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Junto a estas seis tumbas se instala el tribunal. Detrás de los magistrados,en el retablo, hay una pintura de Monseñor Romero, artísticamente estilizado,apuntando al cielo. Y junto a las tumbas hay otra pintura suya con rostro real. Eserostro miró a miles de víctimas salvadoreñas, y en él las víctimas vieron a suabogado defensor, abogado de oficio, por cierto, como en tiempo de la colonia, losobispos fueron defensores del indio por oficio.En las paredes del fondo hay catorce dibujos del vía crucis real del pueblosalvadoreño, durante los años de represión, los años setenta hasta 1981, y losaños de guerra hasta 1992. En todos los cuadros han quedado dibujadas, escenastodas ellas de torturas reales, tal como nos lo contó el pintor Roberto Huezo, aldonar los cuadros.Estamos, pues, en un lugar muy apto para que se instale un Tribunal deJusticia Restaurativa. El que sea una capilla para nada quita exigencia de rigor alos procedimientos. Más bien puede crear un ambiente propicio. A todos nos puederecordar que Jesús de Nazaret fue insigne abogado de las víctimas, se enfrentócon los victimarios por defenderlas, corrió todos los riesgos y acabó él mismo comovíctima. Y recordamos también que, en Jesús, “el verdugo no triunfó sobre lavíctima”.Para la UCA es un honor, dicho sin rutina alguna, el que se instale en estauniversidad este Tribunal de Justicia Restaurativa. Y es también un compromiso aproseguir el trabajo en favor de los derechos de las víctimas. El Padre Tojeira, enla notificación a la comunidad universitaria, considera muy significativo que lainstalación del Tribunal ocurra al comienzo de la celebración del XX Aniversario dela muerte martirial de nuestros ocho amigos y amigas. Y explica su significado conestas palabras: “Negada la justicia a tanta gente buena que fue simplemente masacrada ysepultada en el olvido por la ley de amnistía, creemos que nuestra sociedad tienetodavía la cuenta pendiente de llevar adelante el proceso de verdad, justicia,
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