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cual fu
é por él tenido en t
anto, que no quiso escuchar ni obedecer a ninguno de tantos como le dec
ían
y aconsejaban que no contendiese con Arquelao, que era mayor de edad y dejado heredero porvoluntad del
último testamento.
Vinieron a
él de Roma todos aquellos cercanos parientes y
amigos que ten
ían
odio con Arquelao ylo ten
ían muy abo
rrecido, y principalmente todos los que deseaban verse libres y fuera de todasujeci
ón, y ser regidos por los gobernadores romanos; o si no
pod
ían
alcanzar esto, quer
ían a lo
menos haber rey a Antipas.Ayud
ábale a Antipas en esta causa mucho Sabino, el cual había acusado por cartas escritas a
C
ésar, a Arquelao, y había loado mucho a Antipas. De esta manera Salomé y los demás que eran de
su parecer, di
éronle a César las acusaciones muy por orden, y el
anillo y sello del rey, y el regimiento yadministraci
ón del reino,
fue presentado a C
és
ar por Ptolomeo. Entonces pensando muy bien en loque cada una de las partes alegaba, entendiendo la grandeza del reino y la mucha renta que daba,viendo la familia de Herodes tan grande, y leyendo las cartas que Varr
ón y Sabino le habían escrito,
llam
ó a todos los principales de Roma, juntólos en consejo, cuyo presidente quiso que fuese entonces
Cayo, nacido de Agripa y de Cayo, e hijo suyo adoptivo, y di
ó licencia a
las partes para que cada unaalegase su derecho.Antipatro, hijo de Salom
é, que era orador de la causa con
tra Arquelao, propuso la acusaci
ón,
fingiendo que Arquelao quer
ía mostrar que trataba de la contienda del reino solamente con palabras;
porque a la verdad, ya ven
ía había muchos días que había sido hecho rey, y ahora por tratar maldades
delante de C
ésar y cavilaciones, no habiendo antes querido aguardar su juicio; y que él determinase
qui
én quería que fuese el suce
sor de Herodes. Porque despu
és que é
ste fue muerto, habiendosobornado a algunos para que lo coronasen, asentado como rey en el estrado y debajo el dosel real,hab
ía, en parte, mudado la orden de la milicia y gente de guerra, y parte también había quitado de las
rentas; y adem
ás de todo esto
él había con
sentido, como Rey, todo cuanto el pueblo ped
ía: librado a
muchos culpados de culpas muy graves, que estaban puestos en la c
árcel por mandado de su padre; y
hecho todo esto, ven
ía ahora fingiendo que pedía a su señor el reino, habiéndose ya an
tes alzado contodo, por mostrar que C
ésar era señor, no de las cosas, sino de sólo el nombre.
Acus
ábale también de que había fingido el luto y llantos tan grandes por su padre, haciendo de día
muestras y vistas de dolor y gran tristeza, y bebiendo de noche como en bodas, en banquetes yconvites. Dec
ía, finalmente, que el pueblo se había movido y revuelto por estos tan grandes
esc
ándalos suyos. Confirmaba toda su acusación con aquella multitud de hombres que dijimos haber
sido muertos alrededor del templo; porque
éstos, habiendo venido para celebrar, según su costumbre,
la fiesta, fueron muertos y degollados estando todos ocupados en sus sacrificios; y que hab
ían sido
tantas las muertes dentro del templo, cuantas jam
ás vieron acaecer en alguna otra guerra
por genteextranjera, por grande y por cruel que hubiese sido. Sabiendo tambi
én Herodes la crueldad de éste
mucho antes, no le pareci
ó jamás digno de darle esperanza de su reino, sino cuando ya estaba loco,
con el
ánimo más enfermo que el cuerpo, ignorand
o tambi
én a quién hiciese heredero y sucesor en su
segundo testamento; principalmente no pudiendo acusar en algo al que hab
ía dejado en el primer
testamento por sucesor suyo, estando con toda sanidad, as
í del cuerpo como del ánimo.
Pero para que cualquiera piense y crea haber sido a que postrer juicio de
ánimo doliente y muy
enfermo,
él mismo había echado y desheredado de la real dignidad a Arquelao porque había cometido
y hecho muchas cosas contra ella. Porque,
¿qué tal podían esperar que sería, si César
la dejaba yconced
ía la dignidad real, aquel que antes de concedérsela había hecho tan gran matanza? Habiendo
Antipatro dicho muchas cosas tales, y habiendo mostrado por testigos a muchos de los parientes queestaban presentes en todo cuanto lo hab
ía acu
sado, acab
ó.
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