huéspedes que regresan y que una vez las llenaban y que todavíaaman esta hermosa tierra. El hombre blanco nunca estará solo.Que él sea justo y trate amablemente a mi gente, porque los muertos no son impotentes.¿Muertos, dije? No hay muerte, solamente un cambio de mundos.
FIN
Versión de Ted Perry, libretista de televisión en 1970
El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanconos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemosque poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombreblanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellasinmutables son mis palabras.¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de lasplayas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vidade mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es partede nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos.Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a lamisma familia.Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho denosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre ynosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso noserá fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríosno es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar queella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de loslagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de misantepasados.Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Siles vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y lossuyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismosignificado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. Latierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de susantepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielocomo cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorarála tierra, dejando atrás solamente un desierto.Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo.No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en laprimavera o el batir las alas de un insecto. Más tal vez sea porque soy un hombre salvaje yno comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago? Yo soy un hombre piel roja y no comprendo.El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y elpropio viento, limpio por una lluvia diurna, o perfumado por los pinos.

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