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MICRORRELATOS

MICRORRELATOS

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TALLER DE MICRORRELATOS[1]
Se venden zapatos de niño. Sin estrenar.Ernest Hemingway
[2]
Cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí.Augusto Monterroso, “El dinosaurio”(en
Obras completas (y otros cuentos)
, 1959)
[3]
Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolio y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde,desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.Luis Mateo Díez, “La carta” (en
 Los males menores
, 1993)
[4]
En una ciudad actual la distancia más corta entre dos puntos no es la recta: es elzigzag que nos evita los semáforos.René Avilés Fabila, “Euclideana” (en
 Fantasías de carrusel 
, 1969-1994)
[5]
Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino paraque empiece a nevar.César Vallejo, [Sin título](en la antología de Clara Obligado,
 Por favor, sea breve
)1
 
[6]
En la piscina se refleja el potente sol del mediodía. El agua está helada, pero sin pensarlo me meto.El agua me corta la respiración. Un hilo helado recorre mi cuerpo hasta llegar ala garganta dando un golpe seco en mis cuerdas vocales, que emiten un grito que seapaga súbitamente. Meto la cabeza debajo del agua y una bofetada helada me vuelve adejar sin aliento.Me sumerjo completamente. Estoy acomodado en el fondo de la piscina, y elcielo ondula, celeste, a través de un metro y medio de agua sobre mi cabeza. El mundoestá silencioso, salvo por el latido del corazón en mis oídos. Las burbujas de aire se vanescapando lentamente de mi boca. Dentro está mi felicidad.Miguel Castro, “30 segundos de felicidad” (en
 El País Semanal 
, 2008)
[6bis]
Colocar la cantidad de rencor que se estime conveniente al fuego. Echar sal enlas diferencias y rozaduras. Cuando hierva, añadir la rabia. Revolver de vez en cuando;el tiempo de cocción varía a cantidad o deseo. Servir caliente y condimentar al gusto.Paula Alonso, “Rabiolis” (
 El País Semanal 
,concurso de “Microrrelatos de verano”, 2008)
[7]a)
Salió por la puerta y de mi vida, llevándose con ella mi amor y su larga cabellera negra[Guillermo Cabrera Infante]
b)
Penélope nictálope, de noche tejo redes para atrapar un cíclope[Luisa Valenzuela]
c)
Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstanciade la familia numerosa.Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al quenadie jamás había vuelto a asomarse.En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior.“Este es un mundo como otro cualquiera”, decía el mensaje.[Luis Mateo Díez, “El pozo”]
d)
El respetable clamaba; la gente pedía sangre. Azuzado por los banderillazos delmiedo, el animal embestía, ciego de ira, persiguiendo trapos coloridos, hasta que, por fin, inclinó la cabeza y, con la vista velada en rojo, recibió la estocada... en forma de biografía. Su estupidez lo había consagrado.[José Ángel Mañas, “Metáfora taurina”]2
 
[8]
Jacobo pasó de puntillas por la vida. Su existencia fue un breve excurso sin máseco que unos vagos recuerdos, a menudo contradictorios, y quizá por ello falsos, en losque le rodearon. Sus compañeros de colegio no guardan memoria suya: aunque las listasde clase revelan que un Jacobo estudió con ellos, ninguno puede identificarlo en las pocas fotos que se conservan de esa época. Sus padres tampoco ofrecen muchainformación: si bien también poseen algunas fotos que atestiguan la presencia deJacobo, su principal recuerdo tiene que ver con los sustos que se daban cuando veíanaparecer por la puerta a un desconocido que se empeñaba en llamarlos papá y mamá.Pero se muestran incapaces de rememorar nada más, quizá también porque Jacobo tuvotres hermanos y los recuerdos se mezclan (preguntados sus hermanos, no son de granayuda: siempre pensaron que Jacobo era el hijo de unos vecinos). Tampoco dejó huellaen su paso por la Universidad, de donde salió convertido en ingeniero agrónomo, comoatestigua el título que cuelga de una de las paredes de su casa. De su madurez poco onada se sabe. La muerte lo sorprendió hace un mes, pero ninguno de sus vecinos seapercibió de ello hasta que el olor a descomposición inundó el edificio: todos pensabanque el piso de Jacobo estaba vacío desde hacía años. Lo encontraron frente a un espejoagarrando con ambas manos un cuadro. Según indica una plaquita clavada en el marco,la pintura se titula “Autorretrato”. Pero en ella Jacobo no aparece.David Roas, “Menos que cero” (en
 Horrores cotidianos
, 2007)
[9]
El día de mi cumpleaños, mi sobrina me regaló un bonsái y un libro deinstrucciones para cuidarlo. Coloqué el bonsái en la galería, con los demás tiestos, yconseguí que floreciese. En otoño aparecieron entre la tierra unos diminutos insectos blancos, pero no parecían perjudicar al bonsái. En primavera, una mañana, a la hora deregar, me pareció vislumbrar algo que revoloteaba entre las hojitas. Con paciencia y unalupa, acabé descubriendo que se trataba de un pájaro minúsculo. En poco tiempo el bonsái se llenó de pájaros, que se alimentaban de los insectos. A finales de verano,escondida entre las raíces del bonsái, encontré una mujercita desnuda. Espiándola consigilo, supe que comía los huevos de los nidos. Ahora vivo con ella, y hemos ideado elmodo de cazar los pájaros. Al parecer, nadie en casa sabe dónde estoy. Mi sobrina, muytriste por mi ausencia, cuida mis plantas como un homenaje al desaparecido. En uno delos tiestos, a lo lejos, hoy me ha parecido ver la figura de un mamut.José María Merino, “Ecosistema” (en
 Días imaginarios
, 2002)3

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