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Robert Dick Wilson: el hombre que aprendió 45 idiomas y dialectos para defender el Antiguo Testamento

Robert Dick Wilson: el hombre que aprendió 45 idiomas y dialectos para defender el Antiguo Testamento

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Published by: J. Enrique Cáceres-Arrieta on Apr 29, 2009
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Robert Dick Wilson:
El hombre que llegó adominar 45 idiomas y dialectos
 Josh D. McDowell y Don Stewart
 
La historia del doctor Robert Dick Wilson [1856-1930] es un testimonioextraordinario de lo digna de confianza que es la Biblia. La erudición deWilson, todavía no superada en muchos sentidos, le dio al mundo unaevidencia irrefutable de que el Antiguo Testamento es un documentopreciso y digno de confianza. Robert Dick Willson nacen 1856 enPennsylvania. En 1886 recibió el grado de doctor. Siguió sus estudios enel seminario teológico Western en Pittsburgh, seguidosde dos años enAlemania en la Universidad de Berlín.A su llegada a Alemania, el profesor Wilson tomó la decisión de dedicarsu vida al estudio del Antiguo Testamento. Relata así su decisión: “Teníayo veinticinco os en aquel entonces, y cra, de acuerdo con laduración de la vida de mis antepasados, que llegaría a los setenta; portanto, me quedarían cuarenta y cinco os para trabajar. Dividí eseperíodo en tres partes: Los primeros quince años los dedicaría al estudiode los idiomas necesarios. Los segundos quince años los dedicaría alestudio del texto del Antiguo Testamento; y reservé los últimos quinceos para el trabajo de escribir los resultados de mis estudios einvestigaciones previos, y darlos al mundo”. Los planes del doctor Wilsonse realizaron casi con la exactitud de su proyecto, y sus logrosacadémicos fueron verdaderamente maravillosos.Cuando era seminarista, leía el Nuevo Testamento en nueve idiomasdiferentes, incluso una traducción hebrea que él había memorizadolaba por laba. Wilson tambn aprendió de memoria extensasporciones del Antiguo Testamento en su original hebreo. Aunque parezcaincreíble, Robert Dick Wilson dominaba 45 idiomas y dialectos. El doctor John Walvoord, rector del Seminario Teológico de Dallas, dijo que el Dr.
 
Wilson era “probablemente la mayor autoridad en los idiomas antiguosdel Oriente Medio”.El doctor Wilson comentaba sobre sus logros de erudito, al relatar porqué se dedia una tarea tan monumental. “La mayoría de nuestrosestudiantes solía ir a Alemania y oír a profesores que daban conferenciasque eran el resultado de sus propios esfuerzos. Los estudiantesaceptaban todo, porque el profesor lo decía. Yo fui allí a estudiar, paraque no hubiera ningún profesor sobre la faz de la Tierra que seconvirtiera en autoridad para mí, ni dijera nada sin que yo pudierainvestigar las evidencias que lo sustentaban”. [Suena presuntuosa laactitud de Wilson, pero es lo correcto y mejor si de veras queremossaber la verdad por nosotros mismos, no porque alguien nos lacomunique]“Considero que, para investigar las evidencias, era necesario, primeroque todo, conocer los idiomas en los cuales se daban las evidencias.Entonces tola decisión de aprender todos los idiomas que meayudaran a entender mejor el hebreo, y también los idiomas a los cualesse hubiera traducido la
Biblia
hasta el o 600 d. C., para poderinvestigar el texto yo mismo”.“Después de hacer esto, me considero un experto. Reto a cualquierpersona a hacer un ataque al
 Antiguo Testamento
, fundado en unaevidencia que yo no pueda investigar. Puedo obtener toda lainformación, si es lingüística. Si esa persona sabe un idioma que yo nosé, lo aprenderé”.Wilson desafiaba a otros que se llamaban “expertos” en el Antiguo Testamento, demandando que probaran sus conocimientos antes dehacer declaraciones en cuanto a su historia y texto. [Eso suena a desafíopara aquellos críticos radicales que se basan solo en las críticas yresentimientos de otros detractores de la Biblia sin ser expertos, sinosiendo meros filósofos resentidos] “Si se dice que un hombre es experto,lo primero que hay que hacer es establecer que realmente lo es. Unexperto puede valer s que otro millón de testigos [o críticosproselitistas] que no lo sean. Antes que un hombre tenga el derecho dehablar de la historia, el idioma y la paleografía del Antiguo Testamento,la Iglesia cristiana tiene el derecho de exigir que tal experto demuestresu capacidad para hacerlo”. [Huy, huy, huy. Eso sí que es un regaño a loscriticastros de la Biblia]
 
El doctor Wilson cumplió con su propio desafío. Durante cuarenta y seisaños [yo apenas llevo 30 como simple lector y estudiante de la Biblia],se dedia la gran tarea de estudiar el Antiguo Testamento,investigando con cuidado las evidencias de que era históricamentedigno de confianza. Apoyado en sus credenciales, estaba en unaposición mejor para hablar como experto, que ninguna otra persona. [Osea, toca r y escuchar lo que este hombre tiene que decir] Losresultados de sus investigaciones lo llevaron a la firme convicción deque “en el Antgiuo Testamento tenemos un relato histórico verdadero dela historia del pueblo israelita”. [De ahí que haya podido escribir la obraA Scientific Investigation of the Old Testament)Como profesor en Princeton, el doctor Wilson ganó fama internacional deser erudito y defensor de la fe cristiana histórica. El interés principal delprofesor Wilson en su enseñanza fue dar a sus estudiantes “una fe taninteligente en las Escrituras del Antiguo Testamento, que nunca dudarande ellas en toda su vida”. Trató de demostrarles que hay bases lógicaspara creer en la historia del Antiguo Testamento.[Por el lado del Nuevo Testamento, me citaré para cerrar: “El desafíode Julius Müellertodavía está en pie. En 1844, el teólogo alemán desafióa cualquiera a que encontrara un solo ejemplo de desarrollo legendariotemprano en cualquier parte de la historia narrada por los evangelistas;la respuesta de los eruditos de ese tiempo y de la actualidad fue y es unsilencio sepulcral. ¿Por qué será? Porque no lo hay.Más aún, yo también desafío a los críticos a que demuestren que Jesúsde Nazaret no resucitó corporalmente de los muertos. Y que, por ende,lo que me sucedió a inicios de 1979 y pasa cada vez que le alabo, adoroe invoco Su Nombre no es real. Créeme que si alguien lo logra, dejo deser cristiano y de escribir sobre el Señor Jesucristo y me dedico a otrosmenesteres, pues ya no valdría la pena seguir hablando y escribiendo dealgo que es una colosal mentira, si en verdad Cristo no resucitó.Recordemos que cuestionar no es rebatir. Y los criticastros del
Evangelio
no han podido ni podrán refutar los hechos sucedidos enespacio y tiempo reales en la persona del Cristo resucitado por muyvehemente que sea el deseo y la fanfarria”.][Transcrito del libro Respuestas a preguntas difíciles de Josh McDowell yDon Stewart, EE. UU. Editorial Vida, pp. 3, 4. 1985]

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