”También” mucho más difícil que en la tele.Las ventanas de la señora Bethany estaban bastante arriba del suelo, lo que significabaque para empezar tenía que, en cierto modo, saltar. Jadeando, empecé a introducirme, eradifícil no caer plano al suelo de dentro. Intenté bajar primero con un pie. Pero me caí dela ventana precipitadamente, y no podía volver a medio camino. Uno de mis zapatosembarrados pegó un fuerte golpe a la ventana, jadeé, pero el cristal no se rompió. Mecontrolé para bajarme completamente y me dejé caer sobre el suelo.“Ok,” murmuré mientras estaba sobre la alfombra trenzada de la señora Bethany, mis piesseguían estando arriba sobre mi cabeza, apoyados contra la repisa de la ventana yempapados de la lluvia. “Demasiado para la parte fácil.”La casa de la señora Bethany parecía igual que ella, sentía igual que ella, incluso olíaigual que ella- a una fuerte y cortante lavanda. Me di cuenta de que estaba en sudormitorio, de alguna manera me hacía sentir aún más intrusa. Aunque sabía que laseñora Bethany había viajado a Boston para verse con “posibles alumnos”. No pudeevitar sentir que ella me podría pillar en cualquier segundo. Estaba horrificada de que me pillaran. Ya estaba acurrucada, recluyéndome dentro de mi misma.Y luego pensé en Lucas, el chico que había amado- y había perdido.Lucas no querría queyo estuviese atemorizada. El hubiese querido que fuese fuerte. Su recuerdo me dio valor,y me animó hasta que consiguiese mi trabajo.Lo primero es lo primero: me quité mis zapatos enfangados, para no dejar huellas por lacasa. Además colgué mi chubasquero en el pomo de una puerta cercana para que nogoteara agua por todos los lados. Luego me fui al baño y cogí algunos pañuelos de papel para limpiar el desastre que había hecho y para limpiar mis zapatos. Metí los pañuelos enel bolsillo de mi chubasquero, así podría tirarlos en otro lugar. Si alguien erasuficientemente paranoico para rebuscar en su propia basura para encontrar evidencias deque había habido un intruso, esa era la señora Bethany.Era sorprendente que ella hubiesedecidido vivir aquí, pensé. La academia Medianoche era magnífica, incluso grandiosa,todas las torres de piedra con sus gárgolas- muy de su estilo. Este lugar era apenas unacasita. Por otra parte, aquí había privacidad. Podría creer que ella apreciaba ese detalle por encima de cualquier otro.Su escritorio de la esquina parecía el lugar para empezar. Me senté en el duro respaldo dela silla de madera, apartando a un lado un marco de plata con la silueta de un hombre del1900, y empecé a hojear unos papeles que encontré por ahí.Querido señor Reed,Hemos revisado con gran interés la solicitud de su hijo Mitch. A pesar de que es obviamente un estudiante excepcional y un agradable joven, lamentamosinformarle-Un estudiante humano que quería venir aquí- Uno que la señora Bethanyhabía rechazado. ¿Por qué permitía que algunos humanos asistiesen en la AcademiaMedianoche y otros no? ¿Por qué permitía a “algún” humano entrar en una de las pocas
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