ENDE, MICHAEL LA PRISIÓN DE LA LIBERTAD
La Meta De Un Largo Viaje
Con ocho años Cyril conocía todos los hoteles de lujo del continente europeo y lamayoría de los del Próximo Oriente, pero más allá de esto no sabía prácticamente nadadel mundo. El portero con librea que en todas partes llevaba las mismas imponentes patillas y la misma gorra de visera era, por así decir, el policía de fronteras y el guardiánde su infancia.El padre de Cyril, lord Basil Abercomby, era miembro del servicio diplomático de sumajestad la reina Victoria. La sección en la que trabajaba era difícil de definir: sededicaba a los así llamados asuntos especiales. En cualquier caso obligaba al lord adesplazarse constantemente de una gran ciudad a otra, sin permanecer nunca más de unmes o dos en el mismo sitio. Por necesidades de su movilidad empleaba el menor número posible de personas a su servicio. Entre ellas se hallaban, en primer lugar, suayuda de cámara Henry, Miss Twiggle, la institutriz, una señorita madura con dientes decaballo que tenía por obligación atender a Cyril y enseñarle buenos modales, y por finMr. Ashley, un joven demacrado y descolorido, si se prescinde de su afición aemborracharse durante sus horas de ocio en soledad y ensimismamiento totales. Mr.Ashley servía a lord Abercomby de secretario privado y al mismo tiempo ocupaba elcargo de tutor, es decir, de profesor particular de Cyril. El interés paternal de lord Basilse agotaba en la contratación de estas dos personas. Una vez por semana cenaba a solascon su hijo, pero como ambos no tenían otro empeño que no permitir que el otro se leacercara demasiado, la conversación se arrastraba más bien con dificultad. Al final padre e hijo se sentían igualmente aliviados de que, una vez más, hubieran superado elencuentro.Cyril, ya por su aspecto, no se trataba de un niño que despertase simpatías. Su figura eradesgarbada -lo que en general sólo se dice de personas mayores-, tenía una constituciónhuesuda, desprovista de carne, pelo pajizo, incoloro, ojos acuosos algo protuberantes,labios gruesos que expresaban descontento y una barbilla extraordinariamente larga. Lomás curioso, sin embargo, en un muchacho de su edad era la total ausencia demovimiento en el rostro. Lo llevaba como una máscara. La mayoría de los empleadosde los hoteles le consideraban arrogante. Algunos -sobre todo las camareras en paísesmediterráneos- temían su mirada y evitaban encontrarse a solas con él.Eso era naturalmente una exageración, pero no obstante había algo en el carácter deCyril que todos los que le trataban notaban y que a todos asustaba: su excesiva fuerza devoluntad. Por fortuna ésta sólo se manifestaba de vez en cuando, pues en general Cyrilactuaba con indolencia, no demostraba ningún interés concreto y parecía carecer totalmente de temperamento. Podía pasarse días enteros en el hall del hotel observandoa los clientes que llegaban o partían, o leyendo lo que encontraba a mano, ya fuera el periódico financiero o la guía para los baños termales, cuyo contenido olvidaba en elacto. Su actitud arrogante cambiaba radicalmente cuando tomaba una determinación.Entonces no había nada en el mundo que le distrajera de su objetivo. La cortesíadistante con la que solía manifestar sus deseos no admitía contradicción. Si alguienintentaba oponerse a sus órdenes alzaba con asombro las cejas y no sólo Miss Twiggle oMr. Ashley, sino también el venerable y veterano Henry obedecían inmediatamente.- 3 -
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