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Barnes, B. (1993), Cómo hacer sociología del conocimiento

Barnes, B. (1993), Cómo hacer sociología del conocimiento

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08/30/2014

pdf

text

original

 
9
Cómo
hacer
sociología
del
conocimiento
*
Barry
Barnes
(Traducción:
J.
Rubén Blanco)
E
n la
sociología
del
conocimiento
ya
no
se
discuten los
méritos
del
cons
-
tructivismo.
La disciplina
al
comple
-to,
y
especialmente la
sociología
del
conoci
-miento
científico, está
dominada
por
este
enfo
-
que. Hay
unanimidad
en
torno
a que
las
asercio
-nes
cognitivas
de
la
ciencia
son
invencioneshumanas
cuyo
origen
y
validez
se
establece en
procesos
sociales
contingentes que deben
inves
-
tigarse
como fenómenos
empíricos.
Todas
las
disputas
y
controversias
se
producenentre
varie
-dades de
constructivismo.
Incluso
el
presenteautor
es
una especie de
constructivista,
aunque
el
constructivismo
de la llamada
«Escuela
de
Edimburgo»
se
ha guiado por intereses
y
objeti
-
vos
muy
diferentes a
los
de
las
variedades hoy
más
populares.En lo que respecta a nuestra
comprensión
del
conocimiento
científico,
el
paso
al
constructivis
-
mo
se
considera a menudo como
una
reorienta
-cion cognitiva de
gran
envergadura,
de una
im
-
portancia
amplia y fundamental tanto
para
Ja
sociología
de la ciencia como
para
la
sociología
en
general.
Merece
la
pena
preguntarse hastaqué punto esto
es
así.La
perspectiva
instrumen
-
talista
en la
filosofía
de la
ciencia
—por
no
men
-cionar
las
posiciones
pragmatistas
eidealistas enla corriente principal de la
filosofía
académica—
han
defendido
de
antiguo muchos
temas del
constructivismo,
al
igual
que los
estudios
de
caso
de
muchos
historiadores
de la ciencia y de la
tecnología.
Y en
las
mismas
ciencias
sociales
al
-gunas ideas
claves
pueden
ser
remontadas
al
tra
-bajo
del
teórico
social
Alfred
Schutz,
y
a otras
fi
-guras
precursoras
en
la
sociología
del
conoci
-
miento,
en la
tradición
del
interaccionismo
sim
-bólico
y
en la
antropología
socia!.Es difícil
encontrar
algo
nuevo en la
aproxi
-
mación
constructivista
que
 justifique
la atenciónque ahora
recibe.
La calidad
y
alcance
de
las
aportaciones
de
muchos
estudios
constructivis
-
tas
recientes están fuera de
duda
y
no
arrojansombra de
duda
sobre la
corrección
de esta
perspectiva;
pero
la calidad y la
intuición
nuncabastan
para
asegurar audiencia.
Lo
que
atrajo
una
audiencia a la explicación constructivista
así 
como,
de
hecho,
el trabajo
académico
que la(re)construyó
y
la aplicó
en
primer
lugar,
es
queel
constructivismo
ofrecía
un
desafío
fundamen
-
tal
a
las
conclusiones de la epistemología
tradi
-cional, que hasta
ese
momento
había provisto la
descripción dominante
de la naturaleza del
co
-
Harry
Barnes.
Universidad
de
Exeter.
Política 
sociedad 
14/1S(1993-1994).
Madrid 
(pp.
9-19) 
 
nocimiento
científico,
laexplicación de su
pecu
-liar
eficacia
y lajustificación de su
autoridad
y
suhegemonía
institucional.
La relación
exacta
en
-tre la
filosofía
y
la
sociología
en
este
contexto
es,
sm embargo, bastante más compleja de lo quesugiere
esta
formulación
inicial
~.
ConstructiVismo
y
epistemología
tradicional
L
a
epistemología
tradicional
se
carac
-
terizaba
por
su individualismo,
su
re
-
alismo
y
su
racionalismo.
Estas
ca
-racterísticas
se
incorporaron
a
las
descripciones
de la evaluación del
conocimiento
científico quesirvieron
para
generar
confianza
en
la
ciencia
y
en
sus
practicantes. El constructivismo
social
se
ha utilizado como base
para
lanzar
un
desafio
global
e
incondicional
a
estas
descripciones:
lo
que
supuestamente
es
individual
—observación,
descubrimiento,
descripción—
se
describe comoun
logro
colectivo,
el
resultado
de
procesos
so
-
ciales;
lo
real
—los
tipos naturales,
las
esencias,
las
conexiones afirmadas
por
las
leyes
funda
-
mentales—
deviene
artifactual,
no
real,
simple
-mente
reificado;
lo que
es
obligado
racionalmen
-te e
implicado
lógicamente
—prueba,
demostra
-ción
deductiva—
resulta ser
sólo
contingente-
mente
aceptable
y
sujeto
al consenso
local.
En
este
contexto, el constructivismo
sirve
como
una
refutación punto
por
punto de la perspectiva
tra
-dicional
del
conocimiento
científico,
pues
fue
diseliado
para
serlo.
Sin
embargo,
cuando
una
posición establecida
se
cuestiona en
detalle,
punto
por
punto, de esta
forma, existe
siempre el
peligro
de que la perspectiva alternativa
emer
-gente
llege
a impregnarse
del
modelo
general
que
reemplaza, que lo
viejo
actúe como molde
para
lo
nuevo, que la
misma
tarea de
oposición
alo
anterior
condicione
profundamente
la
estruc
-tura de lo que
sigue.
Conviene examinar
s i
esto
es
lo
que
ha
ocurrido
aquí.La
descripción
de la ciencia ofrecida
por
laepistemología
tradicional
y
sistemáticamente
contestada
por
el
constructivismo
acentúa el
roldel
individuo
independiente
como
observador
de
una
realidad
externa
dada,
y
como
proveedor
de
informes
observacionales
fidedignos
a
partir
de los
cuales
puede construirse el
conocimiento
científico
por
procedimientos
de inferencia
se
-gura
y
de
razonamiento
lógico.
Pero
la
epistemo
-
logía
tradicional
supone s que
una
simple
descripción
de la ciencia.
Es un
elaborado
es
-quema
evaluativa
El
individualismo,
el realismoy el racionalismo
sonlos
polos
«positivos»
detres conjuntos de oposiciones.
En
la
epistemolo
-
gía
tradicional, el individuo
se
coloca por
enci
-
ma
de
lo
social
o
lo
colectivo,
lo
real
sobre
lo
convencional o
artifactual,
y
lo
racional
sobre lo
contingente.
Y
si
bien
nohay
duda de que el
constructivismo
rechaza la
visión
tradicional, entanto
que
describe la
ciencia
como
colectiva,
convencional
y
contingente,
no
está
claro que
re-
chace
el patrón de
oposiciones
características delaposición
anterior
o,
de
hecho,
la
forma
en
que
tradicionalmente
se
han realizado
evaluaciones
sobre
la base de
estas
oposiciones.Ciertamente, los
sociólogos
de la
ciencia
constructivistas
no
se
distinguen
por
conferir
un
gran valor al
conocimiento
científico
—ni
por
conceder
crédito
a
sus
practicantes—
porque
sea
convencional,
contingente
y
producido
colecti
-
vamente.
Ocasionalmente, quizá
algunas voces
individuales
hayan
tomado
esta
postura.
Puede
sostenerse
plausiblemente
que
esta era lavisiónde Thomas
5 .
Kuhn (1977),
cuyo
trabajo
ha
sidode inestimable importancia
en
el
desarrollo
de la
sociología
del
conocimiento
científico,
pero
la
gran
mayoría
de los
sociólogos constructivistas
del
conocimiento rechazarían
sin
duda
este tipo
de posiciones morales
y
evaluadoras,
y
ésta
es
quizá
una
razón
importante
por
la
cual
la
contri
-bución
pionera
de Kuhn
nunca
generó
entre
los
sociólogos
el grado de reconocimiento
y
deemulación que merecía de
acuerdo
con
sus
me-
ritos técnicos.
De
otra
parte,
sólo una minoría
de
sociólogos
parece haber
rechazado por
comple
-to los intereses evaluadores
y
haber descartadoel dualismo de la epistemoloa
tradicional
como
irrelevante
para
su
proyecto
2
Dado
que
ni
se
oponen
al mareo
evaluativo
de la
epistemolo
-
gía
tradicional
ni
renuncian completamente a
un
intes en la
evaluación,
puede
afirmarse
que
muchos
sociólogos constructivistas
del
conoci
-miento deben
compartir 
la
perspectiva
evaluativa
de la epistemología
tradicional
que
tan
ávida
-
mente
rechazan, Y, de
hecho,
esta
improbable
conclusión
llega
a
ser más plausible cuando la
si
-tuación
se
examina
en
mayor
detalle.
¿Son
los
sociólogos
las
únicas
personas
inmu
-nes a
los
méritos
de la acción
colectiva
y
sensi
-
PQLITICS9
 
bIes,
en cambio,
al
entusiasmo
por
la
idiosincra
-sia
individual?
Aparentemente
sí.
Al
compren
-
der
la
ciencia como
un
logro
colectivo,
su
objeti
-vo es,
en muchos
casos,
minar
su
posición,
menguar
su
honor
y
debilitar
su
autoridad.
Tal
como los
epistemólogos racionalistas,
emplean
la
referencia
a
los
procesos
sociales
colectivos
para
producir
evaluaciones
negativas.
Como
ellos,
expresan
su
concepción
de lo
mejor
en
la
forma
de
un
individuo exento de constricciones
sociales,
mas no
precisamente
el
individuo
racio
-nal
de
la
epistemología tradicional,
sino
un
pri
-
mo
cercano,
un individuo
libre
creativo,
de
ima
-
ginación
irrestricta,
una
fuente
de diferencia
y
de
diversidad.
De
igual
forma, hay
muchos
sociólogos
cons
-
tructivistas
para
quienes
el
realismo
es el
enemi
-go,
pero
que,
sin
embargo, están completamentede
acuerdo con
los
epistemólogos realistas en
el
uso
evaluativo
de
la
oposición
real/convencio
-nal. Al
dibujar
la
concepción
de
lo
real
como
una
reificación buscan
devaluar
la
descripción:
la
fuga
de
lo
real
sirve
para
modificar
el
valor de
la
descripción
tal
como
haría
la
epistemologíatradicional.
La única diferencia
entre
ambas
es
-
cuelas
de
pensamiento
es
incidental:los
episte
-
mólogos
realistas
son
por
lo
general entusiastasde
la
ciencia
nada
inclinados
a
poner su
autori
-
dad
en
cuestión,
mientrasquelos
sociólogosconstructivistas
no lo son.
Por
último,
está
la
oposición
racional/contin
-
gente
que
es
el
núcleo
mismo
del
dualismo de
la
epistemología tradicional.
La racionalidad
sepa
-
ra
a
los
seres humanos
del
mundo
material
ina
-
nimado.
Los
seres
humanos
se
mueven
por
razo
-
nes,
los
objetos
materiales
por
causas.
Cualquier
intento
de explicar
la
conducta
humana
«reducti
-
vamente»,
por
referencia
a
causas,
genera
una
gran
ansiedad, pues
amenaza
con
asimilar
el
va
-
lioso ámbito de
la
acción
humana
autónoma
al
ámbito
sin
valor intrínsecode
lo
no-humano.
Muchos
constructivistas
también
comparten
esta
preocupación.
Por
ejemplo,
aparececlaramenteen
la
obra
de
Harry
Collins(1990),
un
crítico
in
-
condicional de
la
epistemología
tradicional
que,
sin
embargo, ha trabajado
durante
muchos años
para sostener
precisamente
esa
concepción de
la
acción
libre
contra
las
pretensiones
del
movi
-
miento de
la
inteligencia
artificial.
Y
Collins
noes
en
absoluto una
excepción:
muchasde
las
co
-
rrientes
actualmente
favorecidas
en
la
sociologíaconstructivista
de
la
cienciaevitan
tenazmente
todo
desdibujamiento de
la
oposición
clave
hu
-
mano/no-humano
—del
modo
más
significativo,
al
reconocer
un
tabú
sobre
el
discurso
causal
en
el
estudio
sociológico
y
al
negar
que
la
sociolo
-gía
sea inteligible como
ciencia—.En
suma,
no
sólopuede
sostenerse
que
mu
-
chos
sociólogos
constructivistas
de
la
ciencia
han
sido
asimilados
por
el
proyecto
de
la
episte
-
mología
tradicional
sino
también
que han
acep
-
tado
el
marco
de trabajo
dentro
del
cual
ha
sido
llevado
adelante
ese
proyecto
y
que,
además,
lo
han
aplicado
con
propósitos
evaluativos
justo
al
modo
tradicional.
Sólo
algunas
pequeñas
dife
-
rencias
relativas
a
como
se
debería
distribuir
la
autoridad
cognitiva
en
la
sociedad separan
a
lossociólogos
de
los
filósofos:
formalmente,
sus
po
-
siciones
están
muy
cercanas.
(De
hecho,
se
haobservado
que,
en
sus formulacionesextremas,
las
posiciones superficialmente
opuestas
resul
-tan
realmente
idénticas, que
el
nihilismo
bienpuede
ser
descrito
como
súper-racionalismo,
que
los
seguidores de
ambos
comparten
en
últi
-
mo
término
la
convicción
de
que donde
no
hayrazon
no hay
nada).
¿Qué
hacer?
E
n
detrimento
de
su
campo,
y
por
in
-
tereses
morales
extrínsecos, los
so
-
ciólogos
del
conocimiento
han sido
arrastrados
a
modos de
pensamiento
dualistas,
a
usar
el
mismo
marco
de oposiciones
evaluativas
de
la
epistemología
tradicional
que
con
frecuen
-cia
pretenden
haber
transcendido.
Mejor harían
en
volver
a un
enfoque
incondicionalmente
mo
-
nista
y
rechazar,
no
necesariamente
los
concep
-
tos
o
inclusolos
 juicios devalor
específicos
de
la
epistemología
tradicional,
sino su
forma.
Por
su
-
puesto,
hacer
esta
afirmación
es
avanzar
la
con
-
cepción
general
de un
proyecto
sociológico
que
no
puede
justificarse
adecuadamente
aquí.
Sim
-
plemente
procederé
conforme
al
supuesto
de
que
la
moralización
es
accidental
al
proyecto
so
-
ciológico,
no
intrínseca
a él,
y
defenderé una
aproximación estrictamentemonista
sobre esta
base3.
¿Qué
aporta
en
la
práctica
un
enfoque
monis
-
ta?
¿Cómo deberíamos
manejar,
por
ejemplo,
la
distinción
entre
fenómenos individuales
y
colec
-
tivos,
dado
que
hemos
renunciado
a
los
objeti
-
PO!~I¶3Wk

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