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2 - Adolfo Gilly - La guerra de clases en la revolución mexicana

2 - Adolfo Gilly - La guerra de clases en la revolución mexicana

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09/10/2014

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Temas de Historia UniversalMaterial de Apoyo
1
I.- Introducción.
 No es un buen método o es el buen y viejométodo apriorístico, como diría irónicamenteEngels comenzar por clasificar a la revoluciónmexicana, por ponerle nombre o etiquetas. La dis-cusión sobre la interpretación de la revolución nose puede encerrar en la disputa de sus nombres:democrática, burguesa, popular, antiimperialista,campesina; o de sus secuencias: concluida, derro-tada, victoriosa, inconclusa, interrumpida, perma-nente. Nombrar viene después: lo primero es com- prender qué fue la revolución.Esto es lo que trataremos de hacer, investigan-do cuáles fueron sus determinaciones fundamen-tales, cómo ellas se combinaron, cuál fue su movi-miento interior y en qué resultado global desem- bocaron. Sólo el carácter concreto de esta totali-dad y su movimiento, pueden dar la base materialen la cual sustentar el nombre de clase de la revo-lución mexicana, su carácter de clase especifico,que es
siempre
una combinación, porque produc-to de combinaciones desiguales son las formacio-nes económico-sociales en las cuales ocurren lasrevoluciones reales.
2.- Fuerzas componentes y determinantes.
Como punto de partida, concebimos la
esenciade toda revolución
en los términos en que la gene-raliza Trotsky: «La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de lairrupción violenta de las masas en el gobierno desus propios destinos». Desde este punto de vista,ésa fue también la esencia de la revolución mexi-cana, su rasgo último y definitorio. Ella aparece,ante todo y sobre todo, como una violentísimairrupción de las masas de México, fuera de la es-tructura de la dominación estatal y contra ella, quealtera, trastorna y transforma de abajo a arriba to-das las relaciones sociales del país durante diez añosde intensa actividad revolucionaria. Esa actividadtiene un motor central: la revolución se presentacomo una
 gigantesca guerra campesina por latierra
 ,
que llevada por su propia dinámica pone encuestión el poder y la estructura del Estado, con-trolado hasta entonces por un bloque de poder enel cual la hegemonía indiscutible la detentaban losterratenientes.La base de masas de los tres principales ejérci-tos revolucionarios: el de Obregón, el de Villa y elde Zapata (dejamos en el plano secundario quesiempre ocupó el ejército de ese general sin honor y sin conocimientos militares que se llamó PabloGonzález), la constituyó el campesinado insurrec-to.
1
Ciertamente, fueron diferentes las relaciones deesas tres fracciones militares con el Estado de losterratenientes y de la burguesía mexicanos. Elobregonismo era un desgajamiento de ese Estado(como lo era en su conjunto el carrancismo), quetenía su base material y de continuidad históricacon el pasado en el aparato del Estado de Sonora
2
y que aspiraba a transformar al Estado nacional,reorganizándole a su imagen y semejanza (imagenque, dicho sea de paso, fue transformándose ellamisma y tomando forma en el fragor de los diezaños revolucionarios).El villismo, cuya base de campesinos y trabaja-dores se nutría de una región donde estaban mu-cho más desarrolladas que en el centro y el sur lasrelaciones salariales y capitalistas en el campo, tam- poco enfrentaba programáticamente, en sus obje-tivos últimos, a ese Estado. Quería la tierra, queríala justicia, pero no las imaginaba fuera del marcode las relaciones capitalistas de producción quehabían ido creciendo durante toda época de PorfirioDíaz. Aunque Villa y Madero se proponían objeti-vos diferentes, el maderismo de Villa no era unaargucia o una astucia, sino la expresión del some-timiento ideológico campesinado a la dirección deuna fracción de la burguesía y, en consecuencia, asu Estado.El zapatismo no se planteaba, obviamente, lacuestión del Estado ni se proponía construir otrodiferente. Pero en su rechazo de todas las fraccio-nes de la burguesía, en su voluntad de autonomíairreductible, se colocaba fuera del Estado. Su for-ma de organización no se desprendía o se desgaja- ba de éste: tenía otras raíces. Y quien está fueradel Estado, si al mismo tiempo decide alzar las ar-mas, se coloca automáticamente contra el Estado.
La guerra de clases en la revolución mexicana(Revolución permanente y autoorganización delas masas)
Adolfo GillyDocumento tomado de:
 Interpretaciones de la revolución mexicana
 ,
México
 ,
Ed. Nueva Imagen,1980 pp
. 21-53.
 
Material De ApoyoTemas de Historia Universal
2 Nada de esto era claro para las tres fraccionesmilitares, que no razonaban en términos de Esta-do, sino de gobiernos. Las tres podían entoncescoincidir en el antiguo grito trasmitido por la tra-dición nacional: «¡Abajo el mal gobierno!», y lastres entender con ello cosas diferentes. Esa dife-rencia residía sobre todo en qué hacer con la tie-rra. Y como la base de masas de la revolución dabala lucha por la tierra y la base de los tres ejércitosse movilizaba antes que nada por la tierra y no por la paga (aunque la paga contara en elconstitucionalismo), es natural que al radicalizarsela lucha revolucionaria, la fracción más extremaen esa lucha por la tierra influyera sobre la base demasas de las otras. Esto, sumado a la defensa por los terratenientes de sus propiedades y de su Esta-do, contribuyó a que la vasta insurrección en lacual, inicialmente, sólo una minoría estaba fueradel Estado, acabara enfrentando a Estado que de-fendía la propiedad de los terratenientes con lasarmas en la mano y quebrando su columna verte- bral: el Ejército Federal. La lucha contra el «malgobierno» acabó así en una insurrección contra laclase dominante, los terratenientes y toda su es-tructura estatal.El porfiriato, como es ya generalmente recono-cido, fue una época de intenso desarrollo capita-lista del país. En ella se van articulando y combi-nando constantemente relaciones capitalistas y re-laciones precapitalistas, pero cada vez más some-tida la masa de éstas mayoritarias, si se las hu- biera podido medir cuantitativamente al dina-mismo de aquéllas. El régimen porfirista fue, bajosu aparente inmovilidad política, una
sociedad enintensa transición
 ,
la forma específica que adop-tó en México el periodo de expansión del capita-lismo en el mundo de fines del siglo XIX y co-mienzos del XX, en el cual se formó y se afirmó sufase imperialista y monopolista.Ese desarrollo del capitalismo en México bajoel porfirismo, combinó bajo una forma específicados procesos que en los países avanzados se pre-sentaron separados por siglos: un
intenso
 procesode acumulación originaria y un
intenso
 proceso deacumulación capitalista (reproducción ampliada).Evidentemente, ambas formas de acumulación secombinan en todas partes, todavía hoy. Pero aqué-lla es absolutamente secundaria y se opera, por asídecirlo, en los intersticios de ésta, como un resa- bio que la lógica del sistema no puede eliminar.
3
el porfiriato, por el contrario, la acumulación origi-naria -madre de las antiguas guerras campesinaseuropeas, la de Thomas Münzen en Alemania, lade Winstanley y sus
diggers
en Inglaterra, la delCaptain Moonlight en Irlanda-, bajo la forma bru-tal de las compañías deslindadoras y de la guerrade las haciendas contra los pueblos, fue un rasgodominante del período, al servicio del cual estuvotoda la potencia del Ejército Federal y todas lasargucias de jueces, abogados, funcionarios, políti-cos, intelectuales, profesores, caciques y sacerdo-tes. Este proceso fue acompañado, estimulado yluego crecientemente dominado por el desarrollode las industrias: minera, petrolera, textiles, alimen-ticia (entre ellas, la azucarera), henequenera, en lafigura de cuyos trabajadores se mezclabaninextricablemente la libre coerción capitalista delsalario con las coerciones extraeconómicas de lasrelaciones de producción precapitalistas. El peónacasillado era un ejemplo típico de esta doble coer-ción integrada en una sola explotación, así como anivel de la acumulación del capital las haciendasazucareras o ganaderas eran ejemplos de la com- binación de ambos procesos de acumulación enforma masiva y en una misma empresa.La construcción de los ferrocarriles, orgullo delrégimen porfiriano, expresó concentradamente estacombinación. Ellos se extendieron expropiando tie-rras de las comunidades para tender sus vías, in-corporando a los campesinos así despojados comofuerza de trabajo para su construcción, desorgani-zando sus formas de vida y de relación tradiciona-les y arrastrándolos al turbión mercantil del capi-talismo. El avance de las vías férreas está conste-lado de insurrecciones campesinas algunas re-gistradas, muchas otras no- en defensa de sustierras y de su modo de vida, todas reprimidas,todas derrotadas, ninguna como se vería final-mente en 1910 definitivamente y para siemprevencida.Los campesinos sufrían este proceso combina-do de acumulación como un despojo de sus tierrasy una destrucción de sus vidas, de sus relacionesentre sí y con la naturaleza, de sus ritmos vitales,de sus tradiciones. Era una potencia inhumana yhostil que penetraba arrasando, sometiendo, des-truyendo cuanto les era querido y constituía su iden-tidad social. Y esa potencia se materializaba, ade-más, en el ejército federal, ese monstruo que me-diante la leva se construía con la propia carne cam- pesina.El campesinado resistió constantemente ese pro-ceso. Lo resistió como campesino comunitariodespojado y lo resistió como peón ocomotrabajador asalariado. Resistió en su doble carác-ter combinado. Y la antigua materia de las guerrascampesinas, la resistencia a la penetración brutaldel capitalismo, se combinó con la nueva materiade las luchas obreras, la resistencia a la explota-ción asalariada. De esa
combinación única
naci-da de un proceso también combinado en formaespecífica y única, nacieron la explosividad, el di-
 
Temas de Historia UniversalMaterial de Apoyo
3namismo y la duración extraordinarios del movi-miento de masas de la revolución mexicana. Esfundamentalmente el campesinado quien hace sal-tardesde abajo toda la lógica del proceso de desa-rrollo capitalista. No puede impedirlo ni sustituir-lo por otro diferente, pero lo interrumpe y lo cam- bia de sentido, altera las relaciones de fuerzas en-tre sus representantes políticos. Y así como él, elcampesinado, se había visto envuelto en el turbióneconómico y social del desarrollo capitalista, res- pondió envolviendo al capitalismo en el turbiónsocial y político de su propia guerra revoluciona-ria.La revolución mexicana oficial, la de Madero,la del Plan de San Luis, la que empezó el 20 denoviembre de 1910, en realidad terminó el 25 demayo de 1911 cuando, después de los acuerdos deCiudad Juárez, Porfirio Díaz se embarcó en el«Ypiranga». Quienes la continúan, haciendo saltar finalmente los acuerdos entre el porfirismo y elmaderismo, son los campesinos. El foco de esacontinuación está en el zapatismo. Detrás de la brecha que éste mantiene abierta, se precipitan to-das las masas. Y con ellas, se precipitan y conver-gen todas las determinaciones de la historia mexi-cana sin las cuales es imposible explicar el fantásti-co dinamismo de la revolución; una historia cons-tantemente fracturada por irrupciones de las ma-sas, en la cual los períodos de continuidad y esta- bilidad no aparecen como la conclusión de las rup-turas anteriores sino, por el contrario, como pe-ríodos de acumulación de las contradicciones que preparan las rupturas por venir.Detrás de la irrupción campesina, se precipitany convergen en la revolución de 1910 desde el es- píritu de frontera del norte hasta la persistencia dela memoria de las comunidades del sur y del cen-tro, desde las guerras de masas de Hidalgo y Mo-relos hasta la expulsión del imperialismo francés por los hombres de Juárez, desde el fusilamientode Maximiliano hasta las múltiples y anónimas su- blevaciones locales, desde el desgarramiento exte-rior de la guerra del año 47 hasta el desgarramientointerior de la guerra del yaqui. Es inútil buscar entodo esto los factores económicos, que sólo enúltima instancia decían Marx y Engel deter-minan los hechos históricos. Y sin embargo, todasesas determinaciones son también decisivas paradar a la revolución mexicana su carácter 
único
enla formación y la síntesis de la nación.
4
Otras determinaciones, las de la situación mun-dial, influyeron también sobre el gran estallido de1910. Ellas son conocidas: la revolución de 1905en Rusia; la crisis mundial del capitalismo en 1907que afectó gravemente a la economía mexicanatanto en su actividad industrial como en susexportaciones y en el nivel de los precios internos;la serie de revoluciones populares (en el sentidoque Lenin da a la palabra: burguesas por su pro-grama y sus objetivos de clase, populares la am- plia intervención de las masas en ellas) en Portu-gal, Turquía, China; los preparativos de la guerramundial; el crecimiento y el auge del sindicalismorevolucionario de los
 Industrial Workers of theWorld (IWW), los wobblies
 ,
en Estados Unidos.Todos estos procesos incidieron, en medida di-ferente, sobre la sociedad mexicana y se combina-ron con una
crisis de la transición
en el Estado burgués. Esta transición estaba determinada por elascenso de un nuevo sector de la burguesía que pasaba de terrateniente a industrial (sin dejar deser propietaria de tierras), uno de cuyos prototi- pos era precisamente la familia Madero, sector que buscaba una transformación en los métodos dedominación del Estado, para acordarlos con lastransformaciones económicas sufridas por el país.Esa crisis, que era producto del nivel del desarro-llo capitalista favorecido y organizado por el Esta-do porfiriano, tomó la forma política de la crisisinterburguesa que opuso al maderismo, como mo-vimiento nacional, al régimen de Poifirio Díaz.Tal vez una de las razones que explican la aspe-reza con que se enfrentaron las dos fracciones dela burguesía, sea el hecho que no se sentían ame-nazadas por el
 proletariado
en su dominación es-tatal. La clase obrera, sin duda, había crecido jun-to con la industria bajo el régimen porfiriano, ha- bía organizado sociedades de resistencia y sindi-catos, había intensificado el número y la frecuen-cia de sus movimientos de. huelga desde princi- pios del siglo. Bajo su influencia social, un ala delliberalismo, la de Ricardo Flores Magón, habíaabrazado las concepciones del anarquismo y pro-clamaba, con el programa del Partido Liberal Mexi-cano de 1906, los ideales de la revolución social.Pero los movimientos de la clase obrera misma, por resueltos que pudieran haber sido sus méto-dos de lucha frente a la represión estatal, nunca pasaron del nivel económico. El proletariado mexi-cano, en ninguno de sus sectores importantes, se proponía cambiar el régimen del trabajo asalariadoy luchar por el socialismo, sino mejorar su situa-ción económica y social dentro del régimen capi-talista imperante. El hecho de que en México noexistiera un Partido Socialista de la Segunda In-ternacional (como los había, por ejemplo, en el primer decenio del siglo, en Argentina, Chile yUruguay) no era, en último análisis, la causa deesa situación, sino más bien su reflejo. El hecho,en cambio, de que muchos de sus militantes devanguardia y organizaciones sindicales adoptaranla ideología anarquista no significa que esa ideolo-

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