Salimos del local y caminamos hasta la esquina, donde está aparcado un golf rojoanaranjado semi destartalado. Acomodo mi guitarra en el maletero y una vez enmarcha ella dice: "¿Por dónde?" Yo quiero que me acerque hasta el poblado de LasBarranquillas y le indico que coja la M-40 en dirección a Valencia, hasta coger la salidade Vallecas. Pero no me hace caso, y allí comienzan los problemas. Pretende llevarmea un lugar en el que se fuman porros, hay cuentacuentos, más de veinte clasesdiferentes de tés y se trabaja el cuero. Yo le digo que ni se le ocurra, que mejor me dejaen cualquier sitio del centro, pero ella ni caso. Me veo atrapado en su coche. Yo lainsulto entre dientes (algo suave, "tonta del culo" o así), pero creo que ella lo escucha.De pronto, se detiene y se apea, dejando las luces puestas. Cuando me quiero dar cuenta estamos justo enfrente de la estación de Atocha. Llevaba dos días viendo en latelevisión un bucle con las imágenes de la entrada de la estación convertida en uncaos tras los atentados y resulta que ahora a aquella señorita se le ocurre que nosplantemos allí delante. Es la una de la mañana y aquello está desierto, y lo único quese ven son montones de flores y velas encendidas por todas partes. La miro y ella estácon los ojos cerrados y el rostro mirando hacia el cielo, con los brazos extendidos yrespirando hondo. Yo le grito que por qué coño me ha llevado allí, que salgamospitando por favor y que qué cojones está haciendo, y ella me espeta "Buscandorespuestas", y se queda tan ancha, y para mí es el colmo y me pongo súper nervioso yyo que no tengo carné de conducir ni nada me pongo al volante para salir de allí comosea y muevo el coche unos diez metros en primera y aplasto un montón de velas rojas yvarias coronas de flores por el camino y acabo frenando contra una farola y salgo de unsalto y cojo mi guitarra del maletero y me voy de allí corriendo y asustado como un perrotonto.Tres días más tarde regresé a Gijón en autobús, y recuerdo ir todo el viaje escuchandoa los Kinks, creo que el
Kontroversy
sobre todo, y llegar a casa tarareando la melodíade esta canción de la que, por si alguien lo había olvidado, me disponía a hablar.
Autoayuda
Es la otra cara de la versión que aparece en el epé que antecede al álbum, aquí másviolenta y con una instrumentación más obsesiva. En un principio, y para seguir con laracha de títulos autorreferenciales en mis discos, se iba a llamar "N. V. por una justiciacósmica", pero ocurrió algo que me hizo cambiar de parecer con el fin de evitar futurosmalentendidos. Xel Pereda (miembro de Las Esferas Invisibles, le guste a él o no)recibió una llamada de la A.I.E. (Asociación de Intérpretes y Ejecutantes), en la que unaseñorita le pedía amablemente que le indicara en qué canciones de mis discosparticipa con el objeto de actualizar convenientemente los archivos de la asociación. Asíque la eficiente administrativa le va enumerando títulos a Xel y, al llegar a al cortesegundo de
Cajas de música difíciles de parar
–"N. V. por la paz mundial"- ella, con vozfirme y asexuada suelta: "Nacional cinco por la paz mundial", y se queda tan ancha.Tras semejante muestra científica de pensamiento lógico, he de confesar que ardo endeseos de conocer a esta señorita y que no descarto la posibilidad de enamorarme deella.
Nuevos planes, idénticas estrategias
Yo compartía piso con Jairo, mi amigo y bajista de Las Esferas Invisibles, hastaprincipios del pasado verano, cuando me mudé a otro apartamento en el centro deGijón. Me encontraba charlando con él y Elena, su novia, poco antes de la mudanza, yles pregunté acerca de sus intenciones ahora que yo me iba del antiguo piso. Les dije
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