Eustaquio un veterano ferroviario jubilado decía: –
No se parecen en nada lacelebración de estos días ni los olores, ni los sabores, ni las formas, ni lossonidos
-, extremo que también corroboraba Juan, un artista en su tiempo dela linotipia, quien decía: –
Hoy con tanta tecnología en las cocinas, loscongelados, precocinados y tanta receta maravillosa, ya no se distinguenlos guisos de la Navidad de los del resto del año, por lo que el encanto y lasorpresa de los menús de estos días ya no es lo mismo
- y Daniel hombreafable pero serio, pues había trabajado toda su vida en una Notaríaafirmaba: –
Hoy no hay nada comparable respecto los regalos cómo lamaravilla que representaba un caja de mazapán artísticamente decoradaque motivaba que se valorase más el continente que el contenido, al igualque el sonido que para alegrar la fiesta emitía de manera tan singular elrasgado de una botella de anís con un objeto metálico
– y de ésta formatodos acababan coincidiendo que ya no es lo mismo.Mientras Ernesto regresaba a casa acompañado de Jacinto, una bellísimapersona y un verdadero amigo, al cual la vida no le había tratado de unaforma justa considerando su extraordinaria calidad cómo persona, hechoque realmente se produce con demasiada frecuencia, comentaban losdiferentes aspectos del contenido de la tertulia a la que ambos acababan deasistir y si bien los dos coincidían que ya no es lo mismo, Jacinto le hacíasaber a su amigo y también su mejor confidente: –
Cómo habrás observadono he participado mucho en la conversación pues de sobra sabes que desdehace mucho tiempo mis preocupaciones son otras y mi ideal e ilusión deéstas Fiesta es otro
- . De sobra sabía Ernesto las dificultades que afrontabasu amigo, pues no desconocía que a pesar de haber sido un gran oficialcerrajero tuvo que acceder a la jubilación después de bastantes años deparo, lo que le había originado una pensión muy escasa, con la cual se veíaobligado a sostener una casa en la que convivía con su mujer Eugenia, lacual desde hace tiempo padecía una importante enfermedad crónica, y conel matrimonio formado por su hija Felisa y el marido de ésta Amalio, el cuala pesar de ser un cualificado electricista no encontraba empleo por suconstante afición al alcohol, contando éstos a su vez con una hijaespecialmente seria y formal, pero que a pesar de haber sido una buenaestudiante y hallarse bastante bien preparada no acababa de encontrarempleo.Mientras Ernesto comía compartiendo la mesa con Paco y Encarna, así comocon sus nietos los hijos de éstos, Elisa de 18 años y Andrés de 15, noconseguía quitarse de la cabeza los problemas y dificultades de suentrañable amigo Jacinto, y mientras en la mesa el motivo de la
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