poderosos que fueran, no se comparaban con el Océano Pacífico. El océano era mágico para ella, su profundidad y misterios eran ilimitados y su llamado era irresistible. Desdeque llegó a La Joya para su trabajo de verano, ella se propuso mantenerse alejada. Muchosol y salitre es malo para la piel y ella, con su complexión como la nieve fresca (“la chicamás blanca que he visto en mi vida” fue lo que Brandy dijo), lo sabía muy bien, pero aúnasí ella no podía negar su atracción magnética.Perdida en sus pensamientos, ella no vio la figura que se acercaba por el callejón. Nosabía que no estaba sola hasta que la voz la tomó por sorpresa. “Oye, Ker ¿cómo se llamael lugar ese a dónde regresan las golondrinas?” Sobresaltada, se las arregló paramantenerse calmada y sonrió cuando reconoció la voz. Ella supo que pertenecía a JoshQuinn, uno de sus compañeros de piso, pero le tomó un momento enfocar su vista ydistinguirlo en el oscuro callejón. La piel de él era tan pálida como la suya, pero contrarioa ella, la suya era por decisión propia y no por genética y el negro de su cabello, contrarioal de ella, venía de una botella. El se veía tan fuera de lugar en su uniforme de valet-camisa blanca, chaleco granate y pantalones negros- como un león en el área de juegosde un cuido de niños.“Ummm… Capistrano, creo.” Kerry contestó luego de haberlo considerado por unmomento. Ella estaba acostumbrada a este tipo de cosas viniendo de Josh, el rey de loabsurdo e ilógico.
Si su segundo nombre no es Azar, debería serlo.
“Sí, ese es.” él dijo, de acuerdo.Como no parecía que él iba a abundar más en el tema, ella presionó un poco. “¿Por qué lo preguntas?”El encendió una cerilla en la oscuridad y, protegiéndola con las manos, la acercó alcigarrillo que tenía entre sus labios. “Estos turistas, chica,” él dijo con el cigarrillo aún ensu boca. Luego dejó escapar una nube de humo -lejos de ella porque de otra manera ellalo hubiese matado- y continuó con tono exasperado. “ellos son como esas golondrinas.”“¿Las que están en Capistrano?”“Sí, esas.”“¿En qué manera?”
Tenías que preguntar
, se regañó a si misma, queriendo respuestas.“Algunos de ellos parece que vienen aquí todos los veranos regularmente, comomáquinas.”Ella había notado lo mismo, aunque ella no había pensado en la metáfora de las aves.“Supongo que es bueno para el negocios.” Ella señaló.“Supongo. Pero este chico -ya sabes, el de estómago enorme, acento tejano y el reloj deoro que debe costar más que todo lo que he poseído en mi vida- me acaba de gritar
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