problema, no resuelto en absoluto, consiste en establecer lo que después dealgunos años queda de los conocimientos testimoniados gracias a losexámenes superados, y en qué consiste lo que subsiste independientementedel detalle de los conocimientos olvidados. Sobre estos dos primeros puntos nosabemos apenas nada.En segundo lugar, un circulo vicioso, y mucho más grave aún, pues se pretende juzgar el valor de la enseñanza escolar por el éxito en los exámenes finales,mientras que, de hecho, una buena parte del trabajo escolar está influida por laperspectiva de tales exámenes y, según los buenos espíritus, deformadagravemente por esta preocupación que se convierte en dominante. Está claro,por tanto, que, con toda objetividad científica e incluso con' todo el respeto quese debe a los padres y especialmente a los alumnos, la cuestión principal de unestudio pedagógico de rendimiento escolar seria comparar los resultados de lasescuelas sin exámenes, en las que los maestros juzgan el valor del alumno enfunción del trabajo de todo el año, y el de las escuelas ordinarias donde laperspectiva de los exámenes quizá falsea a la vez el trabajo de los alumnos y elde los mismos maestros. Se contestará que los maestros no son siempreimparciales, pero ¿las parcialidades locales eventuales causarían más estragosque las partes aleatorias y de efectivo bloqueo que intervienen en todoexamen? Se responderá también que los alumnos no son cobayos parasometerse a experiencias pedagógicas, pero ¿las múltiples decisiones oreorganizaciones administrativas no conducen igualmente a experiencias cuyaúnica diferencia con las experiencias científicas está en que aquéllas noimponen controles sistemáticos? Se contestará, finalmente, que los exámenespueden comportar una utilidad formativa, etc., pero eso es precisamente lo quese tratarla de verificar mediante experiencias objetivas, sin contentarse conopiniones aunque sean tan autorizadas como las del experto, tanto mas cuantoque esas opiniones son múltiples y contradictorias.En consecuencia, sobre todas estas cuestiones fundamentales y muchas otras,la pedagogía experimental que, sin embargo, existe y ha proporcionado ya ungran número de trabajos de valor, aún siguen siendo muda y atestigua lasorprendente desproporción que aún subsiste entre la amplitud o la, importanciade los problemas y los medios movilizados para resolverlos. Cuando un médicoutiliza una terapéutica interviene también un cierto grado de empirismo y, anteun caso particular, nunca se tiene completamente la certeza de si son losremedios empleados los que han conducido a la curación o si la vis medicatrixnaturae hubiera hecho los mismos efectos. No obstante, existe un considerablecuerpo de investigaciones farmacológicas que, unidas al progreso de losconocimientos fisiológicos, proporcionan una base cada vez más seria a lasinstituciones clínicas. Por tanto, ¿cómo les posible que en el campo de lapedagogía, donde el porvenir de generaciones crecientes está en juego almenos en el mismo grado que en el dominio de la sanidad, los resultados debase sigan siendo tan pobres como indican algunos pocos ejemplos? EL CUERPO DOCENTE Y LA INVESTIGACIÓN Desde 1935 a 1965, en casi todas las disciplinas designadas por los términosde ciencias naturales, sociales o humanas, se podrían citar nombres de grandes
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