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Julio Verne - De Glasgow a Charleston

Julio Verne - De Glasgow a Charleston

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Obras de julio verne
Obras de julio verne

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© Pehuén Editores, 2001
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De Glasgow a Charleston
 Julio Verne
 
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© Pehuén Editores, 2001
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bajo las ruedas de unbarco de vapor, fue el Clyde, en 1812. El barco se lla-maba el Cometa, y hacía un servicio regular entreGlasgow y Greenock, con una velocidad de 6 millas por hora.Desde entonces más de un millón de barcos de vapor han re-montado o descendido la corriente del río escocés, y los habi-tantes de la gran ciudad mercantil deben haberse familiarizadocon los prodigios de la navegación por medio del vapor.Sin embargo, el 2 de diciembre de 1862, un gentío enorme,compuesto de armadores, comerciantes, fabricantes, trabajado-res, marineros, mujeres y niños, obstruía las fangosas calles deGlasgow, dirigiéndose a Kalvindock, vasto establecimiento deconstrucciones navales, pertenecientes a MM. Tod y Mac–Grégor.Este último nombre prueba super abundantemente que los fa-mosos descendientes de los Higlanders se han hecho industria-les, y que los vasallos de los viejos
clans 
se han hecho jornalerosde fábrica.Kalvindock dista algunos minutos de la ciudad; está en laderecha del Clyde. Los inmensos astilleros fueron pronto inva-
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© Pehuén Editores, 2001
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didos por los curiosos; ni una punta de muelle, ni una tapia depatio, ni un tejado de almacén ofreció un sitio desocupado; elmismo río estaba cuajado de embarcaciones; en la orilla izquier-da, hormigueaban los espectadores en las alturas de Govan.No se trataba, a pesar de todo, de ninguna ceremonia ex-traordinaria, sino sencillamente de botar un buque al agua. Elpúblico de Glasgow tenía sobrado motivo de estar harto de ope-raciones semejantes. El
Delfín 
(así se llamaba el buque construi-do por MM. Tod y Mac–Grégor) ¿ofrecía pues alguna particula-ridad? No, en verdad. Era un gran barco de 1.500 toneladas, deplancha de acero, y en la cual todo se había combinado paraobtener una marcha superior. Su máquina, procedente de losobradores de Lancefield-forge, era de alta presión y de 500 ca-ballos de fuerza efectiva. Ponía en movimiento dos hélices ge-melas, situadas a ambos lados del codaste, en las partes delga-das de la popa y completamente independientes entre sí, aplica-ción nueva del sistema de Dugeon y Milwal, que da gran veloci-dad a los buques y les permite evolucionar en un círculo muy pequeño. Los inteligentes afirmaban que el calado del
Delfín 
,poco considerable, daba a entender que no estaba destinado agrandes profundidades. Pero todas estas particularidades eraninsuficientes para justificar la aglomeración del público. En re-sumen, el
Delfín 
era un buque como otro cualquiera. ¿Habríaque vencer, para botarlo, alguna dificultad mecánica? Tampoco.El Clyde había ya sentido en sus aguas muchos buques de mayorporte que el
Delfín 
; éste debía botarse del modo más vulgar y sencillo.En efecto, así que se dejó sentir el reflujo, empezaron lasmaniobras; los martillazos resonaron con perfecta uniformidadsobre las cuñas destinadas a elevar la quilla del buque, por cuyamaciza construcción no tardó en correr un súbito estremecimien-to; pronto empezó a desviarse, el movimiento se aceleró, y alcabo de algunos instantes, el
Delfín 
, abandonando los rodilloscuidadosamente ensebados, se encontró en el agua, en medio deespesas volutas de blancos vapores. Su popa chocó contra elfondo, cenagoso del río, volvió a elevarse sobre el lomo de unaola gigantesca, y el magnífico barco, arrastrado por su propioimpulso, se hubiera estrellado contra los andenes de los astille-ros de Govan, si todas sus anclas, cayendo a un tiempo con for-midable estruendo, no le hubieran contenido.La operación había tenido completo éxito. El
Delfín 
se me-cía tranquilamente en las aguas del Clyde. Todos los espectado-res batieron palmas cuando tomó posesión de su elemento natu-ral, y vivas entusiastas resonaron en ambas orillas.Pero ¿por qué resonaban aquéllos aplausos? Sin duda a losespectadores más apasionados les hubiera costado trabajo expli-car su entusiasmo. ¿Cuál era pues la causa de las simpatías queel buque inspiraba? Pura v simplemente el misterio que encubríasu destino. Se ignorante a qué género de comercio iba a ser dedi-cado; la diversidad de opiniones emitidas sobre este punto porlos distintos grupos de curiosos hubiera asombrado con justiciaa cualquiera.Los que estaban o pretendían estar, mejor informados, ase-guraban que el buque estaba destinado a desempeñar un papelen la guerra terrible que devastaba en aquella época los EstadosUnidos de América. Cero nada más sabían, y nadie podía decir siel
Delfín 
era un corsario o un transporte confederado o federal. –¡Viva! exclamaba uno, afirmando que estaba construidopor cuenta del Sur. –¡Hip! ¡hip! ¡hip! –gritaba otro, jurando quejamás buque más ligero había cruzado las costas americanas.En resumen; para saber la verdad, hubiera sido preciso serasociado o íntimo amigo de Vicente Playfair y compañía, deGlasgow.Rica, poderosa e inteligente casa de comercio, era la quetenía por razón social Vicente Playfair y compañía, antigua y honrada familia, descendiente de los lores Tobaco, que edifica-

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