[11]Quizá sorprenda encontrar en una revista de antropología un estu-dio consagrado a un poema francés del siglo
XIX
. Pero la explicación essimple: si un lingüista y un etnólogo juzgaron oportuno unir susesfuerzos para tratar de comprender cómo estaba hecho un soneto deBaudelaire, es porque, independientemente uno de otro, se enfrentaroncon problemas complementarios. En las obras poéticas, el lingüistadistingue estructuras que muestran una analogía sorprendente con lasque el análisis de los mitos revela al etnólogo. Este, por su lado, nopodría ignorar que los mitos no consisten solamente en ajustes concep-tuales: son también obras de arte que suscitan en quienes los escuchan(y en los mismos etnólogos, que los leen en transcripciones) profundasemociones estéticas. ¿No será que ambos problemas constituyen unosolo?Sin duda, el firmante de esta nota liminar opuso a veces el mito ala obra poética (
Antropología estructural
, p. 190), pero quienes se loreprocharon no advirtieron que la noción misma de contraste implica-ba que ante todo ambas formas debían concebirse como términoscomplementarios correspondientes a una misma categoría. El acerca-miento aquí esbozado no desmiente pues el carácter diferencial quehabíamos destacado antes: a saber, que cada obra poética, consideradaaisladamente, contiene en sí misma sus variantes ordenadas sobre uneje que puede representarse como vertical, ya que está formado porniveles superpuestos: fonológico, fonético, sintáctico, prosódico,semántico, etcétera. Mientras tanto el mito puede ser interpretado—por lo menos en el caso límite— sólo en el nivel semántico, y en ese
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