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LVOVICH, DANIEL - De la Determinación a la Imaginación, Teorías Marxistas del Nacionalismo [por Ganz1912]

LVOVICH, DANIEL - De la Determinación a la Imaginación, Teorías Marxistas del Nacionalismo [por Ganz1912]

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DE LA DETERMINACION A LA IMAGINACION: LASTEORIAS MARXISTAS DEL NACIONALISMO. UNA INTERPRETACION
Daniel LvovichTESIS PARA ASPIRAR AL GRADO DE MASTER EN CIENCIASSOCIALES (MENCION SOCIOLOGIA)
FLACSO PROGRAMA BUENOS AIRESTESISTA : DANIEL LVOVICHDIRECTOR : SANTOS COLABELLABuenos Aires, octubre de 1997Lo nacionalequidista sabiamentede la sangre y las banderasy se da, para la lengua, en el rigor. La infanciaes el sólo país, como una lluvia primerade la que nunca, enteramente, nos secamos. Y aunqueyo viaje, ahora, al mediodía, todaesta niebla, común, perdurará.A Bohlendorff Juan José SaerDon Alfonso Henriques arenga a las tropas reunidas en el Monte da Graca,les habla de la patria, ya entonces era así, de la tierra natal, del futuro que nosespera, si nohabló de los antepasados es porque aún casi no los había, pero dijo, Pensad que si novencemos en esta guerra Portugal se acabará antes de haber empezado, y así nopodrán serportugueses tantos reyes que están por venir, tantos presidentes, tantos militares,tantos santosy poetas, y ministros y cavadores de azada, y obispos y navegantes, y artistas, yobreros, yoficinistas, y frailes, y directores...Historia del cerco de LisboaJosé Saramago
INTRODUCCION
"- Persecución - dice -, toda la historia del mundo está llena de eso. Perpetuandoelodio nacional entre las naciones.- Pero ¿sabe qué quiere decir una nación? - dice John Wise.- Si - dice Bloom.- ¿Qué es? - dice John Wise.- ¿Una nación? - dice Bloom - Una nación es la misma gente viviendo en el mismositio.- Vaya por Dios, entonces - dice Ned, riendo -, si eso es una nación yo soy una naciónporque llevo cinco años viviendo en el mismo sitio.Así que claro todos se rieron de Bloom y él dice, tratando de salir del lío:- O también viviendo en diferentes sitios.- Eso incluye mi caso - dice Joe.- ¿Cuál es su nación?, si me permite preguntarlo - dice el Ciudadano.- Irlanda - dice Bloom -. Yo nací aquí. Irlanda."Ulises. James Joyce
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1 J. Joyce, Ulises, Barcelona, Lumen, 1991, p. 344.
Las dificultades del señor Bloom para responder satisfactoriamente a la preguntaplanteada por John Wise pueden ser entendidas en un primer nivel como producto dela perplejidad de un personaje - judío de padres húngaros, nacido en una Irlandadonde el elemento religioso constituye un rasgo de demarcación nacional de primerorden - atravesado por varios de los conflictos que han demostrado mayor agudeza ypersistencia. Pero en un sentido más amplio, James Joyce logra aquí condensar losproblemas que - tanto para el sentido común como para las ciencias sociales - sepresentan para la explicación del fenómeno de la nación y el nacionalismo.Prácticamente no existe texto referido a los problemas de la nación y elnacionalismo que no comience con alguna advertencia acerca de estos problemas,destacando que se trata de fenómenos multiformes, proteicos, en los que múltiplesexcepciones se empeñan en limitar el alcance de las construcciones teóricas. En laóptica de las ciencias sociales, tales problemas se manifiestan en una notable faltade acuerdo aún acerca de los conceptos más básicos, mientras el abordaje del objetose ha realizado desde las perspectivas más disímiles. Así, la nación y el nacionalismohan sido considerados como producto de alguna necesidad psicológica universal depertenencia; como sustitutos modernos de la religión; como la variable dependientede algún proceso más general que actúa como factor explicativo - la modernidad y laerosión de los modos de vida tradicionales, la modernización, el desarrollo delcapitalismo, el carácter desigual y combinado de su expansión, el colonialismo y elimperialismo, la lucha de clases, el desarrollo de nuevas formas de comunicación ycultura, entre otros - o como el tránsito de una doctrina filosófica y política hacia elpoder, además de las múltiples explicaciones singulares que se despliegan en lashistorias de nacionalismos particulares. Los alcances y la valoración del fenómeno
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presentan igual complejidad: mientras para algunos investigadores existe unarelación orgánica entre nacionalismo y fascismo otros descartan tal vinculación, a lapar que los estudiosos que creen poder diferenciar entre nacionalismos progresivos yreaccionarios chocan con aquellos que suponen que ambos aspectos están presentessimultáneamente en todos los movimientos nacionales. Paralelamente, laconsideración de la nación como construcción o como dato divide a los estudiososentre primordialistas, perennialistas o modernistas; lo que a su vez se ve atravesadopor las disidencias entre los que plantean la posibilidad de una teoría generalexplicativa y aquellos que sostienen que la investigación se debe limitar al estudio decasos particulares.Las dificultades de comprensión del fenómeno y el fracaso para llegar a acuerdosteóricos han merecido algunas explicaciones. John Breuilly encuentra para ello dosmotivos fundamentales: en primer lugar, la universalidad y el poder del nacionalismohan creado una gran variedad de casos e intereses que dificultan el acuerdo sobre lasaproximaciones al objeto, y en segundo término la propia peculiaridad delnacionalismo, al combinar afirmaciones descriptivas y prescriptivas (existe una nacióny debe ser libre) ha provocado que mientras algunos investigadores se centren en elprimer aspecto, intentando dar cuenta de la existencia de las naciones y de losmodos más apropiados para su comprensión; otros se hayan dedicado al segundo,tratando de explicar las causas de la formulación de las demandas nacionalistas y lasrazones por las que éstas encuentran respaldo
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.El resultado es una profusión de estudios cuya cantidad ha crecido mucho más queel conocimiento del nacionalismo, mientras sus aportes presentan la dificultad de sersumamente difíciles de integrar o aún de comparar.Sin duda alguna, una de las principales dificultades para reflexionarsociológicamente sobre el problema de la nación y el nacionalismo está motivada enun tratamiento marginal, o en la total ausencia de estudios al respecto, entre los"padres fundadores" de la sociología, lo que implicó que la constitución de un campoespecífico de estudios sobre esta temática no se plasmara hasta muy avanzado elsiglo XX.Intentando explicar las dificultades de la sociología para dar cuenta de losfenómenos nacionales, Anthony Smith
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distingue entre razones metodológicas yteóricas.Metodológicamente el problema de la nación y el nacionalismo presenta grandesdificultades de definición, clasificación y explicación; ya que encierra un campotemporal y geográfico enorme, para cuyo estudio se requiere el manejo de variosidiomas y un vastísimo conocimiento histórico. Un factor explicativo fundamental delas dificultades de la sociología para dar cuenta del fenómeno es la falta de acuerdoaún en las definiciones más básicas, dado el amplísimo rango de ideas y conceptossustentados tanto por los portavoces del nacionalismo como por sus analistas. En estesentido, es notoriamente sintomático que los movimientos nacionalistas,particularistas por definición al margen de la adopción de posturas etnocéntricas opolicentricas, no puedan presentar un teórico de la altura de un Marx, un Weber o unDurkheim.De igual importancia resulta, producto de la herencia positivista que marcódurante décadas a la sociología, la dificultad para tratar con los elementosparticularistas provenientes de una explicación interna del fenómeno, e incorporarlosa una estructura coherente de análisis, limitándose en general a dar una explicaciónexternalista que descarta el punto de vista del actor.Entre las razones teóricas que explican el descuido del problema por parte de lasociología, Smith destaca el origen europeo de la disciplina y su no problematizadoeurocentrismo. La sociología nació en países con un sentido de la nacionalidadfuertemente establecido, cuya identificación con estados de antigua data no parecía,en principio, ser pasible de cuestionamiento. No es casual entonces que los sociólogosalemanes e italianos hayan prestado una atención mayor a nuestra cuestión que suscolegas ingleses o franceses. En el caso norteamericano, donde la sociologíacomienza su desarrollo en las primeras décadas del siglo, la situación era peculiar: uncontinente más que una nación o un país, conformado por estados y comunidadesétnicas inmigrantes, sobre los que se superpone una división en "razas". Estaparticular conformación tendió a inhibir un enfoque comparativo tendiente a laconfiguración de una estructura teórica que incluya como problema a la nación.Además de los problemas derivados del contexto histórico de su surgimiento,debemos destacar que la sociología clásica centró su atención en las divisiones"horizontales" o de clase, lo que oscureció el tratamiento de clivajes "verticales"como la nacionalidad o la etnia. De este modo, los efectos de la "doble revolución", elindustrialismo, la modernización y el conflicto de clases constituyeron el locus clásicode la sociología, lo que condujo a la sociología europea a universalizar el contrasteentre sociedades premodernas (preindustriales, tradicionales, precapitalistas) ymodernas, descuidando otros aspectos de la vida social en función de dicho énfasis.Por su lado, la inclusión, en particular por parte de la sociología evolucionista, delcrecimiento de las naciones y el nacionalismo como parte de leyes más generales delcambio social impidió - en sintonía con las posiciones evolucionistas de los propiosnacionalistas - un análisis específico del fenómeno. En general, se puede afirmar quedurante un largo período se consideró a las naciones como un dato sociológico, con locual el estudio de la sociedad de hecho refería, sin mayor problematización, alestudio de la sociedad nacional
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.No es de menor importancia la observación de Montserrat Guibernau sobre lasorprendente característica por la cuál, pese a mantener su presencia en la esferapolítica, los sociólogos e intelectuales se hayan referido al nacionalismo como a unfenómeno a punto de desaparecer en función de alguna forma de universalismo, loque trajo como consecuencia que a fines del siglo XX se tematice al fenómeno entérminos de un imprevisto regreso de lo arcaico más que como a un problemaespecíficamente moderno
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.En los últimos años, a la par que el proceso de globalización transforma o eliminaalgunas de las funciones que los estados nacionales detentaron en las dos pasadascenturias, la larga serie de conflictos nacionales o étnicos surgidos en EuropaOriental, Asia y Africa; la persistencia o surgimiento de movimientos separatistas enEuropa Occidental y Canadá; la conflictividad que en muchos casos acarrean los cadavez más nutridos movimientos migratorios y el surgimiento de nuevas formas deconciencia entre minorías étnicas a lo largo de todo el planeta, obligan a las ciencias
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sociales a una reflexión sobre estos fenómenos cada vez más urgente y necesaria.* * * * *Si para el conjunto de las ciencias sociales los fenómenos nacionales hanconstituido un núcleo problemático cuya explicación dista de ser satisfactoria, para elmarxismo - tanto en sus variadas manifestaciones políticas cuanto en su faz detradición académica - estos fenómenos han conformado uno de los límites con los quese topan sus insuficiencias argumentativas. " ¿Cuál es el significado y la posición de lanación como unidad social, en un mundo dividido en clases? Sobre todo ¿Cuáles sonlos complejos mecanismos del nacionalismo como fenómeno de masas de fuerzafundamental en los dos últimos siglos? Ninguno de estos problemas ha recibido nuncauna respuesta adecuada desde la época de Marx y Engels"
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, concluía Perry Andersonen su ya clásico examen de la evolución del marxismo occidental, mie ntras que, demodo aún más lapidario, Tom Nairn sostenía que "La teoría del nacionalismorepresenta el mayor fracaso histórico del marxismo"
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. Pocos años después, BenedictAnderson afirmaba, reformulando el problema, que "... el nacionalismo ha sido unaanomalía incómoda para la teoría marxista (...)que, precisamente por esa razón, seha eludido en gran medida, antes que confrontado"
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.Nos encontramos entonces frente a dos problemáticas que se cruzan y sealimentan. Por un lado las referentes a las limitaciones de las ciencias sociales, ensus más variadas expresiones, para abordar las temáticas relativas a la nación y elnacionalismo. Por otro, las relativas a las recurrentes constataciones acerca de loslímites del materialismo histórico para dar cuenta de la diversidad de lasmanifestaciones de lo social que - desde que Thomas Masaryk acuñara en 1898 laexpresión - se ha dado en denominar "crisis del marxismo".Crisis teórica del marxismo, entonces, recurrente y multiforme, que puso encuestión sucesivamente ciertos nudos teóricos centrales - la teoría del valor, el rol dela clase obrera - y determinados presupuestos metodológicos - objetivismo,determinismo, evolucionismo, teleología - pero también crisis derivada de lainadecuación de la teoría a las transformaciones y complejidades que el capitalismodesarrolló en el último siglo, desde las mutaciones en el mundo del trabajo hasta loscambios en el Estado, pasando por la persistencia de fenómenos que se considerabanpropios de períodos de transición. Crisis teórica, en síntesis, que no hace más queexpresar una reiterada constatación acerca de la resistente opacidad de lo social.Crisis política y moral por último, obviamente producida por las experiencias delsocialismo real.Conjunto de crisis éstas que obligaron a una sucesiva reformulación de lasperspectivas de la tradición marxista, cuando no a su rechazo en bloque y abandono.La consideración de las perspectivas de análisis del marxismo acerca de lascuestiones relativas a la nación y el nacionalismo se debe realizar, entonces,considerando el cruce de ambas problemáticas.
2 J. Breuilly, "Reflections on nationalism" en: Philosophy of the Social Sciencies, Nº 15,Toronto, Wilfried Laurier University Press, 1985, p.65.3 A. Smith, "Nationalism and classical social theory" in: The British Journal of Sociology,Vol. XXXIV, Nº1, March 1983.4 "If it is the case, then it would go far in explaining why nations and nationalism were solong acepted as a sociological "given": and why the study of society was always ipso factothe study of the nation, wich was never disentangled as a separate dimension or issue",Idem, p.26.5 M. Guiberneau en: A. Giddens et all., "Es fundamentalismo el rechazo de la identidadmúlltiple", en: El ciervo. Revista mensual de pensamiento y cultura. Año XLV, número 542,Barcelona, mayo de 1996, p.16.6 P. Anderson, Consideraciones sobre el marxismo occidental, Madrid, Siglo XXI, 1987,p.128.7 T. Nairn, Los nuevos nacionalismos en Europa, Barcelona, Península, 1979, p.303.8 B. Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión delnacionalismo, México, F.C.E., 1993, [1983], p.20.
* * * * *El objetivo de esta tesis es realizar un balance del aporte de la tradición marxistaal desarrollo de una teoría del nacionalismo, considerando en particular los trabajosrealizados a lo largo de los últimos treinta años.Sostendremos como hipótesis central que la mayor parte de las teorías marxistassobre los fenómenos nacionales han fracasado, en virtud de su consideración comosubproductos comprensibles a la luz de la instancia económica o de la lucha declases. Del mismo modo, un excesivo énfasis en la dimensión estatal de laproblemática nacional ha oscurecido, en esta tradici ón, la percepción de losconflictos culturales y de la pervivencia de las minorías.Expondremos en primer lugar las diversas posturas del marxismo clásico conrelación al análisis de lo que se dio en denominar la "cuestión nacional". Noreconstruiremos aquí los debates de época, aún cuando gran parte de los posicionamientos fueron enunciados en contextos polémicos, ni las resoluciones de índolepolítica de los Partidos Socialistas o Comunistas o las Internacionales, sino queintentaremos dar cuenta de aquellos elementos que pueden ser caracterizados comomojones teóricos de la reflexión marxista sobre los problemas nacionalitarios.Nuestro recorrido, que no se pretende exhaustivo, se centrará en los principalesrepresentantes del marxismo europeo que introdujeron aportes significativos sobre lacuestión
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.Defenderemos en esta primera sección la siguiente hipótesis: debido a las diversasformas de evolucionismo, epifenomenalismo, reduccionismo
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y eurocentrismo quepresenta, la tradición central del marxismo clásico fue incapaz de dar cuenta de laespecificidad de la cuestión nacional
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. Sin embargo, las obras de Otto Bauer yAntonio Gramsci, aunque no exentas de problemas, representan una fundamentalruptura con tales presupuestos, configurando perspectivas capaces de abrir camino anovedosas vías de investigació n.
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En el segundo capítulo analizaremos losargumentos centrales de cuatro de las teorías marxistas de la nacionalidadcontemporáneas. En tres casos se trata de reflexiones sociológicas sobre losprincipales tópicos ligados al nacionalismo en las últimas décadas: la descolonizaciónocuel centro de la reflexión de Peter Worsley en los '60, el renacer delnacionalismo separatista en la Europa de los años '70 fue el marco en que Tom Nairndesarrolló su modelo, y el resurgir del racismo en la década de 1980 es relacionadoen la obra de Wallerstein y Balibar con los fenómenos nacionales. El cuarto modeloque consideraremos es el que, de manera implícita o explícita, organiza laexplicación que sobre el nacionalismo ha desplegado Eric Hobsbawm, probablemente
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