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El Maestro de Taylor Coldwell

El Maestro de Taylor Coldwell

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Published by Francisco Gurrola
Descripción de un maestro de los Estados Unidos, que expresa sus impresiones y asume sus responsabilidades, ante la situación siniestra que padece su entorno social.
Nos alegramos que eso sucede solo por allá arriba.
Descripción de un maestro de los Estados Unidos, que expresa sus impresiones y asume sus responsabilidades, ante la situación siniestra que padece su entorno social.
Nos alegramos que eso sucede solo por allá arriba.

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Published by: Francisco Gurrola on May 16, 2013
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05/17/2013

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El Maestro
 
Taylor Caldwell
 
El Maestro
i
 
Taylor Caldwell
ii
 
El hombre que estaba sentado en la blanca habitación con cortinas azules y unasilla de mármol era joven, pero parecía viejo porque tenía un color grisáceo y defatiga, con los rasgos tensos y los ojos marchitos en la cara cansada. Tenía unanariz larga y flaca con punta afilada, una expresión inteligente y sensible aunqueahora estuviera amargada y una boca intensa y también amargada. Todo era en élorden; peinado y cuidado, aunque su ropa fuera barata y sus zapatos no hubierancostado más de diez dólares. Sus manos finas estaban muy arregladas y se movíanimpacientes sobre los costados de la silla.Miró sombrío las cortinas.No voy a decirle mi nombre
 –
dijo-, pues necesito mi salario y no quisiera que losrumores sobre mis quejas llegaran a la junta directiva de la escuela. Sí, soymaestro y un maestro no se debe quejar nunca, debe dedicarse siempre a los
niños, a su “sagrada vocación”. Ya he oído a la presidenta de la asociación depadres y maestros decir que es una “vocación sagrada”. Solo que al decirlo
llevabapuesto un sombrero de primavera que costaba por lo menos la mitad de mi salariomensual. Nos miraba, toda ella radiante y rosada y con hoyuelos y nos felicitaba
por haber sido “llamados”. Y nosotros sonreíamos, con un poco de nauseas, pues
lo ingresos mensuales de su marido son más que nuestros salarios anuales. Me
pregunto a qué se dedica ella y cuál es su “vocación”. Ella cree que porque dio a
luz tres niños escandalosos y descarados, cada uno de los cuáles es un malditopara sus maestros, ya ha hecho la cosa más noble de todas y ahora nosotrosdeberíamos sentirnos felices de dedicar nuestras vidas a sus retoños.
 “Fue muy elocuente, y hasta hacía algunos movimientos de ballet con las manos ysubía los ojos y hacía una voz cantada. “Un maestro –
gorgojaba -, ¡como detestoa esas madres profesionales y gorgojeantes!, no se preocupa por el dinero. ¿No eseso maravilloso en esta época materialista? Él o ella han dado su vida para los
sagrados niños”.
Me quede mirando a Marcia, que estaba sentada frente a mí, y pensé en su salarioy en su madre inválida y cómo acababa yo de firmar con ella para un préstamoque le permitiera pagar las cuentas de los doctores. Marcia, que lo mismo que yodebe buscar otro trabajo en el verano en lugar de dedicarlo a estudiar o descansaro a refrescarse con alguna vacación para que en septiembre pudiera ser no sólouna mejor maestra sino un ser humano completo. Pues esto es parte del horror:que no somos seres humanos completos. Nunca se nos permitió serlo.
 
 “Dedicados”. ¿Por
qué toda la gente cree que un maestro no debería tener vidapropia, placeres, alegría, dinero, risas y de vez en cuando un pecadillo inocente?,¿Quiénes son esas madres profesionales y esos padres presumidos para creer quesus hijos merecen nuestra muerte en vida? ¿O la vida de cualquiera si ya llegamosa eso? ¿O incluso la de ellos mismos? La mayoría de la gente sólo ocupa lugar enel mundo sin contribuir un ápice a él, más que hacer réplicas sin fin de sí mismos
que deben después ser “educadas” 
.La habitación estaba muy quieta y callada. El hombre suspiró y miró a sualrededor.-Usted no lo sabe- dijo
 –
lo maravilloso que es estar en un lugar tan tranquilo ysilencioso como éste. Sin niños, sin junta directiva, sin director, sin asociación depadres y maestros, sin voces estridentes, sin pies que golpean, sin preocupacionesni ansiedades. Pero sobre todo sin voces y sin timbres.
 “hace poco tiempo a un hombre decirle a otro: Es muy gracioso que los
maestros siempre se están quejando de sus bajos salarios y sin embargo me hedado cuenta de que la mayoría deja buenas herencias. ¿Vio cuando murió la vieja
señorita Thompson? “Tenía ochenta años y dejó casi doscientos mil dólares. Noestá nada mal, ¿verdad? Nada mal”. Tenía yo ganas de decirle a ese tonto –
dijo elmaestro subiendo la voz
 –
que la vieja señorita Thompson pudo guardar unabuena parte de su salario antes de que entraran en escena los altos impuestos yen una época en que el salario de un profesor era bastante bueno, comparado conel de un trabajador no calificado, además de que los precios eran bajos. Y todavíamás, muchos maestros han recibido herencias respetables de sus padres y otrospermanecen solteros y tienen pocos gastos. Solteros. ¡Ahora debemos permanecersolteros porque no podemos permit
irnos el matrimonio! ¡Marcia…
!- La única vez que vemos algo bonito es cuando estamos en la escuela, toda devidrio y con paisaje, con albercas frías y calientes, con hermosos muebles y murosde colores, con gimnasios bien equipados y auditorios que parecen teatros caros.Pero después regresamos a nuestros cuartuchos ordinarios con muebles viejos quenos dio nuestra madre o con los palos miserables de un departamento amuebladobarato. ¡ Y aun así, nosotros los maestros somos increpados en la prensa y en las
reuniones públicas precisamente por nuestras “escuelas palaciegas”, nuestros “altos presupuestos” y nuestra extravagancia! Siempre sucede lo mismo cuando
tímidamente pedimos que nos suban los salarios para también poder vivir. Se nosacusa de los altos presupuestos para hacer nuevas escuelas o para ampliar lasviejas.
 “Por supuesto que ninguno de esos impugnadores se acusa jamás a sí mismo por

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