You are seeing our new document Reader view. Click here to revert. Feel free to leave us feedback on this feature .
×
  • Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
–Creí que no me recibirías –decía Raúl Arancibia; miraba el rostro de Tamara;contrastaría imágenes y recuerdos–. ¿Sabía la chola que me abrió la puertaquién era yo?–Por supuesto –respondía Tamara; agregaba en tono de advertencia–. Perono le digas chola. Su nombre es Malenita –examinaba la nueva aparienciade Arancibia: la barba de candado, el sombrero de junco, el terno de hilocolor beige–. Es mi amiga –continuaba–. Mi asistenta. Mi enfermera. La quecuida de mi persona cada día. Desde hace quince años.–¿Y qué sabe ella de mí? –rezongaba irónico.–Lo suficiente para entender que eres un perro –declaraba ella desde elsillón donde estaba sentada–. Y para eso no es necesario contarle toda tuvida.–¿Te sorprende que haya venido a verte? –Arancibia había tomado asientosin ser invitado.–Le verdad no mucho. Como no me sorprendieron a lo largo de estos añostus llamadas nocturnas. Pero basta, Raúl, ¿qué deseas?–Charlar. Nada más que eso: charlar –el tono era ahora conciliador–. Tranquilízate, mujer. Solo necesito ocultarme algunas horas.–¿Ocultarte de quién? No, pensándolo mejor no me lo digas. No quierosaberlo, pero dime: ¿cuántas horas? –decía Tamara; pensaba en lasreuniones clandestinas del partido, en los viejos tiempos, que podíanprolongarse hasta el amanecer.–¿De verdad no quieres saber de quién me oculto?–Puedo imaginarlo, Raúl. Leo los periódicos. Esto es asunto tuyo. En lo que amí concierne solo quiero saber cuánto tiempo quieres ocultarte aquí.
    of 00

    Leave a Comment

    You must be to leave a comment.
    Submit
    Characters: ...
    You must be to leave a comment.
    Submit
    Characters: ...