cotidiano.Entre Protegedme de lo que deseo (1997) y Haberos quedadoen casa, capullos (2000), García exploró un territorio tenebrosoy excitante, que resultaba de la superposición de unasfantasías producidas por la deformación exagerada de larealidad y la acumulación de fragmentos extraídos de mundosreales pero habitualmente ocultos o suavizados por laconvención y las imágenes. La consigna parecía ser: "ensuciarla escena, ensuciar el texto". En Conocer gente, comer mierda(1999), los actores iniciaban el espectáculo leyendo un librocon la boca constantemente llena de patatas fritas. La bocasirve para hablar, pero también para comer: ¿por qué nosuperponer ambas funciones? El resultado es la contaminaciónorgánica del texto. Y en efecto da la impresión de que lostextos de García se han ido dejando penetrar por el vino, lacomida, la carne, la materia tanto como por la realidad, eldeseo y la memoria. Lo que en Notas de cocina aún era unaalternancia de secuencias verbales y secuencias plásticas omusicales, en los siguientes espectáculos empezaba serpercibido como un todo, un todo revuelto, sin duda, donde lasreferencias poéticas y artísticas se montaban sobre actos deviolencia y pirámides pornográficas, donde muñequitosanimados compartían la escena con dos enanos mientras alfondo los actores se apretaban en una pequeña caseta paraentregarse a todo tipo de excesos sexuales y gastronómicos,donde la tortura lúdica alternaba con la ociosidad o laelaboración de manifiestos en defensa de la vida, donde lamúsica de Schönberg o Beethoven sonaba al mismo nivel quelas canciones populares y los aullidos de los intérpretes yservía de fondo a acciones brutales, escatológicas oirritantemente cotidianas, donde la violencia contra losmuñecos parecía más soportable que la violencia contra loshumanos, donde una película porno merecía la misma atenciónque un texto de Borges y una película de Hitchcock podía serreducida a una historieta contada con la ayuda de unostomates, un tocadiscos, una sartén y unos clavos produciendoel mismo efecto que una especie de culebrón escatológico enque las aficiones sexuales y los procesos orgánicos de susprotagonistas eran representados con ayuda de unas bragas,unas uvas, unos plátanos y unas cuantos fluidos comestibles(leche, pasta de cacao, salsa de tomate)...Lo monstruoso aparece de forma espontánea allí donde loorgánico se ve privado de límites. Al igual que David Lynch oCindy Sherman, García recurre a "lo abyecto" con la intención
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