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Un tiempo convulso para una izquierda sin brújula

Un tiempo convulso para una izquierda sin brújula

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Un tiempo convulso para una izquierda sin brújula
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Un tiempo convulso para una izquierda sin brújula.
Jesús Sánchez Rodríguez
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03/06/2013Tres olas de crisis en otros tantos lugares geográficos diferentes han provocado, primero unarespuesta movilizadora de masas con carácter insurreccional en ocasiones y, luego, unacontinuación de los enfrentamientos en el plano electoral por determinar, a través del control delcontrol del Estado, el resultado del enfrentamiento abierto con cada una de las crisis.Nos estamos refiriendo, en primer lugar a la crisis provocada por la aplicación de las políticasneoliberales a finales del siglo XX en América Latina; en segundo lugar a la crisis económicaglobal desatada agudamente desde 2008 y sus efectos especialmente en Europa; y en tercerlugar a la crisis de las sociedades árabes que han sacudido todo el norte de África y OrienteMedio.En los dos primeros casos, los países afectados tenían regímenes políticos demoliberales, en eltercero, por el contrario, eran regímenes dictatoriales de diferentes características. Estasdiferencias y las relacionadas con la intensidad de los movimientos de protestas provocaronsituaciones diversas pero con puntos comunes.Donde las protestas fueron más intensas, llegando incluso a insurrecciones, se tumbarondictaduras (Túnez, Egipto, etc.) o gobiernos elegidos vía electoral (Bolivia, Argentina, Ecuador)y se abrieron posibilidades de cambios más profundos; donde fueron menos intensascontribuyeron a incidir en el ciclo político y propiciaron cambios de gobierno por la víaelectoral (especialmente en Europa). En la mayoría de los casos, sin embargo, una vez superadala primera etapa movilizadora que desencadenó inmensas fuerzas sociales y removió losobstáculos principales, el enfrentamiento por la definición de las nuevas condicioneseconómicas, sociales y políticas continúo por la vía electoral con el objetivo de conquistar elEstado y, a través de él, imponer el proyecto social.Qué la vía electoral fuese la determinante en la segunda etapa no significa que no fuesenutilizados otros expedientes en el enfrentamiento durante el desarrollo del proceso, como lasgrandes movilizaciones y ocupaciones de espacios públicos (las plazas de Tahrir y Síntagma, seconvirtieron en referentes), las huelgas generales (las más numerosas han sido las griegas), o los
 
2intentos de golpes de Estado (Venezuela, Ecuador). Pero, incluso cuando triunfaron estosúltimos, como en el caso de Honduras o Paraguay, se intentaron recubrir con simulacros dedemocracia para hacerse aceptar por la opinión pública internacional.Las movilizaciones populares contra el capitalismo (las anti-neoliberales o contra los efectos dela crisis económica) y contra las dictaduras desataron fuerzas que en teoría deberían favorecer alas corrientes de izquierda o progresistas, pero esto no era una relación inmediata, ni tenía unaconversión directa en cuanto la consolidación de las posiciones en el Estado se debía realizar através de procesos electorales simultáneos o posteriores.En primer lugar, porque incluso derrotadas, las antiguas fuerzas contra las que se movilizaronlas clases populares continuaron teniendo un peso importante (los partidarios de Mubarak, laderecha reaccionaria en América Latina, las fuerzas conservadoras en Europa) que consiguieronrevertir los logros de las movilizaciones (Argentina, Honduras, Islandia), o les dificultaron endistinto grado de su desarrollo (Bolivia, Venezuela). Segundo, porque entraron en juegotambién nuevas fuerzas ya existentes (los islamistas en los países árabes) o nacidas al calor de lacrisis (las organizaciones de la extrema derecha en Europa) que aprovecharon la situación paraarrebatar apoyos a las fuerzas populares (Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional enFrancia) o incluso hacerse con el poder (las fuerzas islamistas en Túnez o Egipto). Tercero, yeste es el núcleo de la reflexión de este artículo, porque la izquierda carece de un pensamientoprofundo adecuado a su desenvolvimiento en las condiciones de lucha electoral, incluso cuando,como en los casos que venimos mencionando, esa lucha electoral esté acompañada de fuertesmovilizaciones populares (sin un entorno de movilización popular, en la actual coyunturahistórica, la izquierda juega un papel marginal). Y esto ha llevado a la existencia de objetivos,políticas y estrategias improvisadas según las circunstancia; y a derrotas y desconciertos.Los ejemplos en los últimos años han sido variados. Si nos centramos en movilizacionesintensas recuperadas por el sistema contra el que se dirigían, el modelo sería el de lainsurrección argentina. Si nos referimos a expectativas electorales frustradas, los casos másparadigmáticos serían el fracaso del NPA en Francia y luego el desengaño electoral también enFrancia del Frente de Izquierdas; pero, sobre todo, la frustración de Syriza, a punto de alcanzarel poder el Grecia. Si nos fijamos en victorias electorales revertidas, entonces debemos mirar ala denominada “revolución islandesa”, que ha terminado en una vuelta al poder de los mismospartidos conservadores que originaron la crisis. Si queremos fijarnos en el éxito electoral de unmovimiento de protesta rápidamente dilapidado, entonces tenemos el batacazo del Movimiento5 estrellas italiano en las recientes elecciones municipales, después del impresionante voto deprotesta que recogió pocos meses antes. Si el espectáculo es el de una revolución secuestradapor fuerzas que ni la habían desencadenado, ni representaban los objetivos de los sectores
 
3movilizados, entonces debemos mirar a lo ocurrido con las victorias de los islamistas en Túnezy Egipto. Por último, si queremos ver un proceso revolucionario con una década de desarrolloque sufre un importante retroceso, entonces nos debemos fijar en el resultado electoral delchavismo en las últimas elecciones presidenciales, a punto de haber sido derrotado.Y la pregunta entonces es, ¿existe un modelo teórico en la izquierda capaz de analizar ycomprender las causas de estos fenómenos y servir de brújula para su desenvolvimiento en elseno de unos procesos que están lejos de haber acabado, y que pueden incluso extenderse más?Hubo una época histórica en que un debate intenso recorrió la izquierda durante un largoperíodo, levantando pasiones y haciendo correr ríos de tinta. Aquél debate giraba en torno a lavía adecuada para alcanzar el socialismo y enfrentó a los partidarios de la vía insurreccional, ensus múltiples variantes, con los partidarios de la vía institucional, pacífica o parlamentaria. Eldebate enfrentó a socialdemócratas y comunistas, y luego a distintas corrientes en el seno deestos últimos. Enfrentados por la elección de la vía, sin embargo estaban de acuerdo en un puntoclave, el objeto a conquistar como posibilidad real de iniciar el cambio era el Estado.El desarrollo histórico fue arrinconando en la práctica a la vía insurreccional, especialmentedespués de la debacle del socialismo real. Aunque siguen existiendo sectores de la izquierdapartidarios de esa vía, e incluso la practiquen como en la India o Colombia, sin embargo hoyson expresiones marginales en la izquierda actual.Se han dado en los últimos 15 años verdaderas rebeliones populares tanto en América Latinacomo en el mundo árabe, como por otra parte nunca han cesado en la historia, especialmente lasde origen campesino. Pero no se puede decir que fuesen insurrecciones orientadas a alcanzar elsocialismo. Su carácter más o menos espontáneo, el peso en su seno de movimientos socialesheterogéneos con objetivos parciales, y la ausencia en ellas de organizaciones socialista con unpeso hegemónico, hace que deba rechazarse cualquier intento de presentarlas como ejemplos dela actualidad de la vía insurreccional.Además, la paradoja de estas rebeliones ha sido que los movimientos que las animaban nocontemplaban la posibilidad de conquistar el Estado, expresaban un movimiento de protestaintenso contra las políticas sociales y económicas estatales, una explosión de rechazo. Fueroncapaces de derribar gobiernos como en América Latina, Túnez o Egipto o desencadenar guerrasciviles como en Libia o Siria, y solo entonces se dieron cuenta de la necesidad de controlar elEstado. En algunos casos llegaron a crear un instrumento político para ello, como en Bolivia, enotros se tuvieron que apoyar en figuras carismáticas que expresaron políticamente sus objetivos,como en Venezuela o Ecuador, pero otras veces esta debilidad les llevó a la derrota frente a

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