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Rubén Dittus:
La crítica y los intelectuales.
Documento de trabajo. Escuela de Periodismo UCSC, 2009.
La Crítica y los Intelectuales
Rubén Dittus B.
rdittus@ucsc.cl
Crítica
Del griego
krisis
y
kritikós
; en latín
criticus
, capaz de discernir;proveniente del verbo
krínein
–separar, decidir, juzgar-; de raízindoeuropea
krei
–discriminar, distinguir. Emparentado con lasexpresiones latinas
cerno
, que significa separar (dis-cernir), y
cribrum
-crimen, juicio y acusación.
Intelectuales
“Los privilegiados promueven intereses especiales,pero los intelectuales deberían ser los primeros encuestionar el nacionalismo patriótico, el pensamientocorporativo y el sentimiento de superioridad clasista,racial o sexual”
(Edward W. Said, 2007: 15)
1. 1. De la Crítica de la Cultura a la Crítica Cultural
Cuando se habla de Crítica la referencia obligada es el alcance teóricoacerca del femeno de la Cultura. Prácticas sociales, representaciónsimbólica, sistema social o identidad colectiva son algunas asociacionesconceptuales que han servido para definir una aproximación a la Cultura comoobjeto de reflexn y estudio. Se trata, a todas luces, de una imagenpolicémica, acomodaticia, flexible, manipulable y multifacética que ha sidoapropiación de filósofos, sociólogos, antropólogos, politólogos y literatos. Ymuchos de ellos nutren su acercamiento desde una voz que pone en evidenciasu rasgo como espacio de conflicto y lucha social. La cultura como estación deservicio al sistema social y sus esfuerzos por mantener el modelo dominante yasegurando la identidad consigo mismo (Bauman, 2002) o su relación con lapolítica imperialista (Said, 1995) son algunas referencias recientes que lamarcan como un conflictivo lugar de dominación. Están, además, las visioness clásicas que la ubican como ntoma del avance de la modernidad(Raymond Williams, 1982), como un círculo cerrado y autosuficiente (TalcottParsons, 1951) o como expresión del capitalismo burgués en la creación delhombre y la sociedad unidimensional “donde todo se integra en el sistema y el
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La crítica y los intelectuales.
Documento de trabajo. Escuela de Periodismo UCSC, 2009.
sistema lo es todo(Marcuse, 1967). Este último se identifica con elpensamiento crítico-dialéctico de la llamada Escuela de Frankfurt, círculo defilósofos-investigadores alemanes que sentó las bases de la moderna TeoríaCrítica durante la pre y posguerra.No es accidental que Herbert Marcuse haya pertenecido al mítico Círculode Frankfurt. La visión crítica de aquel comulga junto a Horkheimer, Adorno,Benjamin y Lowenthal en lo que se ha definido como el cuestionamiento a lasdicotomías convalidadas por el modo de producción burgués, y que el propioMarcuse demarca en su célebre artículo “Acerca del carácter afirmativo de lacultura”. Allí, el autor pone las bases del pensamiento crítico negativo y queadopta la tesis de la no aceptación de la realidad que contrastamos paracomprenderla. “Comprender es repudiar” sería la máxima de la Teoría Críticade Frankfurt, en el entendido que la capacidad de negación y pesimismo de lacrítica de estos autores es una forma de provocación (Castellet, 1971). En elentendido que el pensamiento no puede dejar de ser crítico, se asume comonegación hacia la predeterminación: el camino más corto hacia la utopía orealidad posible. “El poderío del pensamiento crítico -dice Marcuse en elprefacio de
Ran y revolución
(1960)- es el impulso del pensamientodialéctico usado como instrumento para analizar el mundo de los hechos desdeel punto de vista de su inadecuación (...) En la ecuación:razón=verdad=realidad, que asocia el mundo subjetivo y el objetivo en unaunidad antagónica, la razón es la fuerza subversiva; es la fuerza de lo negativoque establece la verdad para los hombres y para las cosas (...), o sea, que fijalas condiciones a través de las cuales hombres y cosas pueden transformarseen lo que realmente son”.La crítica marcuseana no admite debilidades. Rehúsa ser unpensamiento positivo o capacitado para proponer soluciones. Ello trastocaría laesencia de la crítica: su inadecuación con el sistema dominante, con la cultura.De ahí su rasgo dialéctico. Su protesta es en contra de la realidad reificada,máximo valor de la cultura; es decir, lo que se acepta, admite y defiende delestado simbólico existente. Esa preocuación, sin embargo, no era nueva parael círculo intelectual europeo. Marcuse identifica el inicio de la teoría crítica enla filosofía de los años '30 cuando los pensadores comenzaron a vincular “lapreocupación por la felicidad del hombre y el convencimiento de que estafelicidad es lo alcanzable mediante una modificación de las relacionesmateriales de la existencia” (Marcuse, 1967). A partir de altodo elplanteamiento frankfurtiano se resume en una compleja teoría delconocimiento. En ella, el “hombre culturalescondicionado por susrelaciones materiales y estructurales, tal como ya lo publicara Karl Marx en
Contribución a la crítica de la Economía Potica
. La formación desuperestructuras inconscientes en la cultura de masas y la consiguientedesaparición del yo individual adquiere la forma de aparatos ideológicos(Althusser, 1975) cuando se reconocen en aquella mecanismos que incentivanprocesos de producción y distribución del capitalismo burgués, y que hantransformado el conocimiento y la conciencia colectiva. Y es que elpensamiento crítico no puede prescindir de la obra de Marx y sus seguidores. Apesar de ello, la Escuela de Frankfurt –en cuanto proyecto de crítica radical y
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no mero círculo académico- fue capaz de superar la adhesión al marxismocomo instrumento de crítica revolucionaria a través de la subversión y laaccn. La distancia asumida entre teóricos y dogticos del marxismoeuropeo, su incapacidad para enfrentar el capitalismo dominante y la derrotadel movimiento revolucionario marcaron fuertemente la Teoría Crítica.En medio de un adverso clima intelectual, Marcuse, Adorno y Horkheimerdebieron definirse. No se trataba, entones de una lucha en contra del sistemacapitalista, sino de elaborar una teoría de la acción social e histórica; es decir,asumir una perspectiva retrospectiva sobre los abusos del conocimiento.Horkheimer fue el más enfático en este punto. El marxismo, tal como él locomprendía, no es la teorización de certezas para la lucha revolucionaria sinouna manera de identificar los obstáculos que hay que enfrentar y lo atolladerosa los que hay que renunciar para explorar lo desconocido. “La teoría no debesaber de antemano lo que va a descubrir sobre sí misma y sobre su modo deproducción (y de inserción en la realidad social): debe ser humilde y modestaen su ambición de conocimiento”, parafrasea Jean-Marie Vincent (2002: 73)refiriéndose a la postura crítica frankfurteana. Esa negativa de comprender larevolución-acción como el camino más adecuado lleva a replantear el ordensocial moderno y sus nuevos fetiches. El concepto clásico de Cultura entra enchoque con un joven modelo de sociedad, al que Adorno y Horkheimerllamarán “Pseudocultura”. Se trata de una cultura altamente industrializada enque la cultura clásica racional cede espacio para una subjetividad social concomponentes irracionales e impulsivos promovidos por los medios decomunicación y la publicidad. Esta nueva estructura simbólica era el mejoraliado para el capitalismo en su lucha por evitar el pensamiento y la crítica. Así,la Teoría Crítica alemana centra su reflexión sobre un sujeto alienado por lainyección de los contenidos y mensajes de tal cultura.“En el estado actual de su desarrollo la teoría crítica muestra una vezmás su carácter constructivo. Siempre ha sido algo más que unsimple registro y sistematización de hechos; su impulso provieneprecisamente de la fuerza con que habla en contra de los hechos,mostrando las posibilidades de mejora frente a una mala situaciónctica. Al igual que la filosoa, la teoría crítica se opone alpositivismo satisfecho. Pero, a diferencia de la filosofía, fija siempresus objetivos a partir de las tendencias existentes en el procesosocial. Por esta razón no teme ser calificada de utópica, acusaciónque suele lanzarse contra el nuevo orden” (Marcuse, 1967: 85-86).Es en este contexto teórico donde Horkheimer y Adorno acuñan laexpresión “Industria Cultural
 
en 1947. En ella, los medios masivos semuestran represivos, convirtiendo la crítica al capitalismo en algo más que unamera discusn intelectual. La pasividad y la rdida de autonoa eindividualidad muestran al hombre moderno como atomizado y parte de unmundo automático, racionalizado y totalmente manejado. La comparación conel Estado fascista no se hizo esperar, identificando la industria cultural comouna industria de la conciencia. La tesis es que aquella afecta el nivel psíquicode las personas. En lugar de desarrollar la capacidad crítica, los medios
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