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¿Para qué “enseñar”a hablaren la escuela?
El niño, cuando ingresa a la escuela, ya sabe ha-blar (como miembro de la especie humana po-see una competencia lingüística que le permite,salvo en el caso de graves patologías, entendery producir distintos enunciados); puede interac-tuar con relativo éxito en distintos contextos decomunicación y ha aprendido, en forma espon-tánea, algunas de las normas que rigen los usosde la lengua oral habituales en su entorno fami-liar y social.“Sabe” que el lenguaje
significa
y sirve pa-ra diversos propósitos. Ha interiorizado el he-cho de que hablando puede satisfacer sus nece-sidades materiales; in-fluir en el comporta-miento de quienes lorodean; identificarse,manifestar su propioyo; relacionarse conotros; crear mundosimaginarios, fantásti-cos; comunicar sus ex-periencias y sus cono-cimientos. “Advierte”que se usan distintasexpresiones para orde-nar, explicar, alabar, agradecer, etc. No sólo“conoce” fórmulas de cortesía (¡por favor!, gra-cias, ¿cómo estás? y tantas otras) sino que tam-bién comprende la importancia de su uso(Brown y Levinson, 1978). “Reconoce y cons-truye” distintos tipos de textos orales: cuentos,adivinanzas, rimas, canciones. “Sabe” que losrelatos cotidianos deben contener, al menos, untema que interese al interlocutor para atrapar suatención (van Dijk, 1983: 154). “Percibe” por laentonación cuándo alguien le está ordenando opidiendo algo (Rosetti y Mac, 1992: 23), etcéte-ra.Los chicos adquieren, de modo espontáneo,estos “saberes lingüísticos, textuales y pragmá-ticos”, fragmentados y rudimentarios, en los in-tercambios lingüísticos con el medio. Gracias aellos se pueden desempeñar oralmente, concierta eficacia, antes de concurrir a la escuela,en la escuela, fuera y a pesar de la escuela.Entonces, ¿qué pasa en la escuela? ¿Cuál esel rol que debe cumplir en relación con el desa-rrollo de la lengua oral? ¿Qué sentido tiene pla-nificar, sistemáticamente, actividades para ha-blar y escuchar en las salas de clase?Es obvio que existen grandes diferenciasentre los niños provenientes de distintos entor-nos socioculturales en lo que atañe a los saberesque hemos mencionado. Las diferencias entresus repertorios comunicativos se manifiestan enla interacción lingüística que tiene lugar en laescuela, influyendo en la socialización de losalumnos y en los logros que éstos habrán de al-canzar en los aprendizajes escolares.No todos los niños han tenido las mismasoportunidades de tomar contacto con los dife-rentes formatos del habla; no todos (pese al“poder aparentemente igualador” de los mediosmasivos de comunicación), han estado en con-tacto con los mismosmodelos de verbaliza-ción: recordemos sola-mente la gran capacidadde verbalizar que exhi-ben las culturas urbanasde las clases media y al-ta frente a las “pocaspalabras” de las culturasrurales, las “culturas delsilencio”. No todos losniños han podido en-contrar los recursos lin-güísticos adecuados para expresar sus intencio-nes fuera del entorno más cercano (familia, ve-cindario).Constatar estas diferencias sirve, en mu-chos casos, para afianzar los prejuicios lingüís-ticos de la escuela, prejuicios de comprobadaincidencia en los fracasos escolares de los chi-cos, en especial, de las clases marginadas.Desde el punto de vista estrictamente socio-lingüístico y comunicativo no hay lenguas, nidialectos, ni registros, ni estilos malos o bue-nos, inferiores o superiores: todos son útiles endistintas situaciones comunicativas. Modos dehablar desprestigiados según los parámetrosque rigen el habla escolar (dialectos de paísesvecinos, de otras provincias, jergas, etc.), le hanasegurado al niño poder integrarse a su grupode pares y satisfacer ampliamente sus necesida-des de comunicación.Ciertos prejuicios sociales confunden lasmetas de aprendizaje. Ypor el lenguaje. La-mentablemente, pasan la mayoría de los prejui-
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