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Lectio divina - P2

Lectio divina - P2

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06/14/2009

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 Domingo II de Pascua
Lectio divina
Texto Jn 20,19-31
1- La primera asamblea dominical
Los encuentros del Resucitado con los suyos suceden el día mismo de laResurrección, “el primero de la semana”:
 
“al amanecer del primer día de la semana”
iba María Magdalena a buscar al mismo Jesús de antes (Jn 20,1.14-15)
 
“al atardecer de ese primer día los discípulos estaban encerrados…”
(Jn20,20), muestra de que no habían creído el testimonio de María Magdalena(Mc 16,9-11), y Tomás que deseaba ver al mismo Jesús de antes (Jn 20,25)
 
“a los ocho días”
o sea, al Domingo siguiente, primer día de la semana,volvían a estar reunidos y se presenta Jesús y se da la confesión de fe deTomás.El gran tema que envuelve estas escenas es el de la
fe en Jesús resucitado.
Los dos momentos del Evangelio de este Domingo se dan en el marco de la primera Iglesia reunida el
“día del Señor”.
Ya no es el Sábado, como lo celebrabanlos judíos (Deut. 5,12-15), sino el Domingo, el día del triunfo del Señor sobre susenemigos, día de la nueva creación, del inicio del tiempo nuevo.
“Las puertas cerradas no podían impedir el paso a un cuerpo en quien habitaba laDivinidad, y así pudo penetrar las puertas Él que al nacer dejó inmaculada a su Madre”
San Agustín
2- La paz está con ustedes
La paz era el don prometido para el tiempo mesiánico, para el día deltriunfo del Mesías (Sal 29(28),11; Is 9,6; Miq 5,4).
“Dios dará la paz” 
, seanunciaba en el Antiguo Testamento (Jer 29,11; Is 48,18; 66,12; Zac 8,12)Aquí se presenta Jesús bendiciéndolos con el don de la paz, con su presencia que es el verdadero don, Él es la paz (Jn 20,19.26).Para Juan la paz es fruto del sacrificio de Jesús (Jn 16,33), en el AntiguoTestamento se veía la presencia de Dios como bien supremo de la paz (Lev 26,12;Ez 37,26).En el Evangelio de hoy muestra Juan que la presencia de Jesús es fuente yrealidad de la paz (Jn 14,24); es una paz que nada tiene que ver con la del mundo, porque aquella no está ligada a la presencia terrenal de Jesús, sino a su victoria
 
sobre el pecado, sobre el mundo, sobre la muerte. Por eso Jesús victorioso,resucitado, da con su paz el Espíritu Santo, principio de una creación nueva (Gn2,7; Jn 20,22), poder sobre el pecado (que es caos, algo informe, vacío -Gn 1,1-2)que ahora le participa a sus Apóstoles (Jn 20,23). Instituye así Jesús el Sacramentode la Reconciliación (Catecismo de la Iglesia Católica nº 1440-1441).
“Ciertamente el Padre envió al Hijo, a quien constituyó Redentor del género humano pormedio de la encarnación. Así, dice: como me envió el Padre, yo os envío. Esto es, al enviarosen medio del escándalo de la persecución, os amo con la misma caridad que me amó elPadre, quien me envió a sufrir la pasión”
San Gregorio
3- Costado traspasado
La constante referencia al
“costado traspasado de Jesús”
es propia deJuan, que de este modo, quiere indicar el cumplimiento de las profecías (Ez 47,1;Zac 12,10.14).
“He aquí al hombre a quien crucificasteis; ved las heridas que le inferisteis, reconoced elcostado que alanceasteis, que por vosotros, y para vosotros fue abierto, y sin embargo noquisisteis entrar”
San Agustín
“No sé cómo nos atrae de tal manera el amor a los bienaventurados mártires, quedesearíamos ver en el cielo las cicatrices que por el nombre de Cristo recibieron en suscuerpos, y quizá las veremos; pues no será en ellos deformidad, sino dignidad…cualquierdeformidad causada en el cuerpo, no será entonces defecto, sino prueba de virtud”
San Agustín
4- Confesión de fe
“Señor mío y Dios mío” 
(v28) es la mayor confesión de fe de un discípulo.Tomás aplica al Resucitado los nombres bíblicos de Dios:
Yahvé y Elohim
(Ex3,14-15; 34,6-9) y el posesivo
“mío” 
indica su plena adhesión de amor, más que defe, a Jesús.Tomás ve purificada su fe en Jesús:
 
Jn 11,16, decidido a morir por Jesús
 
Jn 20,25, le niega a Jesús el homenaje de su fe
 
Jn 20,28, confiesa su fe y adhiere en el amor a su Dios y Señor.
“Más provechosa nos ha sido para nuestra fe la incredulidad de Tomás, que la fe de todoslos discípulos; porque mientras él, tocando, es reducido a la fe, nuestro espíritu se confirmaen ella, deponiendo toda duda”
San Gregorio
 
5- La última bienaventuranza
Tal vez la única, en la que se compendian todas las demás bienaventuranzas:
“¡Felices los que creen sin haber visto!” 
(v29). Juan anuncia para el futuro que la presencia de Jesús se encontrará a través de los creyentes y delEvangelio escrito (Jn 20,30-31; 17,20; Hech 1,8). Aquellos que confiesen a Cristo por la palabra de los testigos, sin pretender ver, experimentarán la gracia de una fe pura que es confirmada por una alegría inefable y radiante (1Pe 1,5-9).
San Agustín
 Jn 20,19-31: El creer se lo confía al tacto
La lectura del santo evangelio de hoy ha relatado de nuevo lamanifestación del Señor a sus siervos, de Cristo a los apóstoles y elconvencimiento del discípulo incrédulo. El apóstol Tomás, uno de los docediscípulos, no dio crédito ni a las mujeres ni a los varones cuando le anunciaban laresurrección de Cristo el Señor. Y era ciertamente un apóstol que iba a ser enviadoa predicar el evangelio.Cuando comenzó a predicar a Cristo, ¿cómo podía pretender que lecreyeran lo que él mismo no había creído? Pienso que se llenaba de vergüenza propia cuando increpaba a los incrédulos. Le dicen sus condiscípulos y coapóstolestambién:
 Hemos visto al Señor. Y 
él respondió: Si
no introduzco mis manos en sucostado y no toco las señales de los clavos no creeré.
Quería asegurar su fetocándole. Y si el Señor había venido para que lo tocasen, ¿cómo dice a María en eltexto anterior:
 No me toques, pues aún no he subido al Padre
(Jn 20,17). A lamujer que cree le dice: No
me toques,
mientras dice al varón incrédulo: «Tócame».María ya se había acercado al sepulcro y, creyendo que era el hortelano elSeñor que estaba allí de pie, comienza diciéndole:
Señor, si tú le has quitado, dimedónde le has puesto y yo lo tomaré.
El Señor la llama por su nombre:
María.
Ellareconoció al instante que era el Señor al oír que la llamaba por su nombre; él lallamó y ella lo reconoció. La hizo feliz con su llamada otorgándole el poder reconocerlo. Tan pronto como oyó su nombre con la autoridad y voz acostumbrada,respondió también ella como solía:
 Rabí.
María, pues, ya había creído; pero elSeñor le dice:
 No me toques, pues aún no he subido al Padre.
Según la lectura queacaba de sonar en vuestros oídos, ¿qué oísteis que dijo Tomás? «No creeré, si notoco». Y el Señor dijo al mismo Tomás: «Ven, tócame;
introduce tus manos en micostado y no seas incrédulo, sino creyente. Si
 piensas, dijo, que es poco el que me presente a tus ojos, me ofrezco también a tus manos. Quizás seas de aquellos quecantan en el sal
mo: En el día de mi tribulación busqué al Señor con mis manos, denoche, en su presencia».
¿Por qué buscaba con las manos? Porque buscaba de

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