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 Texto: Rodrigo García y La Carnicería TeatroAutor : Sánchez, José A.Año de publicación : 2006Página:www.artesescenicas.uclm.esRodrigo García asumió desde el inicio de su carreradramatúrgica la puesta en escena de casi todos sus textos conuna compañía fundada por él mismo: La Carnicería. Ya en1989, a propósito del estreno de Acera derecha, Garcíamostraba su alergia al espectáculo construido de acuerdo a loscódigos convencionales y su convencimiento de que el formatoespectacular era inadecuado para vehicular una propuestaartística.Por obra de arte yo entiendo la capacidad de poner enmovimiento ciertas vivencias atendiendo-me en mi totalidad. / Y sería risible intentarlo desde el espectáculo. / Porque nopuedo hacer efectivo mi-adentro embalado en convencionesque existen sin mí. / Aislantes. / Busco entonces qué hay en elteatro (entre todo eso que llamo el sin-mí) tan importante parareconocerlo como vado. / Es el hombre, concluyo. / El vadoentonces se me impone como carne, fantasía, química,tensión, venas, sentimiento, miserias, lenguaje, afasia. / De latensión entre lo que llamo mi-adentro y la convención es dedonde surgirán, sangrantes, formas nunca-adecuadas, siempremás o menos mutiladas." (García, 1990: 7-8)El texto tiene algo de programático, ya que la búsqueda delarte y del hombre conducirán a García a la experimentación dediversos modos de romper el formato teatral y desprendersede las hipotecas de la construcción dramática. En sus primerastentativas, García recurrió a la descomposición textual y lapráctica de una dramaturgia heredera de Beckett, que se ibaaproximando a la de Müller, sin por ello despreciar otrasinfluencias extradramáticas (Borges, Cortázar). En el programade Prometeo, el dramaturgo describía su tarea como unareconstrucción, "montaje y desmontaje de la memoria",fragmentos, imágenes interrumpidas: "Recortes de periódico.Pedazos de tela. Manchas en la ropa. Cicatrices en el cuerpo.Arrugas nuevas. Une los fragmentitos con precisión. Hazlopoco a poco. Y descansa."
 
El despiece y reconstitución verbal de la vivencia era confiadoa unos actores que apenas se movían, inmersos endispositivos visuales (en algunos casos directamenteapropiados de artistas como Bruce Nauman o Jenny Holzer)que asumían la tarea de otorgar dimensión plástica a unapropuesta que no quería ser entendida como espectacular,sino invitación al espectador para la elaboración de una lecturaselectiva y singular de los materiales.Lo físico, no obstante, siempre estuvo presente en el trabajode García. El dolor y la tortura aparecían en Prometeo comoimágenes o referencias: la galería de cuadros dedicados almartirio de San Sebastián, la instalación de sacos de boxeo ola mención a Frank "el animal" Fletcher, ex-boxeador de pesomedio quien, al parecer, confesó: "Detesto decirlo, pero esverdad. Cuando llega el dolor es cuando más me gusta". Y enEl Dinero (1994) lo violento se asociaba a lo sexual en unaserie de poses eróticas y acciones agresivas (a vecespretendidos ejercicios de tortura) por parte de los actores (encontraste con la presencia de los ositos de peluche y lareferencia constante al dinero).La dimensión corporal de la escritura de García se manifestósiempre también a través de la utilización de la comida y labebida en sus espectáculos. Las instalaciones de copas devino, repetidas en diversas puestas en escena, desdePrometeo hasta Conocer, gente comer mierda, se completaroncon el recurso a productos comestibles a partir de Notas decocina (1995), un trabajo que marcó una inflexión en latrayectoria de La Carnicería y que abrió un período debúsqueda en que la presencia de lo orgánico adquirió cada vezmayor peso.Su propuesta estaba muy próxima entonces de losespectáculos acumulativos propuestos por creadores comoElizabeth LeCompte con el Wooster Group o Reza Abdoh conDar a Luz, quienes recurrían a la elaboración de redestextuales en las que se iban adhiriendo materiales de muydiversa procedencia, incluidas secuencias que tenían comoobjetivo primario afectar sensorialmente al espectador ydesestructurar sus mecanismos perceptivos. Pero García,consecuente con su proyecto antiespectacular, se alejóconscientemente de ese equilibrio y en los años siguientestrató de cargar las tintas sobre lo brutal, en un intento deaproximarse a lo real por medio de la destrucción, laimaginación desenfrenada, el desprecio y la poesía de lo
 
cotidiano.Entre Protegedme de lo que deseo (1997) y Haberos quedadoen casa, capullos (2000), García exploró un territorio tenebrosoy excitante, que resultaba de la superposición de unasfantasías producidas por la deformación exagerada de larealidad y la acumulación de fragmentos extraídos de mundosreales pero habitualmente ocultos o suavizados por laconvención y las imágenes. La consigna parecía ser: "ensuciarla escena, ensuciar el texto". En Conocer gente, comer mierda(1999), los actores iniciaban el espectáculo leyendo un librocon la boca constantemente llena de patatas fritas. La bocasirve para hablar, pero también para comer: ¿por qué nosuperponer ambas funciones? El resultado es la contaminaciónorgánica del texto. Y en efecto da la impresión de que lostextos de García se han ido dejando penetrar por el vino, lacomida, la carne, la materia tanto como por la realidad, eldeseo y la memoria. Lo que en Notas de cocina aún era unaalternancia de secuencias verbales y secuencias plásticas omusicales, en los siguientes espectáculos empezaba serpercibido como un todo, un todo revuelto, sin duda, donde lasreferencias poéticas y artísticas se montaban sobre actos deviolencia y pirámides pornográficas, donde muñequitosanimados compartían la escena con dos enanos mientras alfondo los actores se apretaban en una pequeña caseta paraentregarse a todo tipo de excesos sexuales y gastronómicos,donde la tortura lúdica alternaba con la ociosidad o laelaboración de manifiestos en defensa de la vida, donde lamúsica de Schönberg o Beethoven sonaba al mismo nivel quelas canciones populares y los aullidos de los intérpretes yservía de fondo a acciones brutales, escatológicas oirritantemente cotidianas, donde la violencia contra losmuñecos parecía más soportable que la violencia contra loshumanos, donde una película porno merecía la misma atenciónque un texto de Borges y una película de Hitchcock podía serreducida a una historieta contada con la ayuda de unostomates, un tocadiscos, una sartén y unos clavos produciendoel mismo efecto que una especie de culebrón escatológico enque las aficiones sexuales y los procesos orgánicos de susprotagonistas eran representados con ayuda de unas bragas,unas uvas, unos plátanos y unas cuantos fluidos comestibles(leche, pasta de cacao, salsa de tomate)...Lo monstruoso aparece de forma espontánea allí donde loorgánico se ve privado de límites. Al igual que David Lynch oCindy Sherman, García recurre a "lo abyecto" con la intención
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