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Roth Philip - El Mal de Portnoy

Roth Philip - El Mal de Portnoy

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Published by Andrés García

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10/27/2013

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EL MAL DE PORTNOY
 Biblioteca Formentor Nº0
 Título Original:
 Portnoy's complaint 
Traductor: RamónBuenaventura Autor: Roth, Philip ©2007, Seix BarralColección: Biblioteca Formentor ISBN: 9788432228230Generado con: QualityEPUB v0.21 Corregido: Oskiu,26/04/2011
EL PERSONAJE MÁS INOLVIDABLE QUE HE CONOCIDO
 
 La llevaba tan incrustada en la conciencia, que, al parecer, mepasé el primer año de colegio convencido de que todas y cadauna de mis profesoras eran mi madre disfrazada. Echaba acorrer en cuanto sonaba el timbre de salida, e iba todo el caminopreguntándome si llegaría a casa con tiempo para pillar a mimadre antes de que volviera a transformarse. Pero siempre,invariablemente, la encontraba ya en la cocina, poniéndome elvaso de leche con galletas. Su proeza, sin embargo, en lugar deempujarme a renunciar al engaño, lo que hacía era intensificarel respeto que me inspiraban sus poderes. Y, también, el hechode no sorprenderla entre encarnación y encarnación venía asuponer un alivio, de todas formas, aunque yo nunca cejara en elintento. Me constaba que mi padre y mi hermana no estaban alcabo de la calle en lo tocante a la verdadera naturaleza de mimadre, y que la carga de culpabilidad que, imaginaba yo, me ibaa caer sobre los hombros en caso de que alguna vez la pillasedescuidada era más de lo que estaba dispuesto a aguantar a miscinco años. Llegué incluso a temer, creo, que alguien no tendríamás remedio que desembarazarse de mí si alguna vez llegaba averla entrar volando por la ventana del dormitorio,directamente desde el colegio, o salir —miembro por miembro— del estado de invisibilidad, para ponerse el delantal. Ni que decirtiene que cuando me pedía que le describiese con todo detalle midía preescolar, lo hacía escrupulosamente. No pretendíacomprender su ubicuidad en todo su alcance, pero había algoindiscutible: la cosa estaba relacionada con su deseo de sabercómo me portaba yo, qué clase de niño era cuando creía que mimadre no estaba delante. Una consecuencia de esta fantasía, queperduró (en esta forma concreta) hasta el primer grado, fue que,ante el convencimiento de que no tenía elección, me hicehonrado. Ah, y brillante. De mi hermana mayor, cetrina ypasada de kilos, mi madre decía (en presencia de Hannah, claroestá: también ella se caracterizaba por su honradez): «La chicano es ningún genio, pero no pidamos imposibles. Dios la

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