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Kybalion

Kybalion

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02/09/2014

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Prólogo
 Nos produce mucho placer el tener la posibilidad de presentar este trabajo para la considera-ción de los estudiosos e investigadores de las Doctrinas Sagradas, así entregamos esta obra basa-da en las antiguas enseñanzas herméticas. Muy poco se ha escrito sobre este tema, a pesar de lasreferencias innumerables acerca de las enseñanzas que aparecen en muchas obras sobre ocultis-mo. Sin duda, los investigadores de las verdades arcanas darán la bienvenida a la aparición del presente libro. No es el propósito de este volumen la enunciación de una filosofía o doctrina particular, más bien se intenta dar a los estudiantes una exégesis de la verdad que servirá para conciliar los dis-tintos tópicos de los conocimientos ocultos que ya hayan sido vistos, pero que en apariencia pue-den resultarles opuestos y paradojales, hecho que usualmente suele desanimar y disgustar al prin-cipiante. De manera que no es nuestra intención elevar un templo nuevo de la sabiduría, sinoofrecer al investigador una llave maestra con la que sea posible abrir las innumerables puertas in-ternas que guían al Templo del Misterio. No hay otro conocimiento oculto que haya sido guardado con tanto celo como lo fueron losfragmentos de la enseñanza hermética, estos que nos han sido legados a través de los siglos trans-curridos, desde la época de su gran fundador, Hermes Trimegistus, “el escriba de los dioses”,quien falleció en Egipto cuando recién era la infancia del hombre presente. Contemporáneo deAbraham y, si las leyendas son ciertas, maestro de ese sabio venerable, Hermes fue y es el gransol capital del ocultismo y sus rayos han alumbrado los innumerables conocimientos que han sido promulgados desde sus días. Todos los principios fundantes de la enseñanza esotérica que a laraza han sido impartidos en distintos momentos son, esencialmente, originados por aquellos prin-cipios ya formulados por Hermes. Incluso las antiquísimas doctrinas hindúes han tenido sus raí-ces en las enseñanzas herméticas.Muchos avanzados ocultistas viajaron desde la tierra del Ganges hasta Egipto para sentarse alos pies del maestro. Obtuvieron de él la llave maestra que al mismo tiempo explicaba y concilia- ba los puntos de vista diferentes, y así se estableció firmemente la doctrina secreta. De distintos puntos de la tierra llegaron instruidos y principiantes que veían en Hermes al maestro de maes-tros, y tan grande fue su influencia que a pesar de las diferentes versiones y divergencias en lasinterpretaciones de los muchos instructores de las distantes tierras, se pueden hallar fácilmenteen sus enseñanzas posteriores los principios fundantes que cimentaban las doctrinas herméticas.Quien se dedique al estudio de las religiones comparadas puede con facilidad detectar la gran in-fluencia que las enseñanzas herméticas han tenido sobre todas las religiones, más allá del nombrecon que hoy se las conozca, sean religiones muertas o actualmente existentes. A pesar de los pun-tos aparentemente contradictorios entre ellas, las analogías se presentan ante nuestros ojos y lasenseñanzas herméticas funcionan como reconciliadoras de las divergencias.El trabajo de Hermes parece haber apuntado más a sembrar la semilla-verdad que ha germina-do y florecido de tantas y tan extrañas maneras que a fundar una escuela filosófica que dominarael pensamiento mundial. A pesar de ello, la verdad original por él enseñada ha sido conservadaintacta en su pureza primigenia gracias a un pequeño número de hombres en cada era, quienes,rechazando numerosos aficionados y seguidores poco desarrollados, continuaron el sistema her-mético y reservaron sus conocimientos para aquellos que estuvieran preparados para comprender-lo y dominarlo. De labios a oídos fue el conocimiento transmitido entre estos pocos. Han existidosiempre en cada generación y en los diferentes rincones de la tierra algunos iniciados que mantu-vieron viva la llama sagrada de las enseñanzas herméticas, siempre deseosos de utilizar esas lám- paras para alumbrar las lámparas menores del mundo externo, cuando la luz de la verdad se en-sombrece o nubla por la negligencia o cuando su mecha se ensucia con materias extrañas. Siem- pre han existido esos pocos que guardaron el altar de la verdad, sobre el que conservaron ardien-do siempre la lámpara eterna de la sabiduría.
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Estos hombres dedicaron sus vidas a ese servicio de amor que tan bien el poeta ha descripto ensus versos:“¡Oh, no dejes morir la llama! Era tras era cobijada en la caverna oscura – en los templos sa-grados cobijada. Alimentada por puros sacerdotes del amor – ¡no dejes morir la llama!”Esos hombres nunca buscaron la aprobación popular ni un séquito de seguidores, son indife-rentes a estos gestos ya que saben muy bien qué pocos en cada generación hay que estén listos para recibir la verdad o que serían capaces de reconocerla si se les presentara. Ellos reservan “lacarne para los hombres” mientras que otros dan “leche a los niños” y así conservan las perlas desu sabiduría para los pocos elegidos capaces de distinguir su valor y llevarlas en su corona, envez de darlas a los cerdos que las ultrajarían y ensuciarían en el lodo de sus chiqueros. Pero estoshombres nunca olvidaron los preceptos de Hermes relacionados con la transmisión de las ense-ñanzas a quienes estén preparados para recibirlas. Enseñanza que el Kybalion establece de la si-guiente forma: “Allí donde estén las huellas del maestro, allí donde se abren los oídos de quienestá listo para recibir la enseñanza de par en par”. Y otra vez: “Cuando los oídos son capaces deoír llegan los labios que han de colmarlos con sabiduría”. Aunque su habitual actitud siempre haestado estrictamente de acuerdo con otro aforismo que dice: “Los labios de la sabiduría se hallancerrados, excepto para el oído capaz del entendimiento”.Y son esos oídos incapaces de entender los que han criticado esta actitud de los hermetistas ylos que públicamente se han lamentado de aquellos estudiosos que nunca han expresado clara-mente el espíritu verdadero de sus enseñanzas, que no se ha abierto sin reservas ni reticencias.Sin embargo, con una mirada retrospectiva sobre las páginas de la historia, se demuestra la sabi-duría de los maestros, quienes sabían de la locura que era tratar de enseñar al mundo aquello queéste no deseaba ni estaba listo para recibir. Nunca los hermetistas desearon ser mártires, y por ellohan permanecido retirados, en silencio y sonrientes ante los afanes de ciertos entusiastas que seimaginaban, en su ardorosa admiración, que podían obligar a una raza bárbara a aceptar las ver-dades que solamente es posible comprender después de haber avanzado profundamente a lo largodel sendero.Aún no ha muerto en la tierra el espíritu de persecución. Si se promulgasen públicamente algu-nas enseñanzas herméticas, atraerían sobre sus divulgadores un enorme grito de odio y escarniode las multitudes, las que de nuevo volverían a gritar: ¡crucificad!... ¡crucificad!En esta modesta obra hemos intentado dar una idea de las enseñanzas fundamentales de El Ky- balion, señalando todo aquello que se refiere a los principios funcionales, y dejando al lector eltrabajo de estudiarlos, más que detallarlos nosotros mismos. Si se es un estudiante o discípulo, secomprenderán y podrán aplicarse los principios; de no ser así, el lector deberá desarrollarse yaque de otra forma las enseñanzas herméticas no serán para él más que “palabras, palabras, pala- bras”.Los Tres Iniciados
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Capítulo 1La filosofía hermética
“Excepto para los oídos de la comprensión, los labios de la sabiduría están cerrados”El KybalionDesde el Egipto antiguo nos llegan las enseñanzas esotéricas que han influido tan profunda-mente en las filosofías de todos los pueblos, naciones y razas, durante varios miles de años. Lacuna de la Sabiduría Secreta y de las doctrinas místicas fue Egipto, la tierra de las pirámides y dela Esfinge. A partir de su doctrina secreta todos los pueblos crearon las propias: India, Asiria, Per-sia, Caldea, Media, Japón, China, la Grecia antigua y Roma, y otros países no menos importanteshan creado las suyas a partir de las doctrinas que los Hierofantes y los Maestros de la tierra deIsis solamente transmitían a aquellos que estaban preparados para tomar parte de lo oculto.También fue en el antiguo Egipto donde residían los grandes Adeptos y los Maestros que nadieha sobrepasado desde entonces, y que han sido igualados rara vez en los siglos que se han sucedi-do desde los días del Gran Hermes. La Gran Logia de las hermandades místicas residía en Egipto.Transpusieron las puertas de su templo todos los neófitos que, más tarde, convertidos ya en Adep-tos, Hierofantes y Maestros, se esparcieron por los cuatro rincones de la tierra, llevando con ellosel precioso conocimiento que poseían, ansiosos y deseosos de transferirlo a aquellos que estuvie-ran preparados para recibirlo. Todos los estudiantes del ocultismo reconocen la enorme deuda quetienen para con aquellos Maestros del Egipto.Entre aquellos grandes Adeptos existió aquel al cual los otros nombraron “el Maestro de losMaestros”. Este hombre, si es que puede ser llamado así un ser semejante, moró en Egipto en lamás remota antigüedad. Era conocido como Hermes Trismegisto. Fue el padre de la sabiduríaoculta, el que fundó la astrología y quien descubrió la alquimia. Debido al enorme lapso de tiem- po transcurrido desde entonces, los detalles de su vida se han perdido para la historia. Su fecha denacimiento en Egipto, en la que fue su última encarnación sobre el planeta, hoy en día no se co-noce, pero sin embargo se dijo que fue contemporáneo de las dinastías más antiguas de Egipto,muy anterior a Moisés. Las mayores autoridades lo consideran como un contemporáneo de Abra-ham, e incluso algunas tradiciones judías afirman que Abraham obtuvo del mismo Hermes mu-chos de los conocimientos que poseía.Habiendo pasado muchos años desde su muerte (según la tradición, Hermes vivió trescientosaños), los egipcios lo deificaron bajo el nombre de Tot, uno de sus dioses. Los griegos, años des- pués, también hicieron de él un dios, y lo llamaron “Hermes, dios de la sabiduría”. Tanto griegoscomo egipcios honraron su memoria durante siglos, llamándolo “el inspirado de los dioses”,agregándole su antiguo nombre “Trismegisto”, cuyo significado es “tres veces grande”. HermesTrismegisto fue adorado por todos los países antiguos y su nombre era sinónimo de “fuente de sa- biduría”.Incluso nuestros días utilizamos el término “hermético” en el sentido de “secreto” o “reserva-do”, y esto se debe a que los hermetistas siempre mantuvieron sus enseñanzas en riguroso secre-to. No creían ello en aquello de “echar perlas a los cerdos”, sino que siguieron una especial líneade conducta que indicaba “dar leche a los niños y carne a los hombres”, máximas que son fami-
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