• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
Carlos Armando De Castro P.
 
Mi charla con el obispo
1
MI CHARLA CON EL OBISPO
Carlos Armando De Castro P.
 
El relato que leerán a continuación es verídico y sucedió, lo juro sobre la tumba de mi abuelo(aunque ahora recuerdo que lo cremamos). Algunos detalles pueden variar debido a mi faltade memoria. Le pido al lector que
 por favor 
dé su opinión la cual me ayudará a decidir si soy bueno escribiendo relatos, o si por el contrario debo dedicarme a diseñar tuberías para agua.
 Me encontraba yo de paseo en Bogotá
1
aquellos días de agosto del 2006 recorriendo loslugares que me llamaban la atención o que todo el que visite la ciudad debe ir a ver. Iba yopor el centro de la ciudad caminando por la carrera séptima rumbo a la Plaza de Bolívar,
dedicada al tantas veces nombrado y homenajeado “Libertador” cuyo nombre (Simón José
de la Santísima Trinidad Bolívar Palacio Ponte y Blanco) ha servido hasta para ideologíaspolíticas que él nunca hubiera siquiera imaginado que existirían. Llegué a la plaza ymientras fumaba un cigarrillo me dediqué a pasar el rato observando las personas que ibande un lado a otro: turistas extranjeros admirando la arquitectura de la zona histórica deBogotá y sorprendidos porque no hubiera combates callejeros entre el ejército y otrosgrupos armados
2
; niños jugando a corretear a las palomas que hay en la plaza y que sirvenpara que los fotógraf 
os hagan dinero y para ‘adornar’ la estatua del Libertador y la cabeza
de algún transeúnte desprevenido; vendedores; fotógrafos y, lamentablemente, indigentespidiendo dinero, unos porque lo necesitan de verdad y otros porque tienen como negocio elhacerlo o para drogas, provocando que por desconfianza la gente no ayude a los que deverdad lo necesitan.Estaba yo en esas cuando mis ojos se posaron en la sede del arzobispado que se encuentraen una de las esquinas de la plaza. Ya que hacía más de un año había tomado en serio laposibilidad de hacer una declaración formal de apostasía de la Iglesia Católica Apostólica yRomana (ICAR) en la cual fui bautizado (sin mi consentimiento, obviamente, pues nadietoma decisiones cuando tiene un mes de edad) decidí dirigirme hacia allá para averiguarqué podía hacer con respecto a ello. A la entrada, como es lógico, un guardia de seguridad.- ¿En qué le puedo servir, señor?- Vengo para hacer unos trámites de renuncia a la fe católica.- ¿Es usted sacerdote?
1
Bogotá: Capital de Colombia (país difamado por la prensa y el cine estadounidenses). Según el censo de2005 cuenta con 7 millones de habitantes, aunque nadie en el país le cree al censo de 2005.
2
Según las difamaciones que hacen la prensa y el cine estadounidenses.
 
Carlos Armando De Castro P.
 
Mi charla con el obispo
2- ¡¿Qué?! No, no lo soy. ¿Doy esa impresión?- No señor, pero generalmente llegan aquí sacerdotes por los mismos motivos que ustedvino. Siga, por favor, aunque necesito que deje en portería su documento de identificación.Hecho lo solicitado y habiendo recibido un carné para poder movilizarme por el interior delarzobispado (notando además que no se me habían hecho requisas para verificar que nollevara armas) procedí a dirigirme hacia una oficina que me habían indicado luego de haberpedido señas. Hago notar que la arquitectura del lugar era bonita y estaba bien conservadoy arreglado (pero no me hagan caso, mi gusto es pésimo). Me acerqué a la secretaria y lecomenté mi caso:- Buenas tardes señorita.- Buenas tardes señor.- Vengo para averiguar el procedimiento para hacer una declaración formal de apostasía.- ¿Y eso qué es?- Eso, pues, es la renuncia a la fe católica, señorita.-
Ah…
- de mala gana- pues señor, eso es un asunto muy privado y personal de la gente, esoes entre Dios y usted. ¿Qué religión profesa actualmente?- Soy ateo (
de hecho soy panteísta, pero explicarle eso a la secretaria sería perder el tiempo
).- Ah.- Pero igual sé que se puede hacer una declaración formal ante el obispo o arzobispo el cualdebe dar la carta certificando que se ha hecho la apostasía, y además ser borrado uno de lalista de católicos.-
Sí, pero… espere. Hagamos algo, Monseñor Olarte no se encuentra en estos momentos, si
quiere venga dentro de media hora.- Bueno, muchas gracias, vuelvo en media hora.
(Media hora después)
- Vengo a ver a Monseñor Olarte.- Todavía no ha llegado, por favor venga en media hora.
 
Carlos Armando De Castro P.
 
Mi charla con el obispo
3
(Cuarenta minutos después)
- ¿Está Monseñor Olarte?- Sí, ya llegó, pero está ocupado en estos momentos, por favor espere unos minutos.
(Quince minutos después)
- Monseñor Olarte lo recibirá.- (
Murmurando
) Por fin.- ¿Cómo dice?- Que gracias.Tomé rumbo hacia la oficina de Monseñor y atravesé el umbral de la puerta (es decir,entré). Al entrar observé que el lugar estaba muy bien arreglado y todo se encontraba enorden, una alfombra roja cubría toda la habitación y había cortinas que cubrían todas lasventanas, aunque aún así dejaban éstas ver hacia el exterior el Capitolio Nacional y parte dela plaza. En fin, la oficina estaba en perfectas condiciones. El escritorio de Monseñor seencontraba al fondo de la oficina dando la espalda a una ventana y había a media oficina (¿oera cerca de la entrada?, ya lo he olvidado) una mesa grande de madera recubierta con lacay con seis sillas puestas para que la gente se sentara en ellas (bueno, ¿para qué otra cosason las sillas?). Todo era fino. Sentado en su escritorio se encontraba Monseñor Olarte,vestido con la ropa negra y el cuello blanco que muchos sacerdotes se rehúsan a utilizarhoy en día, era un señor ya entrado en años y que a primera vista me dio la impresión deque era alguien razonable con quien se podría tener una charla civilizada entre dos adultos.Monseñor Olarte se levantó para recibirme y procedí a estrecharle la mano y saludarle.Seguidamente me invitó a sentarme a la mesa al tiempo que permanecía él de pie (lo cual
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...