Fue una revista trimestral que se publicó en los años del exilio entre 1978 y 1989. Su redacción funcionó hasta 1984 en París, año en el cual se trasladó a Madrid, ciudad en la que desde sus comienzos se imprimía y se organizaba su distribución. En su período de mayor auge, la publicación logró llegar a 37 países, en todos los cuales había un núcleo de chilenos a quienes el golpe militar había aventado fuera de nuestras fronteras. El dato ilustra la importancia que Araucaria tuvo en esos años y sirve, de paso, para poner de relieve la magnitud que alcanzó el exilio, un fenómeno sin precedentes en nuestra historia, poco conocido y a menudo mirado con reservas y recelo por los chilenos que no abandonaron el país en los años de la dictadura.
El éxodo masivo de artistas o intelectuales que provocó el golpe de estado de septiembre de 1973, dio origen a un fenómeno extremadamente amplio y vigoroso: la cultura chilena del exilio. Nunca la proyección exterior del país alcanzó como entonces una resonancia planetaria semejante, con la obra desarrollada en aquella treintena de países por cineastas, músicos, pintores, escritores, académicos y cuadros calificados en los más diversos campos de la producción cultural.
Se publicaron muchísimas revistas, y entre ellas la de mayor significación fue Araucaria, por la amplitud de los temas tratados, así como por la calidad, homogeneidad e interés de sus artículos; por el prestigio y representatividad de la mayoría de quienes aparecen colaborando en sus páginas, y por el atractivo de su presentación. Publicada regularmente durante sus doce años de existencia, llegó a ser un objeto cultural de referencia virtualmente obligatoria entre los chilenos de la diáspora.
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