dianas de un grupo que se había reunido para ejercitarse desde el punto de vista físico y espiritual,hacia una meta común
ARQUITECTURA
Hugo de Semur, el más grande de los abades de Cluny, sucedió a Odión en 1049. Bajo suadministración, Cluny legó a alcanzar un periodo de tanto esplendor, que un cronista entusiastadescribió que “brillaba en la tierra como un segundo sol”. Tomando como modelo la establecidaorganización feudal de la sociedad en que los terratenientes menores y más dependientes bajo juramento dependían de terratenientes más poderosos y con más tierras que los recompensaban conprotección, Hugo comenzó a atraer a muchos de los monasterios benedictinos tradicionalmenteindependientes, para incluirlos en la órbita cluniacense. Con la aprobación expresa de los Papas,Hugo poco a poco concentró el poder de toda la orden en sus manos y transformó Cluny en unvasto imperio monástico que gobernó con sabiduría y bondad durante más de sesenta años. En la jerarquía eclesiástica solamente el Papa estaba en plano superior a él y en el mundo seglar su rangoestaba a la par con los reyes. Figuró prominentemente en muchos de los hechos históricos de sutiempo, al grado de actuar como intermediario entre un Emperador y un Papa en la famosahumillación de Canossa, en que Enrique IV esperó descalzo en la nieve durante varios días paraarrodillarse ante Gregorio VII en solicitud del perdón. El momento culminante de la vida de Hugo,empero, llegó cuando el Papa Urbano II que había sido monje y prior en Cluny bajo su guíapersonal, estuvo presente en la dedicación del gran altar de la majestuosa nueva abadía.El monasterio acumuló honor tras honor bajo este Papa cluniacense, que también fue el predicadorde la primera cruzada.Hugo había comenzado su obra emprendiendo la construcción de nuevos edificios monásticos paraalbergar el número creciente de monjes cluniacenses. Por último, la antigua segunda iglesia fueinsuficiente como claustro metropolitano de la gran orden, especialmente cuando delegaciones demonjes de los prioratos esparcidos en el país se reunían para los grandes capítulos de laconfraternidad. (Las crónicas señalan que en una reunión del año 1132, más de 1200 monjesestaban en la procesión.) La importancia creciente de Cluny como centro de peregrinacionestambién creó la necesidad de contar con mayor espacio en la abadía. Por estas razones prácticas, aligual que por el deseo de Hugo de coronar sus muchos triunfos con un monumento que rivalizancon el legendario templo de Salomón, comenzó a construir la tercera abadía. A pesar de todo supoder e influencia, Hugo no intentó emprender la obra antes de consolidar por completo laposición dominante de Cluny en el orden vigente, y antes de tener la seguridad de apoyoeconómico generoso. Los muchísimos prioratos de la orden que en esa época llegaron a sumar másde 1000 y que se extendían desde Escocia en el norte, a Portugal en el occidente y Jerusalén en elOriente, sin problemas pudieron contribuir para la obra. Además, se recibían ofrendas de personasde todas las clases, desde obispos, hasta el más humilde de los miembros de la parroquia, y de losgrandes señores hasta los más pobres peregrinos que llegaban a la abadía, llenos de fe religiosa.Por ello, en 1088, cuando tenía más de 65 años y en su cuadragésimo año como abad, Hugo deSemur, junto con el arquitecto Hezelo, comenzaron la construcción de la monumental abadía queen su magnitud y gloria eclipsó a otros templos de la cristiandad en Occidente. Gilon uno de susprimeros biógrafos, dijo que San Hugo el Grande “erigió esa obra tan magna en un lapso de veinteaños y que si un emperador la hubiese construido en tan breve plazo, hubiese sido consideradamaravilla”.LA TERCERA CRAN ABADIA DE CLUNY.En el exterior de la gran iglesia construida por Hugo se alzaban sus imponentes torres, Laplanta incluía dobles naves transversales, cosa insólita, y muchas capillas absidales colocadas ensentido radiado al coro. Era costumbre que una gran abadía contara con una impresionante linternasobre el cruce de la nave y el transepto. En Cluny, al igual que en San Saturnino en Tolosa (fig.89), esa enorme fábrica dominaba sobre la silueta del exterior, pero las torres octagonales gemelasde Cluny, a horcajadas de las naves del transepto, eran más bien raras en esa época. El transeptomenor también tenía su torre central, lo que hacía llegar su número a cuatro en el extremooccidental, las que añadidas a las dos en uno y otro lados de la entrada del nártex, hacían un totalde seis torres. A diferencia de las catedrales góticas de épocas ulteriores, el exterior de la terceraabadía no fue adornado con esculturas y todos los ornatos se concentraron en el interior. Incluso lafachada occidental era desnuda y sencilla, pues estaba diseñada para una comunidad introspectivaenclaustrada y, en consecuencia, no necesitaba extender invitaciones esculpidas al mundo exterior,como en una iglesia para los seglares.
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