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Anuario del Grupo de Mujeresde la Iglesia Evangélica[Paseo de la Estación, 32]
COORDINADORA: Jacqueline Alencar PolancoCONSEJO DE REDACCIÓN: Lidia González, Elena Gil,Carmen Criado, Élide Tapia y Matilde RolhaiserDIBUJOS DE CUBIERTA: Miguel ElíasILUSTRACIONES Y FOTOGRAFÍAS: Miguel Elías,Durero, Arantxa Anttila, Floren B. Murciego,Johana Rolhaiser y otrosDISEÑO Y MAQUETA: Javier TorreEDICIÓN: Ediciones Jorge BorrowASESOR EDITORIAL: A. P. AlencartIMPRESIÓN: KadmosCONTACTOC/ Abastos, 7 portal 6 1º B37008 Salamanca (España)Telf. 923 192349Depósito Legal: S. 889-2007
Editorial
ELENA GIL
Desde este Editorial queremos anunciar elnacimiento y la razón de ser de esta revista.Ha sido un proyecto trabajoso y valiente denuestra hermana Jacqueline Alencar, abordadocon gran ilusión. El contenido lo componen múl-tiples aportaciones de hombres y mujeres quequieren celebrar con nosotros los ya setenta y cin-co años de existencia ininterrumpida de nuestraiglesia evangélica en la ciudad de Salamanca.En una ciudad como ésta, por excelencia ciu-dad de cultura, tiene que haber cabida para unapublicación memorial que nos hable de aperturay de mentes bien dispuestas a una investigaciónconstante. En los setenta y cinco años de nues-tra presencia en Salamanca, hemos encontrado,tanto salmantinos como personas de otras latitu-des, una nueva manera de enfocar la vida.Artículos, charlas, poemas, fotografías…,bajo el nombre de SEMBRADORAS, muestrancómo vivimos, nos movemos y pensamos loscristianos evangélicos de este punto de Castillay León.Hoy estamos contentas y más que satisfe-chas, nos basta con ofreceros lo impreso en es-tas páginas. Mañana será otro día, y posiblemen-te se pueda hablar del futuro.El nombre propuesto habla de mujeres traba-jadoras, fuertes, infatigables, pacientes, capacesde mirar al cielo gris plomizo de Castilla en díasde tormenta y vislumbrar que la cosecha puedeestar en peligro, pero capaces también de doblarlas rodillas para trascender más allá de lo visible,hacia la Eternidad.Nuestro cariño vaya delante de esta revista,que en primer lugar es para vosotros, los que nonos conocéis y tenéis interés en saber quiénessomos; y, en segundo lugar, para aquellos quehabéis colaborado en el proyecto, a quienes ade-más damos, de todo corazón, las gracias porquecon vuestro bien hacer os habéis sumado a estetestimonio.
 e d  i   t   o r  i   a  l  
 
Las espigadoras
CLAUDIO GUTIÉRREZ MARÍN 
El sol abrasa y ciegacon sus potentes rayos nuestros ojos.Pasáronse los tiempos de la siega,y en el campo, erizado de rastrojos,se yerguen, a lo lejos, relumbrantesmontones de gavillas,sobre el gris del terruño, semejantesa gigantescas piedras amarillas.Humildes, encorvadassobre la tierra ardiente, largas horaspermanecen, buscando en sus azadasun firme apoyo las espigadoras.Pacientes, afanosas, como hormigas,han de formar un hacecillo escaso,cogiendo una por una las espigasque el sembrador abandonó a su paso.¡Cuán penosa, en verdad, es su tarea!;pero elllas cantan con los ojos fijosen el surco… ”Volviendo a nuestra aldeallevaremos el pan a nuestros hijos”.Y en alas de este dulce pensamiento,ven alejarse el resplandor del día,porque el amor transforma el sufrimientodel trabajo más duro en alegría.Trabajar por amor es ir dejandouna huella de luz en el camino,y es permitir a Dios vaya forjando,con su santa bondad, nuestro destino...Ha declinado el sol. De los senderossurge un dulce revuelo de cantares;son las espigadoras, los obreros,que retornan, cantando, a sus hogares.
 
La mujer en elorden de Dios
MARGARITA BURT 
La historia de nuestro planeta se abresobre un mundo oscuro, caótico, vacío ydesordenado con densa oscuridad cubrien-do la faz del abismo. Dios habla y su palabraintroduce orden. Hay luz, vida, vegetación,animales y, finalmente, como la culminaciónde su creación, el hombre, en el cual es de-legada la responsabilidad de mantener el or-den que Dios ha establecido: “Le has hechopoco menor que los ángeles, y lo coronastede gloria y de honra. Le hiciste señorear so-bre las obras de tus manos; todo lo pusistedebajo de sus pies: ovejas y bueyes, todoello, y asimismo las bestias del campo, lasaves de los cielos y los peces del mar” (Sal-mo 8:5-8). Bajo la autoridad de Dios, él teníaque gobernar el hermoso mundo que Dioscreó. A este mundo nuevo y reluciente Diosintrodujo a la mujer, el broche de oro de sucreación, sacado de la costilla del hombrepara andar a su lado, bajo su protección. Erala ayuda que él necesitaba para no vivir ensoledad, para procrear, y para disfrutar de lacomunión de Dios juntamente con ella.Que ella estuviera bajo su responsabili-dad, como parte del orden establecido porDios, lo vemos por cuanto Dios le dio a éltodas las instrucciones en cuanto a lo quetenían que hacer y lo que no tenían que ha-cer antes de que ella existiera: “Y mandóJehová Dios al hombre, diciendo: De todoárbol del huerto...” (Gen. 2:16). Caía sobreél la responsabilidad de instruirla en los ca-minos de Dios en cuanto a su voluntad paralos dos. Fue después de esto que Dios hizocaer sueño profundo sobre Adán; y mientraséste dormía, tomó una de sus costillas paraformar a la mujer. Con la creación de ella,todo ya estaba perfecto. Todo era luz y pazhasta el día fatal en que ella se salió de sulugar bajo la autoridad de su marido y trajola oscuridad, el caos y el desorden al mundootra vez.Lo que hemos dicho es muy significativo.El pecado entró en el mundo por la insumi-sión de la mujer y esto condujo al desorden.En el designio de Dios, el orden consiste enun orden de autoridad, no de valor. En el cie-lo antes de la creación había orden. El Padrepresentía su voluntad perfecta, el Hijo, obe-diente y en sumisión libre a esta voluntad,la llevaba a cabo en el poder y la comunióndel Espíritu. Cuando el Padre preguntó antesde los albores del tiempo: “¿A quién enviaré,y quién irá por nosotros?”, el Hijo contestólibre y gozosamente: “Heme aquí, envíamea mí”(Is. 6:8). La libertad y la sumisión noestán reñidas. Sólo la persona libre puedesometerse. Lo demás es imposición. La su-misión tampoco denota inferioridad: el Hijoes tan divino como el Padre y el Espíritu. Labellísima persona que Dios creó para estarbajo la autoridad del hombre no era menosque él en ningún sentido. Es que su esferade responsabilidad era otra. Trabajando comoequipo, los dos en uno, iban a ser el refle-
 a  r  t   í   c  u l   o s  y  e n s  a  y  o s 
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