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Weber - Economía y sociedad 1a

Weber - Economía y sociedad 1a

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WEBER, MAXECONOMIA Y SOCIEDADprimera parte: teoria de las categoriassociologicas
III. LOS TIPOS DE DOMINACIÓN1. LAS FORMAS DE LEGITIMIDAD
§ 1. Debe entenderse por “dominación”, de acuerdo conla definicn ya dada (cap. I,§ 16), la probabilidad deencontrar obediencia dentro de un grupo determinado paramandatos específicos (o para toda clase de mandatos). Noes, por tanto, toda especie de probabilidad de ejercer“poder” o “influjo” sobre otros hombres. En el caso concretoesta dominación (“autoridad”), en el sentido indicado, puededescansar en los más diversos motivos de sumisión: desdela habituación inconsciente hasta lo que son consideracionespuramente racionales con arreglo a fines. Un determinadomínimo de
voluntad
de obediencia, o sea de
interés
(externoo interno) en obedecer, es esencial en toda relaciónauténtica de autoridad.No toda dominación se sirve del medio económico. Y
todavía menos
tiene toda dominación fines económicos. Perotoda dominación sobre una pluralidad de hombres requierede un modo normal (no absolutamente siempre) un
cuadro
administrativo (ver cap. I § 12); es decir, la probabilidad, enla que se puede confiar, de que se dará una
actividad
,
dirigida
a la ejecucn de sus ordenaciones generales ymandatos concretos, por parte de un grupo de hombres cuyaobediencia se espera. Este cuadro administrativo puedeestar ligado a la obediencia de su señor (o señores) por lacostumbre, de un modo puramente afectivo, por interesesmateriales o por motivos ideales (con arreglo a valores). Lanaturaleza de estos motivos determina en gran medida el
 
tipo de dominación. Motivos
 puramente
materiales yracionales con arreglo a fines como nculo entre elimperante y su cuadro implican aquí, como en todas partes,una relación relativamente frágil. Por regla general se leañaden otros motivos: afectivos o racionales con arreglo avalores. En casos fuera de lo normal pueden éstos ser losdecisivos. En lo cotidiano domina la
costumbre
y con ellaintereses
materiales
, utilitarios, tanto en ésta como encualquiera otra relación. Pero la costumbre y la
situación deintereses
, no menos que los motivos puramente afectivos yde valor (racionales con arreglo a valores), no puedenrepresentar los fundamentos en que la dominación confía.Normalmente se les añade otro factor: la creencia en la
legitimidad
.De acuerdo con la experiencia ninguna dominación secontenta voluntariamente con tener como probabilidades desu persistencia motivos puramente materiales, afectivos oracionales con arreglo a valores. Antes bien, todas procurandespertar y fomentar la creencia en su “legitimidad”. Segúnsea la
clase
de legitimidad pretendida es fundamentalmentediferente tanto el tipo de la obediencia, como el del cuadroadministrativo destinado a garantizarla, como el carácterque toma el ejercicio de la dominación. Y tambn susefectos. Por eso, parece adecuado distinguir las clases dedominación según sus
 pretensiones típicas de legitimidad
.Para ello es conveniente partir de relaciones modernas yconocidas.1. Tan sólo los resultados que se obtengan pueden justificarque se haya tomado este punto de partida para laclasificación y no otro. No puede ser en esto uninconveniente decisivo el que por ahora se pospongan paraser adidas otras características distintivas picas. La“legitimidad” de una dominación tiene una importancia queno es puramente “ideal” -aunque no sea más que por elhecho de que mantiene relaciones muy determinadas con lalegitimidad de la “propiedad”.2. No toda “pretensión” convencional o jurídicamentegarantizada debe llamarse “relación de dominación”. Puesde esta suerte podría decirse que el trabajador en el ámbito
 
de la pretensión de su salario es “señor” del patrono, ya queéste a demanda del ejecutor judicial, está a su disposición.En verdad, es formalmente sólo una parte “acreedora” a larealizacn de ciertas prestaciones en un determinadocambio de servicios. Sin embargo, el concepto de unarelación de dominación no excluye naturalmente el que hayapodido
surgir 
por un contrato formalmente libre: así en ladominación del patrono sobre el obrero traducida en lasinstrucciones y ordenanzas de su trabajo o en la dominacióndel señor sobre el vasallo que ha contraído libremente elpacto feudal. El que la obediencia por disciplina militar seaformalmente “obligada” mientras la que impone la disciplinade taller es formalmente “voluntaria”, no altera para nada elhecho de que la disciplina de taller implica también sumisióna una
autoridad
(dominación). También la posición delfuncionario se adquiere por contrato y es denunciable, y larelación misma de “súbditopuede ser aceptada y (conciertas limitaciones) disuelta voluntariamente. La absolutacarencia de una relacn voluntaria lo se da en losesclavos. Tampoco, por otra parte, debe llamarse“dominación” a un
 poder 
“económico” determinado por unasituacn de monopolio; es decir, en este caso, por laposibilidad de “dictar” a la otra parte las condiciones delnegocio; su naturaleza es idéntica a la de toda otra“influencia” condicionada por cualquiera otra superioridad:erótica, deportiva, dialéctica, etc. Cuando un gran banco seencuentra en situación de forzar a otros bancos a aceptar uncartel de condiciones, esto no puede llamarse, sin s,“dominación”, mientras no surja una relación de obedienciainmediata: o sea, que las
disposiciones
de la dirección deaquel banco tengan la pretensión y la probabilidad de serrespetadas puramente en cuanto tales, y sean controladasen su ejecución. Naturalmente, aquí como en todo latransición es fluida: entre la simple responsabilidad pordeudas y la esclavitud por deudas existen toda suerte degradaciones intermedias. Y la posición de un “salón” puedellegar hasta los límites de una situación de poder autoritario,sin ser por eso necesariamente dominación. Confrecuencia no es posible en la realidad una separación

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