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Carlo Scull En A

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Carlos Cullen
(1943): nacido en Santa Fe, Lic. en Filosofía por la Universidad del Salvador,realizó estudios de postgrado en la Universidad de Friburgo, Alemania. Su reflexión filosófica seha desarrollado en estrecha relación con la actividad académica. Profesor en las Facultades deFilosofía y Letras y de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y en la Maestría enEducación de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Director de la Escuela de Filosofía de laUniversidad del Salvador, Director de Departamento en CONSUDEC, Director General deEducacn en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, Coordinador del área deFormación Ética y Ciudadana en los Contenidos Básicos Comunes, Director de Maestría de ÉticaAplicada, y actual Secretario Académico de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.. Comohilo conductor aparece la cuestión de la subjetividad desde lo comunitario e histórico, ocupandoun lugar particular las reflexiones éticas y educativas. Es autor de
Fenomenología de la crisismoral, Reflexiones desde América, Autonomía moral, participación democrática y cuidado del otro, Crítica de las razones de educar. Temas de Filosofía de la Educación,
y numerosaspublicaciones de artículos y coautoría.
Cullen, Carlos
,
Reconocimiento y pluralismo. El lugar del otro en la formacióndel sujeto moral,
 
Memorias del XIV Congreso Interamericano de Filosofía,Puebla, 1999.
 
El pluralismo aparece como uno de los problemas más acuciantes en los debateséticos y de filosofía política en este final de siglo. El renacimiento del llamado"liberalismo político"
1
, una de cuyas banderas fundamentales es el pluralismo, parecierahaber vuelto a poner, sobre la mesa la discusión en torno al sentido del pluralismo hoy,la mejor forma de argumentarlo y la necesidad de resistir frente al florecimiento deformas nuevas (y no tan nuevas de fundamentalismos intolerantes), por un lado, y frentea lo que muchos pensadores de cuño liberal perciben como una defensa racional de ladiferencia
2
,
que pareciera también amenazar el pluralismo, disolviendo su carácter igualitario en un singularismo elitista, no desprovisto de una fuerte carga de esteticismo
3 
Porque el pluralismo, en general, tiene que ver con la
diferencia
4
contra todototalitarismo que no la deje ser, pero tiene que ver también con una defensa racional dela diferencia, que justamente no puede tener otro fundamento que no sea la igualdad enla dignidad de la persona, en la autonomía del juicio moral, en ese "Faktum rationis" quese traduce en la posibilidad de representarse la ley moral como un imperativoincondicionado
5
.El pluralismo moderno, entonces, tiene que ver con una forma de entender lasrelaciones entre diferentes en el seno de una organización social fundada sobre elprincipio de la igualdad básica de derechos y obligaciones. Es decir, es históricamenteun problema de los estados modernos y, en particular, de las democracias modernas
6
.El carácter de "fin-en-sí" y nunca medio, propio de la persona moral, no definepropiamente la diferencia, sino que define la dignidad de la libertad, en la cual se basael principio de igualdad. Por eso el respeto a este carácter de fin en sí, al cual todohombre tiene derecho, no es por ser diferente, sino por ser igual en la libertad y en ladignidad. Por eso, en un sentido casi estricto, este pluralismo se traduce en unaobligación de
tolerar 
las diferencias, porque se respeta la igual dignidad, y en underecho a que se tolere la propia, y por la misma razón. Nadie está obligado areconocer la diferencia como valor, sino simplemente a tolerarla, y dentro del mutuorespeto debido a la igual libertad de todos para elegirla.Justamente queremos hablar de la
lucha por el reconocimiento
como una formade avanzar sobre esta caracterización del pluralismo, que nos permitimos llamar 
 puramente negativo,
en el mismo sentido en que se suele hablar de libertad negativa(en el doble aspecto de ausencia de impedimento y de constricción)
9
. El meollo deltema es avanzar sobre la idea de la mera tolerancia, profundizando el mismo sentido de
 
la subjetividad moral que queda inadecuadamente definida desde la sola autonomía del juicio, que es, en definitiva y como diría Hegel, una figura de la conciencia y no delmundo, por lo cual puede ser o una ilusión o una soberbia. El reconocimiento es laverdad de esta mera certeza de racionalidad moral. Y es aquí donde se abre laposibilidad de entender el pluralismo no como mera “tolerancia”, sino también y sobretodo
“aprendizaje mutuo” 
1
.
Puede parecer provocativo que hablemos del pluralismo en un registrohegeliano. Porque el pluralismo es una idea relacionada con aquellos tópicos de lafilosofía práctica del primer liberalismo, a los cuales Hegel aparentemente dirige sucrítica: la idea del contrato social, de la prioridad de la libertad en la idea de justicia, y,sobre todo, la idea del estado como un mero guardián del “atomismo” social de ladecisión racional de los individuo
11
. Sin embargo, lo que intentamos defender es que
Hegel logra articular una idea de pluralismo
 
 positiva,
que incorpora a la autónoma laautorrealización en el reconocimiento del otro y no solamente en la toIerancia indiferentea la diferencia.Mi intención en este trabajo es desbrozar los términos de algunas discusiones,entre otras razones para mostrar cómo ciertos planteos hegelianos profundizan endefinitiva los argumentos llamados "liberales" para defender el pluralismo, más que"cancelarlos" o sostener una especie de uniformismo social
12
. La "superación" de lamoralidad en la eticidad no quiere decir sino la "inserción" del otro en la subjetividadmoral
13
. De lo que se trata es de cómo deviene sujeto (moral) la sustancia (ética).
a. Pluralismo, igualdad y libertad 
En cierto sentido, la racionalidad moderna se caracteriza por romper la ideatradicional de pensar la diversidad solamente desde un modelo de jerarquías naturaleso de diferencias cualitativas esenciales entre los seres que forman un gran orden deluniverso, o cosmos, y un correspondiente orden social. El gran principio moderno sepuede formular con la conocida iniciación
del Discurso del Método:
"el buen sentido esla cosa mejor repartida del mundo"
14
.
Todos somos iguales, porque todos somospotencialmente "sujetos".Esta subjetividad que nos iguala es, en términos prácticos, un poder actuar desdenosotros mismos, es decir, libremente. Es lo que se llama "derecho natural”
15
.
Para una filosofía que parte de la igualdad, de la libertad como un derecho natural,el problema comienza cuando nos preguntamos y entonces: por qué la diferencia. Creoque hay una respuesta básica en el mundo moderno, que será decisiva para lassucesivas formas de argumentar sobre el pluralismo. La diferencia no es de naturaleza,todos somos igualmente libres y dotados del derecho natural, sino que se basa
en el uso
que hagamos de ese derecho.Creo que puede ayudar a entender esto comenzar desde el lugar aparentementemás claro: el uso teórico de la razón. Todos somos potencialmente sujetos
epistémicos,
pero pocos saben usar bien la inteligencia.Es necesario el
método,
como una forma de poder plantear bien la relación de lateoría "una" con la "diversidad" de datos empíricos: hay quienes usan bien su razón yhay quienes usan mal su razón, y por eso hay conocimientos válidos, porque [están]medicamente disciplinados, y conocimientos infundados, porque no esnmetódicamente construidos.Un aspecto central de la especulación moderna giró en torno a la cuestión decómo usar bien la razón para poder fundamentar conocimientos con validez. Es lo que
 
constituye el meollo de la llamada filosofía crítica, y que, como se expresa Rorty,significó la emergencia de la
constricción epistemológica
1
,
en relación al “buen uso dela razón”. Es constricción, porque la razón va a quedar limitada, en su uso científico, acierto disciplinamiento metodológico y crítico. Somos libres para pensar, pero esalibertad está fuertemente restringida si lo que pensamos
 pretende validez 
científica.En paralelo con esta reflexión "epistemológica", el mundo moderno trabajará hastael cansancio la otra cuestión de la subjetividad: cómo usar bien la razón para poder fundamentar acciones que sean legítimas. Es acá donde nos parece que rápidamente,y en la misma nea de una filosoa crítica, se instala la que podemos llamar 
constricción ética,
en relación al buen uso, ahora práctico, de la razón. Es constricción,porque la razón práctica va a quedar limitada, en su uso moral, a cierto disciplinamientonormativo y crítico de la libertad. Somos libres para actuar de acuerdo a las normas quequerramos, pero esta libertad está fuertemente restringida, si
 pretendemos
dotar a esasnormas de
validez moral.
También en forma paralela, no hay acción moralmente valiosasin una
intención
moralmente legimitada, como no hay conocimiento científicamentecierto sin una
síntesís
epistémicamente válida.Por supuesto, como sabemos, el método científico y las obligaciones moralesresponden al uso correcto de la razón "pura": limitada al campo de la experienciaposible, tratándose de la ciencia;
autónoma
de toda otra ley que no sea la de la mismarazón pura, tratándose de la moral.Las diferencias, las diversidades, quedan para el campo de los objetos posibles dela experiencia, y
 
de los bienes y fines para la acción. La
forma
de la cientificidad comode la moralidad no admite diferencias, y nos las admite porque se fundan en lanaturaleza misma de nuestra razón, que es igual porque tiene toda la universalidad ynecesidad de un
a priori.
El pluralismo aparece como problema, cuando la diferencia no es jerárquicamentenatural, sino cuando es concebida como aleatoriamente histórica (o cultural).Lo incondicionado es la igualdad. Lo natural y culturalmente condicionado son lasdiferencias en el uso que hacemos de esa facultad de ser sujetos, razón, libertad,derecho natural. Y n en ese "uso" estamos todos igualmente constreñidos, sipretendemos que los conocimientos tengan validez científica o las acciones legitimidadmoral.La diferencia hace problema porque la igualdad constitutiva, el
a prior¡
como "yotrascendental" o como
"Faktum rationis",
legisla sobre representaciones "empíricas"para constituir objetos científicos, o bien sobre “máximas" o "bienes" naturales osociales, para constituir normas morales. Por eso, la ciencia y la ética
son universales,
valen para cualquiera, pero lo son por 
su forma,
porque sus objetos o contenidosdependen de singularidades o particularidades.Paradójicamente el programa del pluralismo se puede plantear de la siguientemanera:
cómo juegan las diferencias si el fundamento es la igualdad.
Si el derecho a ladiferencia fuera más allá de la igualdad, habría algo "natural" que jerarquizaría lasrelaciones entre los hombres y justificaría algún tipo de violencia o tiranía. Si la igualdadno fuera un más acá de la diferencia natural o social, el criterio para distinguir lo legítimomoralmente pasaría por algo distinto al sujeto, al
cogito
, a la razón en su uso práctico.Y entonces estaríamos en un código diverso al de la modernidad.Sin embargo, el problema, como diría Bobbio, es igualdad con respecto a qué. Yla respuesta moderna es clara: es igualdad con respecto, justamente, a la diferencia. A

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