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-con juveniles dejos, siendo recia-
había un despertar de cosas justas y un dar la espalda a izquierdas y derechas para que todos fueran unos y uno sólo el camino y una su bandera
...
Dice el hispanista Ian Gibson que Antonio Machado fue un poeta admirado por José Antonio.Es cierto, esa admiración ya le venía al fundador de la Falange desde muy joven y por esoaceptó la invitación para asistir en el Hotel Ritz, de Madrid, el día 8 noviembre de 1929, alhomenaje a los hermanos Machado con motivo de festejar el éxito de la obra
La Lola se va a los puertos
protagonizada por Lola Membrives, para quien fue escrita expresamente la comedia
.
José Antonio, que años más tarde pondría en pie a muchos poetas, hizo la presentación delacto ante los numerosos invitados no sin cierta agitación pues era la primera vez que hablaba en público. Comenzaba diciendo que el homenaje estaba dedicado «a dos intelectuales henchidosde emoción humana, receptores y emisores de la gracia de la alegría y la tristeza populares.Sentido de intelectuales que contrastó con el intelectual inhospitalario y frío, encerrado en sutorre de marfil, insensible a las vibraciones del verdadero pueblo. No estaría de más subrayar que el homenaje es a los poetas, sí; pero también a los dramaturgos. Hay que acabar de una vezcon esa crítica miope –y tanto más convencional cuanto más libre de prejuicios quieren parecer– , que cada vez que estrenan los Machado sólo deduce el triunfo de los poetas. No. El públicoque ovaciona a los Machado es público de teatro, y les rinde el tributo de su admiración porqueson los dramaturgos, los constructores dramáticos quienes le emocionan y le encantan. Que sondos grandes poetas ya lo sabemos todos hace muchos años. Hay escritores a quienes sólo se puede admirar. A otros, como a Manuel y Antonio Machado, se les admira y se les ama».Antonio Machado, el mayor de los dos hermanos, y, según Ridruejo, el poeta más grande deEspaña desde el vencimiento del siglo
XVII
hasta la fecha, nace en Sevilla en 1875 y fallece enel exilio en la ciudad francesa de Colliure en 1939 abandonado y olvidado por todos: por los deun lado y de otro, por quienes tanto ruido y alharaca armaron en defensa de la cultura occidentaldemocrática. No supieron rodear la muerte de este hombre –decía Ridruejo– del consuelo y delhonor que merecía. Murió allí ignorado, en soledad y desatendido, después de estar en uncampo de concentración. Sobre esto, Francisco Umbral recuerda lo que le decía un falangistacuyo nombre no cita: «Sí, pobre don Antonio, pobre don Antonio, pero no hubo un republicanocon
poder que, en su huida a Francia, metiese a Machado en su coche; tuvo que irse a pie». Y elmismo Umbral añade: «Y yo me callaba, porque el falangista tenía razón». Lo había presentidoel poeta hacía mucho tiempo:
Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la naveque nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como loshijos de la mar.
Era la España del éxodo y del llanto que tan bien cantó León Felipe en losversos «mexicanos» del poema
Hay dos Españas
: la del soldado y la del poeta. La de la espadafraticida y la de la canción vagabunda. Hay dos Españas y una sola
canción. Y ésta es la cancióndel poeta vagabundo:
Franco
,
tuya es la hacienda / la casa, / el caballo / y la pistola. / Mía es lavoz antigua de la tierra. / Tú te quedas con todo y me dejas
desnudo y errante
por el mundo.../ Mas yo te dejo mudo...¡mudo! / y ¿cómo vas a coger el trigo / y a alimentar el fuego / si yo mellevo la canción?
Antonio Machado publica en el año 1901 su primeros poemas que aparecen enel número 3 de la revista
Electra,
donde seguiría colaborando. En su primer poemario
Soledades
que aparece en 1903, se advierte la influencia de Rubén Darío. «Yo también admiraba al autor de
Prosas profanas,
el maestro incomparable de la forma y de la sensación», dice Machado. Enel poeta andaluz el peso del modernismo cede ante un estilo propio que expresa emociones de lavida íntima o familiar. Su preocupación por el destino de España, el paisaje castellano, losrecuerdos de Sevilla son componentes esenciales en su poesía:
Esta luz de Sevilla... Es el palacio
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