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2dilatadas vidas era diferente, coincidiendo muy poco con lo que ahora cadauno observaba en sus respectivas casas y ambientes más próximos.Eustaquio un veterano ferroviario jubilado decía:–
No se parecen en nada la celebración de estos días ni los olores, ni los sabores, ni las formas, ni los sonidos
-, extremo que también corroboraba Juan, un artista en su tiempo de lalinotipia, quien decía:–
Hoy con tanta tecnología en las cocinas, los congelados, precocinados y tanta receta maravillosa, ya no se distinguen los guisos de la Navidad de los del resto del año, por lo que el encanto y la sorpresa de los menús de estos días ya no es lo mismo
- y Daniel hombre afablepero serio, pues había trabajado toda su vida en una Notaría afirmaba:–
Hoy no hay nada comparable respecto los regalos cómo la maravilla que representaba un caja de mazapán artísticamente decorada que motivaba que se valorase más el continente que el contenido, al igual que el sonido que para alegrar la fiesta emitía de manera tan singular el rasgado de una botella de anís con un objeto metálico
– y de ésta forma todos acababancoincidiendo que ya no es lo mismo.Mientras Ernesto regresaba a casa acompañado de Jacinto, una bellísimapersona y un verdadero amigo, al cual la vida no le había tratado de unaforma justa considerando su extraordinaria calidad cómo persona, hecho querealmente se produce con demasiada frecuencia, comentaban los diferentesaspectos del contenido de la tertulia a la que ambos acababan de asistir y sibien los dos coincidían que ya no es lo mismo, Jacinto le hacía saber a suamigo y también su mejor confidente:–
Cómo habrás observado no he participado mucho en la conversación pues de sobra sabes que desde hace mucho tiempo mis preocupaciones son otras y mi ideal e ilusión de éstas Fiesta es otro
-. De sobra sabía Ernesto las dificultades que afrontaba su amigo, puesno desconocía que a pesar de haber sido un gran oficial cerrajero tuvo queacceder a la jubilación después de bastantes años de paro, lo que le habíaoriginado una pensión muy escasa, con la cual se veía obligado a sosteneruna casa en la que convivía con su mujer Eugenia, la cual desde hace tiempopadecía una importante enfermedad crónica, y con el matrimonio formadopor su hija Felisa y el marido de ésta Amalio, el cual a pesar de ser uncualificado electricista no encontraba empleo por su constante afición alalcohol, contando éstos a su vez con una hija especialmente seria y formal,
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