CAPITULO 1EL MÉTODODefinición, objetivo y método de los Ejercicios Espirituales (Anotación 1ª)
Por este nombre, exercicios spirituales, se entiende todo modo de examinar laconciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras spiritualesoperaciones... para quitar de sí todas las afecciones desordenadas, y después de quitadas para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima...
Tal es la definición que nos da Ignacio de los Ejercicios Espirituales y en la que sedeja ver de modo muy claro el objetivo primordial que se persigue. Se trata, en primer lugar,de un trabajo en el orden de los afectos y, en este sentido, como iremos viendo en adelante,los Ejercicios, desde un punto de vista psicológico, poseen como finalidad primordial elentrar en el mundo afectivo del sujeto para provocar una remodelación del mismo que loacomode y lo ordene conforme a una determinada concepción del ser humano: la que seformula en el Principio y Fundamento.Se trata, en este sentido, de lo que podríamos denominar con unos términos a la vezsocioeconómicos y psicoanalíticos, de una especie de “reconversión libidinal”. Es decir, de untrabajo que consistiría en retirar las cargas afectivas de aquellos objetos que se teníaninvestidos libidinalmente, y después de quitadas, buscar y hallar la voluntad divina, es decir,iniciar (
buscar
) un proceso de nuevo investimento libidinal y encontrar así (
hallar
) un nuevoobjeto (
la voluntad divina
).Desde los mismos inicios de nuestra vida psíquica, en efecto, nuestro mundoemocional ve realizando una serie de vinculaciones afectivas con aquellos objetos que seenlazan a cualquier tipo de gratificación. Entre estos primeros objetos se encuentran,naturalmente, las figuras parentales que garantizan la supervivencia, proporcionando losmedios necesarios en la satisfacción de las necesidades primarias y ofreciendo un clima deprotección y de amor, tan obligado para sobrevivir como el alimento. Desde esos primerosestadios, nuestro mundo afectivo irá ampliando de un modo rico y complejo susvinculaciones de objeto, tanto con las personas que sucesivamente aparecen en el horizontepersonal, como con los objetos materiales e, incluso, las propias ideas y fantasías. La propiarealidad personal, cuerpo incluido, formará también parte importante de este mundo de “objetos de amor” que van constituyendo la propia y singular dinámica personal
. A esadinámica afectiva personal, siempre cambiante en sus atracciones y rechazos profundos, esa donde Ignacio pretende que el ejercitante entre a fondo para discernirla y transformarla,de modo que se haga posible una vinculación con Dios tan radical que “ordene” todas lasdemás y posibilite un nuevo modo de encauzar la vida.Pero esa nueva experiencia de amor, en el planteamiento ignaciano, no puede quedarreducida al campo de la mera emocionalidad. La experiencia religiosa debe tener unarepercusión decisiva en la configuración de la vida (
en la disposición de su vida
). Es decir,está llamada a modificar profundamente el conjunto de su mundo de valores, pensamientos,conductas, etc., del ejercitante
para la salud del anima
. Sin esta necesaria incidencia
en ladisposición de su vida
, sabe Ignacio que todo el proceso de los Ejercicios podría quedarreducido a una experiencia puramente imaginaria; es decir, a la creación de un mundoafectivo que tan sólo busca huir del enfrentamiento con la realidad, o, dicho de otra manera,
1 Sobre la dinámica afectiva, en general, y sobre su desarrollo y evolución me detuve en la obra
Losregistros del deseo
, Desclée de Brouwer, Bilbao 2001.1
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