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La necesidad de consumir 
Cuadernos de Castro. Julio 2007
“Mientras consumes, te consumes” rezaba una pintada en una pared. A pesar de loinusual del soporte razón no le falta al anónimo escritor ya que un consumo malentendido puede entramar más de un inconveniente.
Es obligatorio diferenciar entre consumo y consumismo. El primero es algo necesario para lavida diaria. Padres e hijos consumimos ropa, alimentación, medios de comunicación, ocio… esalgo ineludible hacerlo. La cuestión es si pasa a ser algo irracional y por lo tanto consumismo.El consumismo alcanza todo lo innecesario, es decir, el tener por tener, o el comprar algopudiendo escoger otra cosa: tener un jersey de 150
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pudiendo obtener uno que responde a lasmismas necesidades por 30
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; o el poseer diez, necesitando únicamente dos.Pero, ¿por qué las personas se venden al consumismo? De todos es conocida la capacidadimitatoria del ser humano y de sobra popular la autoridad de culpar a la sociedad de abrir lacaja de Pandora… pero entonces ¿quién imita a quién? La sociedad de consumo nos indicaque el pobre intenta aprender del rico y el rico, del más rico… mientras el niño copia al adulto.Como la pescadilla que se muerde la cola el imitador es imitado creando un marea deconsumo, si no ¿por qué un poblado africano que no tiene qué comer es capaz de poseer untelevisor?Sin embargo, esta realidad puede entenderse por otras dos. El consumista esconde unsentimiento de inferioridad suplido por sus pertenencias. El querer ser se confunde con el ser yarrastra a las personas a modificar su apariencia sin quererse tal y como son. Frases como“voy de compras porque me relaja” o “cuando estoy triste voy a la peluquería” refuerzan estahipótesis. Los niños pueden verse más afectados por el sentimiento de pertenencia al grupo: “sino tengo las Nike, ya no soy como el resto del equipo”, “si no obtengo el videojuego me dejande lado”. Ante esto, inculcar al amor a uno mismo y fortalecer la seguridad del hijo anteopiniones contrarias es la mejor baza para educar en un consumo responsable. Además, si loshijos son capaces de defender sus ideas ante los padres cuando necesitan algo ¿por qué noalentar a que dispongan del mismo ímpetu para hacerse respetar ante sus amigos?Por otro lado, el aburrimiento vital también es una buena fuente de consumistas. “Tengo 30minutos libres y no sé qué hacer… me voy de compras”, “hace frío en la calle, ¿vamos con losniños al centro comercial?”, etc. Las compras se han convertido en una actividad más de ocioLa saturación occidental nos impide saber qué hacer y muchos se despiertan cada mañana conel impulso de comprar o malgastar. De hecho, el consumista no solo compra de más, sino quemalgasta. En lugar de poner una lavadora llena, pone dos medio vacías, en vez de utilizar elcuaderno hasta la última página lo cambia a la mitad, se despreocupa de si las luces estánapagadas o no…En otro sentido, la influencia de las marcas y de la novedad también son elementosimportantes en este juego consumista, pero no por sí mismas. La búsqueda de lo novedoso ylas marcas esconde una necesidad de reconocimiento de los demás; o de todo lo contrario, dediferenciarse del grupo para ser el más
cool 
. La adolescencia es uno de los momentos en losque aparece esta influencia, por lo que una buena manera de hacer entender a un adolescenteel concepto de consumo es hacerle saber lo que cuesta el dinero. Para ello, otorgarle una pagasemanal (sin salirse de ella) puede ser una buena opción para que comience a administrar supropio dinero. También pueden pagar su gasto telefónico, o incluso que realicen algunaactividad remunerada dentro de casa, sin que le exima de sus obligaciones cotidianas, comocortar el césped, lavar el coche familiar, etc.Otro motor educativo es fomentar la sobriedad en todos los aspectos de consumo en el hogar.Realizar la compra semanal puede ser una actividad familiar donde los hijos aprendan acontenerse ante sus caprichos y comparen los precios… Asimismo, planear el tiempo libre juntos es una buena forma de dar con soluciones de un modo coherente: está bien ir decompras de vez en cuando o salir a comer a un restaurante juntos, pero también es bueno queaprendan a realizar actividades al aire libre que no vengan marcadas por un precio. Ir a comer al campo, pasear en bicicleta o tomar el sol en un parque son actividades plenamente
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