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Hechos Apóstoles América (3ºED)-D

Hechos Apóstoles América (3ºED)-D

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Hechos de los Apóstoles de América (3ªED) - D

por Jose María Iraburu, SJ

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Hechos de los Apóstoles de América (3ªED) - D

por Jose María Iraburu, SJ

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05/22/2013

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207
5ª PARTE
Brasil,Norte de Américay secularizaciónmoderna
1. Evangelización del Brasil
Portugal, potencia cristiana misionera
Bastante antes que España, Portugal había concluídola
reconquista
de sus territorios ocupados por los árabes.Y, antes también que los españoles, logró formar un granimperio, extendido a lo largo de diversos mares por «laruta de las especias».
En efecto, desde comienzos del siglo XV hasta las primeras déca-das del XVI, los marinos portugueses lograron abrirse ruta marinahacia la India, sólo alcanzada en aquella época por tierra, en intermi-nables viajes de caravanas, que habían de atravesar desiertos y peligrosas tierras de musulmanes y tártaros. Las naves portuguesasdescubrieron los archipiélagos de Madera, Azores y Cabo Verde,así como las costas del Sáhara y del Senegal. Poco después alcanza-ron el golfo de Guinea y la costa del Congo. Finalmente en 1488,Bartolomé Díaz rodeaba el cabo de Buena Esperanza, y abría así por el sur de Africa la navegación hacia el Oriente. Diez años des- pués, Vasco de Gama arribaba a la India.
Después del descubrimiento de la ruta al Oriente, los portugueses conquistaron varios puestos estratégicos, para asegurar el paso de sus marinos y el abastecimientode las factorías. Arabes y egipcios perdieron así su tradi-cional hegemonía sobre el comercio de las especias. Y en1506, al derrotar los portugueses a la flota egipcia, que-daron como dueños únicos del Indico. Pudieron así es-tablecerse en Goa y Malaca, arribar a las Molucas –las
 Islas de las especias
 – y a las costas del Mar de la China.Esta epopeya marinera de los portugueses, junto al es- píritu de aventura y de lucro, reveló también su formida- ble espíritu apostólico y misionero, encarnado sobre todoen los miembros de la Orden de Cristo. Bajo el reinado deJuan I, su hijo Enrique el Navegante (1394-1460), granmaestre de esta Orden militar, fundó en Segres la prime-ra escuela naval del mundo, y alentó a la Corona y a su pueblo en los viajes y descubrimientos, así como en lasluchas contra el Islam y en la difusión misionera de la fe.Desde su convento de Thomar, abierto al Atlántico, endirecta dependencia del Papa y sin mediación de ningúnobispo, Enrique rigió las iglesias locales de todos los te-rritorios descubiertos y evangelizados.
Entre España y Portugal
Siendo también España un pueblo de gran empuje na-vegante, se hizo pronto necesario regular las empresasmarítimas hispanas y lusitanas de manera que no hubierainterferencias enojosas. Así fue como el
Tratado de Alcaçovas-Toledo
, de 1479, establecido entre el rey lusi-tano Alfonso V y los Reyes Católicos, reguló las explora-ciones de los navegantes ibéricos por el Atlántico cen-tral, dejando bajo el dominio de Portugal las Azores, Ma-deira, Cabo Verde y las islas que se encontrasen «de Ca-narias para abajo contra Guinea», y reservando paraCastilla las Canarias «ganadas o por ganar». Nada se es-tablecía en el Tratado respecto de eventuales navega-ciones hacia el oeste.Por eso, cuando Colón regresó de su primer viaje, losReyes Católicos se dieron prisa, como sabemos, en con-seguir del Papa Alejandro VI las Bulas
 Inter cætera
, de1493, que concedían a Castilla las islas y tierras que sedescubriesen más allá de una línea norte-sur trazada 100leguas al oeste de las Azores. Los portugueses, que de-seaban más espacio para su ruta a la India y que preten-dían también extender su dominio sobre el Brasil, negocia-ron laboriosamente, hasta conseguir con los Reyes de Castillaen 1494 el
Tratado de Tordesillas
, que alejaba la línea re-ferida bastante más allá, a 370 leguas de las Azores. Entérminos actuales, esta línea partía verticalmente el Bra-sil por el meridiano 46º 37', es decir, dejaba en zona
es- pañola
por el sur Sao Paulo, y por el norte Belém.Pocos años después, en 1500, una expedición portu-guesa conducida por Cabral, al desviarse de la ruta de lasespecias, arribó a las costas del Brasil. Era la primera vezque los portugueses llegaban a América. Pero la tarea decolonización paulatina no se inició hasta el 1516.
El
 Padroâo
Las originales atribuciones que Enrique el Navegantetenía como gran maestre de la Orden de Cristo pasaron ala Corona portuguesa, desde que en 1514 el rey eraconstituído gran maestre de dicha Orden. De este modo,aquella antigua y curiosa forma de gobierno pastoral delas nuevas iglesias pervivió durante siglos, sin mayoresvariaciones, en el sistema del
Patronato regio
. En efecto,la Curia romana advirtió desde el primer momento quelas audaces navegaciones portuguesas entrañaban inmen-sas posibilidades misioneras. Y por eso encomendó a laOrden de Cristo, de antiguo encargada de proteger laCruz y de rechazar el Islam, la misión de evangelizar elOriente y el nuevo mundo americano que se abría para laIglesia.
El Patronato que Calixto III concedió al gran maestre Enrique el Navegante implicaba un conjunto de deberes y derechos. Por una parte, Portugal asumía la obligación de enviar misioneros y mante-nerlos, financiar la erección de parroquias y obispados, y otrasobligaciones, nada pequeñas, que los reyes lusitanos supieron cum- plir. Por otra parte, los Papas concedían al rey de Portugal unos privilegios que iban mucho más allá de los de un patronazgo ordina-rio, pues al rey cristiano se encomendaba la misión de evangelizar yde administrar eclesiásticamente todos los territorios nuevos alum- brados a la fe.
De hecho, la Corona portuguesa fue la impulsora deun gran movimiento misional. Entre 1490 y 1520 enviómisioneros a fundar en el Congo un reino cristiano. En1503 envió franciscanos al Brasil, recién descubierto – Frey Henrique fue quien celebró allí la primera misa–. Y
5ª parte – Brasil, Norte de América y secularización moderna
 
208
 José María Iraburu – Hechos de los apóstoles de América
cuando en 1542 arribó San Francisco de Javier a Goa, base portuguesa en la India, llegó como legado del reylusitano.Pues bien, en coherencia a esta situación histórica, elPapa León X, en la Bula
Præcelsæ Devotionis
(1514),concedió al rey de Portugal una autoridad semejante a laque el rey de Castilla había recibido por la Bula
 Dudumsiquidem
(1493) para la evangelización de América.
Primera organización de Brasil
El Brasil era un mosaico de cientos de tribus diversas,aunque puede hablarse de algunos grupos predominan-tes. Los indios de la cultura tupí-guaraní se extendía a lolargo de la costa occidental. Los tupís practicaban confrecuencia el canibalismo, y también la eugenesia, es decir,mataban a los niños que nacían deformes o con sínto-mas de subnormalidad. Con algunas excepciones san-grientas, no ofrecían a los avances portugueses especialresistencia. Los indios de la cultura ge ocupaban la me-seta central, los arawak se asentaban al norte, y los fero-ces caribes en la cuenca del Amazonas. De otros gruposindígenas particulares iremos dando noticia más adelan-te.El primer modo de presencia portuguesa en este mun-do indígena innumerable fueron, hacia 1515, las
 facto-rías
–Porto Seguro, Itamaracá, Iguaraçu y San Vicente–.En ellas los comerciantes, con la debida licencia de la
Casa da India
y bajo ciertas condiciones, establecían por su cuenta y riesgo enclaves en la costa. Las facto-rías fueron un fracaso, pues apenas resultaban rentablesy no tenían intención colonizadora, de modo que JuanIII decidió sustituirlas por 
Capitanías
.En 1530 se estableció, con amplísimos poderes, el pri-mer Capitán, en la persona de Martim Afonso de Souza.Bajo su autoridad, y por medio de «cartas donatarias»,se establecieron
capitanías hereditarias
, en las que unhidalgo, a modo de señor feudal, y con derechos y debe-res bien determinados, gobernaba una región, sin recibir de la Corona más ayudas que la militar.También este sistema resultó un fracaso por múltiplescausas, y el rey estableció en 1549 un
Gobierno Gene-ral
, en la persona de Tomé de Souza, bajo el cual unaorganización de funcionarios públicos vendría a suplir lared incipiente de autoridades particulares. Sin embargo,las antiguas divisiones territoriales se mantuvieron, yaquellos capitanes concesionarios que habían tenido al-gún éxito en su gestión retuvieron sus prerrogativas.Cuando la España de Felipe II conquistó pacíficamen-te Portugal, se estableció en 1580 un dominio hispanosobre el Brasil, que duró hasta 1640, año en que se res-tauró el régimen portugués.
Primeras misiones en un medio muy difícil
A diferencia de España, que estableció muy pronto poblaciones en el interior de sus dominios americanos – lo que fue decisivo para la conversión de los pueblosindígenas–, Portugal, que era un pequeño país de unmillón doscientos mil habitantes, y que se encontraba alfrente de un imperio inmenso, extendido por Africa, In-dia, Extremo-Oriente y ahora Brasil, apenas pudo hacer otra cosa que establecer una cadena de enclaves en lascostas. Pero esto limitó mucho a los comienzos las posi- bilidades de la misión. En realidad, perduró largamenteuna frontera invisible, una línea próxima a la costa, másallá de la cual unos 2.431.000 indios –según cálculos deJohn Hemming (AV,
 Hª de América latina
, 40)–, de cienetnias diversas, se distribuían en un territorio inmenso ydesconocido, con frecuencia casi impenetrable.Por otra parte,
 
el
Padroâo
portugués sobre los asun-tos eclesiásticos venía ejercido directamente por el reylusitano, a diferencia de lo que ocurría en los dominiosespañoles de América, donde los Virreyes actuaban comovicepatronos del Patronato Regio hispano.Todo esto explica que, en comparación a la Américaespañola –que en siglo y medio, para mediados del XVII,tenía ya varias decenas de obispados, miles de iglesias, yque había celebrado varios Concilios–, «la Iglesia en Brasilfue desarrollándose en modo mucho más lento y en pro- porciones infinitamente más modestas» (Céspedes,
 Amé-rica hispánica
245). Así, por ejemplo, hasta 1676 nohubo en Brasil otro obispado que el de Bahía, fundado en1551.
La actividad misionera en Brasil, después de la visita de francis-canos en 1503, se inició propiamente cuando en 1516 llegaron dosfranciscanos a Porto Seguro, y otros dos a San Vicente (1530). Aestas pequeñas expediciones se unieron varias otras a lo largo delXVI. Pero sin duda alguna, fue la Compañía de Jesús, desde sullegada al Brasil en 1549, la fuerza evangelizadora más importante.En efecto, con el gobernador Tomé de Souza llegaron seis jesuitas,entre ellos el padre Manuel de Nóbrega, y el navarro Juan de Azpili-cueta, primo de San Francisco de Javier. Ya en 1553 pudo estable-cer San Ignacio en el Brasil la sexta provincia de la Compañía,nombrando provincial al padre Nóbrega, gran misionero. En esta provincia brasileña, a lo largo de los años, hubo jesuitas insignes,como el beato José de Anchieta, Cristóbal de Acuña, el brasileñoAntonio Vieira o Samuel Fritz, de los que hemos de hablar enseguida.Los carmelitas llegaron al Brasil en 1580, y en dos decenios seestablecieron en Olinda, Bahía, Santos, Río, Sao Paulo y Paraíba.Los benedictinos, que arribaron en 1581, fundaron su primer mo-nasterio en Bahía, y antes de terminar el siglo también se estable-cieron en Río, Olinda, Paraíba y Sao Paulo. Capuchinos ymercedarios contribuyeron también a la primera evangelización delBrasil.
Entre aquellos cientos de tribus –casi siempre hostiles,de lenguas diversas, y dispersas en zonas inmensas, di-fícilmente penetrables–, apenas era posible una acciónevangelizadora si no se conseguía previamente una re-ducción y pacificación de los indios. Por eso el sistemade
aldeias
misionales o reducciones fue generalmenteseguido por los misioneros, e incluso exigido por la ley portuguesa.Eso explica que a los misioneros del Brasil correspon-dió siempre no sólo la evangelización, sino también la pacificación y organización de los indios, así como sueducación y defensa. Ellos, en medio de unas circuns-tancias extraordinariamente difíciles, desarrollaron unaactividad heroica, bastante semejante a la que hubieronde realizar los misioneros del norte de América para evan-gelizar a los pieles rojas. La historia dura y gloriosa delas misiones brasileñas, inseparablemente unida a la aven-tura agónica de
la conquista de la frontera
, se desarrollóen cuatro zonas diversas: sur, centro, nordeste y Ama-zonas.
El sur
Las primeras poblaciones brasileñas meridionales fue-ron, en la misma costa, San Vicente y, no lejos de ella,sobre una colina, Sao Paulo. Esta pequeña población,situada en la frontera, que sólo a fines del XVI llegó a los2.000 habitantes blancos, dio origen a innumerables ex- pediciones de exploración y conquista, unas veces bus-cando piedras y metales preciosos, otras para ganar tie-rras, pero casi siempre y principalmente para capturar esclavos indios.
 
209
Las
bandeiras
paulistas, formadas por unos pocos blan-cos, y un mayor número de mestizos e indios, a partir sobre todo de la segunda mitad del XVI, arrasaron conextrema audacia y ferocidad la población indígena, co-menzando por los carijó y otras tribus próximas a SaoPaulo.Sus primeras incursiones fueron por el río Tieté con-tra los tamoio y contra los bilreiros o coroados. En 1590,Jorge Correia, capitán mayor de Sao Paulo, con Jeróni-mo Leitao, iniciaron expediciones por el sur hastaParanaguá y después por el río Tieté, destruyendo cien-tos de poblados indígenas, y matando o reduciendo aesclavitud unos 30.000 indios. Otra expedición de 1602,guiada por Nicolau Barreto, después de causar muchosestragos, regresó con 3.000 temiminó apresados.
Aún más graves fueron las incursiones paulistas contra las re-ducciones. Los jesuitas españoles, dirigidos por el padre Ruiz deMontoya, a partir de 1610, habían establecido en veinte años 15reducciones de indios en la zona de Guayra, junto a los ríosParanapánema, Tibagi e Ivaí, es decir, a medio camino entre laAsunción española y el Sao Paulo portugués. Y esto constituía para los
bandeirantes
paulistas una tentación demasiado grande.Ataques conducidos por Manoel Preto, se produjeron en 1616,1619 y 16131624. En 1628, una enorme
bandeira
guiada por elterrible Antonio Rapôso Tavares, y otras incursiones de 1630 y1631, consumaron el desastre: miles y miles de indios cristianosneófitos eran muertos o esclavizados por otros hermanos cristia-nos. Las ciudades hispanas de Vila Rica y Ciudad Real fuerondespobladas para siempre, y los jesuitas, con unos 10.000 indiosque todavía quedaban de las reducciones, hubieron de emigrar encientos de canoas hacia el sur, por el Paraná. Posteriormente fun-daron reducciones a orillas del Ijuí y del Ibicuí, tributarios delUruguay, e incluso se extendieron en 1633 por el Jacuí, que desem- boca al este en la Laguna de los Patos.Pero hasta allí llegó en 1636 Antonio Rapôso, el mayor de los
bandeirantes
, al frente de una formidable expedición autorizada por el gobernador de San Vicente, y otra gran
bandeira
incursionótambién en los años siguientes. Fue entonces cuando los indios delas reducciones jesuitas, ya armados con autorización de la Coro-na, frenaron en 1641 a los paulistas, infligiéndoles una gran de-rrota, que ya describimos en otro lugar (476). De este modo quedófijada por entonces la frontera meridional entre las posesionesespañolas y portuguesas.
Por otra parte, las
aldeias
misionales organizadas en lazona de Sao Paulo por los jesuitas alcanzaron una consi-derable prosperidad, pero los problemas con los blan-cos, que exigían de los indios reducidos un trabajo du-rante una parte del año, fueron continuos. Y tantas eranlas protestas de los jesuitas, que de 1640 a 1653 fueronexpulsados de Sao Paulo, y también de Río, de maneraque la mayor parte de la población indígena, tan laborio-samente reunida, volvió a dispersarse.
El centro
Durante muchos años, los portugueses de EspírituSanto (1535), Salvador de Bahía (1549), Río de Janeiro(1555), o de Porto Seguro e Ilhéus, constreñidos al oes-te por la selva, por las cordilleras costeras, y sobre todo por la hostilidad de los aimoré, se limitaron a vivir delcomercio en la costa.A pesar de esto, los primeros jesuitas, entre ellos Nóbrega y Anchieta, lograron reunir a partir de 1550varios miles de indios en poblaciones próximas a Bahía.Pero cuando el primer obispo de Bahía, Pedro Fernan-des Sardinha, naufragó en 1556 al norte de ese puerto yfue comido por los indios caeté, Mem de Sá autorizóuna gran expedición punitiva y esclavizadora.Y en 1560 otro desastre, una terrible epidemia dedisentería, acabó de aniquilar las poblaciones misionales.Por lo demás, Luís de Brito de Almeida, el gobernador que sucedió en Bahía a Mem de Sá, no tenía escrúpulosen luchar contra los indios y tomarlos como esclavos.Bajo su gobierno, Antonio Dias Adorno apresó 7.000tupiguenes y Luís Alvares Espinha volvió de otras expe-diciones con innumerables indios capturados.Así las cosas, las epidemias y las expediciones despo- blaron de indios casi completamente el interior de la zonade Bahía. Y aún fue más adelante la extinción de la pobla-ción indígena cuando por esos años vino a descubrirseque el
sertâo
, la pampa del nordeste brasileño, tenía no-tables posibilidades para la cría de ganado. Se formaroninmensos ranchos,
 fazendas
al frente de las cuales esta- ban los
 poderosos do sertâo
. Y como los pocos indiosque quedaban no podían superar la tentación de cazar  parte de aquellos ganados innumerables, los portuguesesde Bahía llamaron a los
 paulistas
, dándoles el encargo deasolar a los indios por todos los medios.
En la década de 1660 los tapuya todavía se resistían, y el gober-nador general Afonso Furtado de Castro (1670-1675) importó másrefuerzos paulistas, para atajar los problemas en su misma raíz,destruyendo y extinguiendo totalmente los poblados de los indios.Finalmente, en 1699 el gobernador general Joâo de Lancastro pudoescribir con satisfacción que los paulistas «en pocos años habíandejado su capitanía libre de todas las tribus de bárbaros que laoprimían, extinguiéndolas tan eficazmente, que desde entonces hastael presente no se diría que haya algún pagano vivo en las tierrasvírgenes que conquistaron» (+AV,
 Hª América latina
205).
Las tribus que se rendían a los blancos se ponían a suservicio, se alistaban a veces en los ejércitos particularesde los poderosos ganaderos, o bien aceptaban reducirsea poblaciones misionales, regidas principalmente por fran-ciscanos, jesuitas y capuchinos. Así quedaron todavíade las tribus ge y tupí algunas aldeias misionales, comoPancararú en el San Francisco, algunas tribus tupina yamoipia más arriba, varios grupos de indios mezcladosen algunas aldeias jesuitas situadas en la desembocaduradel río, y otros restos, como los carirí, de varias tribus.
El nordeste
La situación de la frontera al interior de Pernambuco(1536, Recife) o Ceará (1612, Fortaleza) era semejante ala de Bahía y el valle del San Francisco; pero había aquíalgunas etnias indígenas, como los tobajaras, los potiguar y los tarairyu, más numerosas y organizadas. Pernam- buco, ya desde los años 40, fue una capitanía próspera,aliada con los tobajara. Los territorios que tenía al sur habían sido despejados de indios en una terrible expedi-ción que en 1575 partió de Bahía, dirigida personalmente por el gobernador Luís de Brito de Almeida. Otra expedi-ción conducida por Cristovâo Cardoso de Barros, en 1590,mató 1.500 indios, capturó otros 4.000 y fundó allí, en lacosta, una población, a la que dio el nombre de SâoCristovâo.Los potiguar, en cambio, al norte de Pernambuco, re- pelieron durante años los avances portugueses, pero en1601 fueron derrotados y se sometieron. Un joven ofi-cial portugués, Martim Soares Moreno, ocupó y logrócolonizar pacíficamente Ceará, con solo cinco soldadosy un capellán, confiando en el afecto y la amistad quehabía trabado con todos los jefes indios en ambas már-genes del Jaguaribe.Por lo que se refiere a la región de Maranhâo (Mara-ñón), más al noroeste, una expedición de tobajaras y potiguar, conducida en 1604 por Pedro Coelho de Sousa,sometió a algunos grupos de tupinambá. Por esos años,los franceses, que rondaban la zona en sus barcos, lo-graron ciertas alianzas con grupos indígenas, a pesar deque cualquier francés que fuera atrapado en tierra eraejecutado.
5ª parte – Brasil, Norte de América y secularización moderna

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