TOMÁS A. CHUAQUI361
convicciones de las personas, no de estructuras metafísicas derivadas deleyes divinas, o de la naturaleza entendida en forma aristotélica. La natura-leza es objeto de la investigación empírica, sin exceptuar a la naturalezahumana, a través de la observación, la inducción, y la generalización. Enprincipio, todo lo natural es explicable, incluyendo nuevamente a la natura-leza humana. Si la comprensión que tenemos de nosotros mismos es en elpresente incompleta, esto se debe sólo a que somos artefactos enormementecomplejos, y Hume deja abierta la posibilidad de que nunca seamos capa-ces de entendernos por completo, puesto que es obvio que somos seres decapacidades limitadas. Lo que deriva de la constitución natural de los sereshumanos, entendiendo lo natural en el sentido empírico ya bosquejado, esun lugar de explicación, aunque no necesariamente de justificación, paralas acciones humanas: la superstición y lo que Hume llama el “entusiasmo”político responden a impulsos humanamente naturales, pero esto no signifi-ca que sean justificables. No son justificables porque sus consecuenciaspolíticas y sociales son nocivas: producen fanatismo e inmoderación, ydificultan la resolución de conflictos al endurecer las posturas presentadasen el ámbito público
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. Es decir, la naturaleza puede manifestarse en formaperversa, pero es susceptible de corrección.Esta concepción de lo político tiene relación con la personalidad delHume histórico, es decir, con el sentido que Hume le dio a su propia vida.Ésta fue principalmente la del investigador, y su ocupación permanente fuesiempre la del estudio y la reflexión, aunque esto no significó que seencerrara en el gabinete filosófico, alejado del mundo y de las relacionesinterpersonales. Hume nació en 1711, en Escocia, de una familia relativa-mente acomodada, y a temprana edad decidió dedicar su vida a la prácticay perfeccionamiento de sus indudables talentos literarios y filosóficos. Coneste propósito el joven David se trasladó a Francia, donde retirado enRheims y La Flèche, entre 1734 y 1737, escribió el
Tratado de la naturale- za humana
. El
Tratado
sirve de base a toda su producción intelectualposterior, y aunque, como él mismo dice, originalmente no recibió mayoracogida
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, el intrépido intento de “introducir el método experimental de
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Si esta concepción le recuerda al lector el pensamiento de John Rawls, es por unabuena razón: Rawls mismo reconoce su deuda con Hume, tanto en
A Theory of Justice
(1971)como en
Political Liberalism
(1993), particularmente, pero no de un modo exclusivo, en loque se refiere a la posibilidad de gestar una sociedad pluralista razonablemente armoniosa yestable. Véase, por ejemplo,
Political Liberalism
(1993), p. xxv, n. 12.
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“Jamás intento literario alguno fue más desgraciado que mi
Tratado de la naturale- za humana.
Ya salió
muerto de las prensas
, sin alcanzar siquiera la distinción de provocarmurmullos entre los fanáticos”. David Hume,
Autobiografía
(1992), pp. 3-28. La cita es de lap. 9. Cursivas en original.
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